Mujeres reales, Mujeres soñadas

Beatriz Noguera

Regreso al libro después de una semana de ausencia. El marcapáginas de Barnes&Noble sobre la 80. Ya he conocido a Beatriz Noguera, siete días y seis mil kilómetros atrás pude contemplarla a mis anchas a través de la memoria del ya no tan joven De Vere. Quise leer en el avión, pero me quedé profundamente dormido nada más despegar y desperté sobre las costas portuguesas, ya no merecía la pena retomar la lectura y además el azul luminoso invitaba a olfatear la Península, nunca me canso de mirar mi país, recuerdo haberlo pensado así en ese momento y probablemente jamás llegaré a verbalizarlo ante nadie: los viejos y estúpidos complejos. Sigue leyendo

Mujeres reales

Te guste o no

“Decís: Cristo dijo esto y Cristo dijo lo otro… pero ¿qué decís vosotros? Y lo que decís… ¿sale del Dios que lleváis dentro?”. Me hizo sentarme en un taburete en el baño, como de costumbre, pero ahora dándole la espalda al espejo. Si te pongo de frente no tengo sitio para moverme, y no hace falta que te mires mientras te lo corto, quisquilloso. ¿Ya no te fías de mí? Todavía no he perdido habilidad en las manos, pero me viene muy bien practicar de vez en cuando para no oxidarme, y tus rizos los conozco de memoria. No era mirarme a mí mismo lo que echaba de menos. Hace años Susi me arreglaba el pelo en ese mismo baño de su casa, una vez al mes, y casi siempre accedía a mi capricho de hacerlo desnuda. Me encantaba mirarla y olerla mientras se movía a mi alrededor, trabajando en mi cabeza. Ahora necesita más espacio porque se mueve con más dificultad. Pero ya no usa las muletas para desplazarse por la casa, y un par de veces a la semana sale a pasear por las calles cercanas. Sigue leyendo

Mujeres reales

Amo tu cama rica

Hablaba en sueños. Hablaba tanto que después no tenía nada que decir. Ni siquiera dijo que estaba sola, que necesitaba compañía y un poco de ayuda con las tareas básicas de la casa. Nunca ha dicho -nunca lo hará, ni siquiera en sueños- que ha dado más de lo que recibe, que gastó más energía en otros que en sí misma y que nadie la correspondió jamás. Que no es tan fuerte como a los demás nos conviene creer, que no puede con todo por mucho que mantenga la voz firme y los ojos vivos. Sigue leyendo

Entrecintas, Mujeres reales

Martes

Se ha roto mi grabadora. Acabo de pedir otra por internet, pero lo cierto es que cada día me cuesta más encontrar lugares donde comprar las cintas. Me refiero a microcassettes, como esa que pueden ver arriba, en la cabecera del blog. El sábado me sorprendí a mí mismo haciendo uso por primera vez de la grabadora de voz del smartphone. Julio el inmoral lleva años ofreciéndose para encargarse de pasar a MP3 las cintas que guardo en mi vitrina, las que vengo transcribiéndoles aquí a ustedes, pero no acabo de decidirme. La verdad es que cada vez grabo con menos frecuencia y más brevedad, pero aún intento discernir si he ganado en capacidad de concisión o he perdido empeño por el detalle. No he cesado de darle vueltas todo el fin de semana y ayer, en un rapto de coraje de los que tengo a veces, probé a escribir directamente en lugar de hablarle a la grabadora. No estoy seguro del resultado. Me pregunto qué tal quedaría la imagen de una pluma estilográfica en la cabecera del blog. Tómense lo que sigue como una emisión en pruebas. Sigue leyendo

Entrecintas, Mujeres reales

Electroswing

Está bien, mejor que nunca, dejando atrás los años negros. Y sin embargo ha hablado muy poco durante la cena para cuatro, que ella misma ha preparado en mi cocina. Tal vez la cháchara incesante de Rosa ha conseguido aturdirla, o quizá es solo que aún se siente incómoda en mi presencia teniendo a Tinín a su lado. Me ha parecido percibir que ambos han evitado consciente y discretamente cualquier muestra de afecto entre ellos. Esperaba que se ofreciese para cortarme el pelo, pero no lo ha hecho y he preferido no pedírselo, a pesar de que ciertamente me vendría bien, especialmente para los ratos en que hablo con la mareta usando Skype; Carles pasa una par de veces a la semana por Vallvidrera con el portátil para que ella pueda verme, y hasta mi padre se levanta a veces del sillón para asomarse a la webcam y saludarme. Sigue leyendo

Mujeres reales

Agua caliente

¿Sigues enamorado de esa mujer, a que sí? Los labios de Rosa reposaban sobre mi vientre, tan cerca de mi ombligo que parecían hablar directamente con él. Di una calada al cigarrito de marihuana que ella misma fabricó minutos antes; nunca había visto a nadie liarlos con tal pericia y velocidad. ¿De cuál? De la que acaba de llamarte al móvil, de esa que se ha casado. No recordaba haberle hablado de ninguna mujer, pero se adelantó a mi pregunta añadiendo de inmediato: leo tu blog, nene. Las yemas de sus dedos pequeños se entretenían mimando el  interior de mis muslos. Aunque no sé si todo lo que cuentas ahí es verdad; ¿me dejarás escuchar alguna de tus cintas? Le pasé el cigarro. Solo me ha llamado para darme recuerdos de dos chicas que conocimos hace tiempo. Fumaba y me escuchaba en silencio mientras seguía acariciándome. En Marruecos, hace años; acaba de volver de Marrakech, las ha visto de nuevo por casualidad y le han mandado saludos para mí. Rosa tiene el pelo liso, solo un poco más largo que el mío, un aro de acero en la mitad de su oreja izquierda y cinco pendientes de plata alineados en la derecha. ¿Ha pasado su luna de miel en un sitio en el que estuvo contigo? Una bolita de oro en su labio inferior y otra un poco más grande, de titanio, en la lengua. No lo sé, no le he preguntado qué hacía allí, ella viaja mucho. Sigue leyendo