Mujeres reales, Mujeres soñadas

Beatriz Noguera

Regreso al libro después de una semana de ausencia. El marcapáginas de Barnes&Noble sobre la 80. Ya he conocido a Beatriz Noguera, siete días y seis mil kilómetros atrás pude contemplarla a mis anchas a través de la memoria del ya no tan joven De Vere. Quise leer en el avión, pero me quedé profundamente dormido nada más despegar y desperté sobre las costas portuguesas, ya no merecía la pena retomar la lectura y además el azul luminoso invitaba a olfatear la Península, nunca me canso de mirar mi país, recuerdo haberlo pensado así en ese momento y probablemente jamás llegaré a verbalizarlo ante nadie: los viejos y estúpidos complejos. Sigue leyendo

Mujeres reales

Del buen amor

Julio el inmoral se ha separado. Me llamó el pasado 1 de abril, lunes de Pascua, para anunciarme que la decisión estaba tomada y para pedirme refugio en casa durante un mes, dos a lo sumo, hasta encontrar un piso de alquiler o “resolver la situación”, así lo dijo. Su llamada me sorprendió al volante, subiendo el puerto de Somosierra de regreso a Madrid tras las cortas vacaciones de Semana Santa junto a Cristina, que entonces fumaba a mi lado en silencio, visiblemente incómoda por asistir involuntariamente a través del manos libres a una conversación que no era suya y con más razón al llanto abrupto con el que Julio acabó por interrumpirla. Estoy conduciendo, le dije, te llamo en cuanto llegue a casa. Se recompuso lo suficiente para excusarse por el momento inoportuno y para preguntarme con perceptible pudor si viajaba solo. Dudé un instante, aquel altavoz indiscreto me daba la ocasión tanto de mentir para atenuar la vergüenza de mi amigo como de decir la verdad para subrayar tácitamente ante Cristina mi confianza en ella implicándola en mis asuntos, en mis relaciones y mis decisiones. No, no voy solo, estamos llegando a casa, volvemos ahora de Santander. Entendió sin dificultad a quién se refería ese plural y saludó a Cristina mandándole un beso, disculpándose también con ella por la llamada y el sollozo. No te preocupes, Julio, por Dios, no tienes nada de qué disculparte ni de qué avergonzarte, dijo hablándole al micrófono con todo el cariño que es capaz de transmitir, tanto en su caso. Cuando pulsé el botón para terminar la llamada llevó su mano a mi pierna, me acarició levemente. Pobrecillo, lo lamento de verdad, me cae muy bien aunque apenas le conozco; ¿no es de tus amigos más antiguos, verdad? Sigue leyendo

Mujeres reales

Cristina

Soy yo, el de las patillas. He aprovechado tu ausencia para colarme en tu casa y cotillear un poco. He saltado limpiamente la verja y en el jardín estaba tu perro regando las plantas. Se ha mosqueado al verme pero en cuanto le he explicado quién era y a qué venía me ha hecho pasar amablemente al salón, donde nos hemos tomado unas cervezas y unos panchitos charlando de lo divino, lo humano y lo perruno. Sigue leyendo

Mujeres reales

Alemania imposible

Y es que no hay nada mejor que revolver el tiempo con el café ¿verdad? Dejó la vista perdida en la taza humeante durante unos segundos, apoyó la cucharilla en el plato y levantó la vista para dedicarme la primera sonrisa franca de la larga tarde. Gracias, Albert; me tomo la licencia de considerar ese último texto de tu blog como un recordatorio cariñoso. Debo empezar a leerte, a mi padre le encantaba hacerlo. Te tenía en gran estima. Un día me preguntó por sorpresa -ya sabes cómo era- si me parecías un hombre atractivo. Creo que le hubiese gustado tenerte de yerno, concluyó riendo mientras se llevaba el café a los labios sin pintar. Sigue leyendo

Entrecintas

Como si nada

“Yo siempre he sido un enamorado de la ciencia. Empecé a estudiar, a hacer algunas cosas en la Escuela de Arquitectura, en la Facultad de Físicas. Entonces toda mi obsesión era especializarme en algo que se llama Astrofísica, pero en aquellos años en España no existía esa especialización, y más allá del 3º curso las cosas se volvieron muy oscuras, un poco borrosas. Cuando la música se cruzó en mi vida, me conformé con continuar por mi cuenta, con seguir abriendo libros y buscando. Y de esta manera quizá llegué a conseguir o a descubrir algo que jamás hubiera pensado. De algún modo, logré dar forma a mis propios conceptos, a través de un camino personal. Y es que realmente la música está absolutamente regida por la Física, como todos sabéis. Y por otro lado, todo lo que existe, el mundo físico, es susceptible de ser interpretado musicalmente. Esta canción la compuse mientras estudiaba. Es el primer paso de ese camino, la mejor manera que encontré de explicar o decir algo así como: ni un millón de años me harán olvidar aquella décima de segundo en la que olvidé un millón de años”. Sigue leyendo

Mujeres reales

Easy come, easy go

Hablé con él por última vez a finales del pasado mayo, a propósito del breve texto que colgué aquí en esas fechas para presentarles un vídeo. Me llamó a casa para reprocharme una vez más, con su buen humor habitual, mi desafecto por el grupo británico Queen, del que era un auténtico fanático, de esos que recorrían Europa y parte del extranjero con el único objetivo de presenciar sus actuaciones en directo. Sigue leyendo

Entrecintas, Mujeres reales

Retiro

Ayer me sacaron un rato a pasear. Desde hace dos meses solo he salido a la calle para ir al médico o para tomar de vez en cuando una lata de cerveza en el banco de piedra de la plaza. Julio el comunista vino a recogerme en coche y pasamos la tarde los dos solos, en las orillas del lago del Retiro. El médico me recomendó movimiento para ir recuperando músculo, y Rosa dijo que me vendría bien expandir la vista. A ambos les hice caso: caminé bordeando el lago y en los descansos aproveché para mirar a todas las mujeres que me llamaron la atención. Nunca sabes lo que tienes hasta que lo pierdes, es cierto, pero no lo es menos que tampoco se toma conciencia de lo perdido hasta que se reencuentra. No entendí con claridad durante mi ausencia del mundo cuánto he echado de menos la involuntaria y bendita compañía de las desconocidas. Sentados en el quiosco o en las escalinatas de la estatua, Julio hablaba mientras mis ojos se columpiaban en el ritmo oscilante de las curvas y los volúmenes, en el vaivén caprichoso de gestos, voces y colores. Me enamoré al menos de cuatro de ellas. Sigue leyendo

Mujeres reales

Décimas de segundo

En todos mis sueños hay agua. Grises y tormentosos océanos sin horizontes o regatos cristalinos que descienden avivando el verdor de los prados. Acequias y pozos, manantiales, lagos y fuentes y varias veces, cuatro con la de hoy, un mar vertical que toca el cielo y se cierra en una ensenada justo donde a ella se le acaba el pelo, sobre la primera vértebra. Cuando el caudal es propicio para la navegación o el nado, nunca hay playas ni fondeaderos, ni puertos, ni lugar alguno que permita desembarcar o alcanzar la orilla. Teresa me ha perdido varias veces para siempre al pie de un monstruoso acantilado, infinito y sin una sola arista, y en cada despertar lo único que recuerdo son sus lágrimas vertiéndose en el mar, sus angustiosas súplicas para que resistiese un poco más agarrado a su mano, para que no la abandonase aún mientras mi cuerpo interte descendía sin remedio hasta el abismo. Sigue leyendo