Mujeres reales

Era de otro

Cayetano de Arquer Buigas

Calor

No sé cómo percibí su presencia a mi espalda. Fumaba solo sentado en la terraza de Vallvidrera, asomado a la ciudad y a la montaña y tal vez pensando en Mónica, o quizá es sólo que ahora me arrepiento de no haber pensado en ella durante esos días tanto o tan bien como debía y la memoria sale a echarme una mano. Me giré y la vi de pie en el centro del salón, la brisa de la que yo disfrutaba le alcanzaba el pelo y la falda. La sonrisa leve y honda, las manos un poco temblonas cruzadas sobre el regazo, contemplándome absorta sabe dios en qué consideraciones o recuerdos, tan abstraída en ellos que tardó unos segundos en percatarse de que yo también la estaba mirando y se sobresaltó y se ruborizó al encontrar mis ojos y verse sorprendida, la sonrisa se le abrió y salió a la superficie, cariñosa pero todavía azorada. Titubeó unos segundos hasta que por fin optó por la sinceridad más obvia: nada, sólo te estaba mirando, hijo. Lo dijo en castellano y eso aún la delató más, hizo más evidente que ese “nada” y ese “sólo” eran meros subterfugios. Quizá únicamente “qué gusto tenerle en casa” o un todavía más banal “qué mayor se ha hecho”, pero mucho más probablemente algún tipo de preocupación por su pequeño tarambana e imprudente, “qué va a ser de él”, “por qué no se quedará con nosotros, cerca de sus padres y su hermano” o aún peor, “no estará aquí cuando me muera”. Tens calor, Albertet, t’obro el tendal? Seguir leyendo

Mujeres reales, Mujeres soñadas

Beatriz Noguera

Regreso al libro después de una semana de ausencia. El marcapáginas de Barnes&Noble sobre la 80. Ya he conocido a Beatriz Noguera, siete días y seis mil kilómetros atrás pude contemplarla a mis anchas a través de la memoria del ya no tan joven De Vere. Quise leer en el avión, pero me quedé profundamente dormido nada más despegar y desperté sobre las costas portuguesas, ya no merecía la pena retomar la lectura y además el azul luminoso invitaba a olfatear la Península, nunca me canso de mirar mi país, recuerdo haberlo pensado así en ese momento y probablemente jamás llegaré a verbalizarlo ante nadie: los viejos y estúpidos complejos. Seguir leyendo

Mujeres reales

Todo está bien

Querido Albert

La ciudad me recibió con galerna. Desde la ventana de Lara he visto volar las ramas de los magnolios y saltar las tapas de las alcantarillas. En la televisión dicen ciclogénesis y hasta Lara lo llama así, ya ves, me acuerdo que de pequeña me contaba historias de naufragios en Mouro y ballenas varadas en las arenas por la tormenta, y más que todo eso me fascinaba la misma palabra, galerna, que me sonaba a mundos exóticos y libros antiguos. Hay locos que se llegan hasta el paseo para hacer fotos y juegan a escapar de las olas que inundan las aceras, turistas pero también paisanos, Lara dice que no me angustie que si el mar se los traga se lo han buscado. Seguir leyendo

Mujeres reales

Del buen amor

Julio el inmoral se ha separado. Me llamó el pasado 1 de abril, lunes de Pascua, para anunciarme que la decisión estaba tomada y para pedirme refugio en casa durante un mes, dos a lo sumo, hasta encontrar un piso de alquiler o “resolver la situación”, así lo dijo. Su llamada me sorprendió al volante, subiendo el puerto de Somosierra de regreso a Madrid tras las cortas vacaciones de Semana Santa junto a Cristina, que entonces fumaba a mi lado en silencio, visiblemente incómoda por asistir involuntariamente a través del manos libres a una conversación que no era suya y con más razón al llanto abrupto con el que Julio acabó por interrumpirla. Estoy conduciendo, le dije, te llamo en cuanto llegue a casa. Se recompuso lo suficiente para excusarse por el momento inoportuno y para preguntarme con perceptible pudor si viajaba solo. Dudé un instante, aquel altavoz indiscreto me daba la ocasión tanto de mentir para atenuar la vergüenza de mi amigo como de decir la verdad para subrayar tácitamente ante Cristina mi confianza en ella implicándola en mis asuntos, en mis relaciones y mis decisiones. No, no voy solo, estamos llegando a casa, volvemos ahora de Santander. Entendió sin dificultad a quién se refería ese plural y saludó a Cristina mandándole un beso, disculpándose también con ella por la llamada y el sollozo. No te preocupes, Julio, por Dios, no tienes nada de qué disculparte ni de qué avergonzarte, dijo hablándole al micrófono con todo el cariño que es capaz de transmitir, tanto en su caso. Cuando pulsé el botón para terminar la llamada llevó su mano a mi pierna, me acarició levemente. Pobrecillo, lo lamento de verdad, me cae muy bien aunque apenas le conozco; ¿no es de tus amigos más antiguos, verdad? Seguir leyendo

Mujeres reales

Cristina

Soy yo, el de las patillas. He aprovechado tu ausencia para colarme en tu casa y cotillear un poco. He saltado limpiamente la verja y en el jardín estaba tu perro regando las plantas. Se ha mosqueado al verme pero en cuanto le he explicado quién era y a qué venía me ha hecho pasar amablemente al salón, donde nos hemos tomado unas cervezas y unos panchitos charlando de lo divino, lo humano y lo perruno. Seguir leyendo

Mujeres reales

Alemania imposible

Y es que no hay nada mejor que revolver el tiempo con el café ¿verdad? Dejó la vista perdida en la taza humeante durante unos segundos, apoyó la cucharilla en el plato y levantó la vista para dedicarme la primera sonrisa franca de la larga tarde. Gracias, Albert; me tomo la licencia de considerar ese último texto de tu blog como un recordatorio cariñoso. Debo empezar a leerte, a mi padre le encantaba hacerlo. Te tenía en gran estima. Un día me preguntó por sorpresa -ya sabes cómo era- si me parecías un hombre atractivo. Creo que le hubiese gustado tenerte de yerno, concluyó riendo mientras se llevaba el café a los labios sin pintar. Seguir leyendo

Entrecintas

Como si nada

“Yo siempre he sido un enamorado de la ciencia. Empecé a estudiar, a hacer algunas cosas en la Escuela de Arquitectura, en la Facultad de Físicas. Entonces toda mi obsesión era especializarme en algo que se llama Astrofísica, pero en aquellos años en España no existía esa especialización, y más allá del 3º curso las cosas se volvieron muy oscuras, un poco borrosas. Cuando la música se cruzó en mi vida, me conformé con continuar por mi cuenta, con seguir abriendo libros y buscando. Y de esta manera quizá llegué a conseguir o a descubrir algo que jamás hubiera pensado. De algún modo, logré dar forma a mis propios conceptos, a través de un camino personal. Y es que realmente la música está absolutamente regida por la Física, como todos sabéis. Y por otro lado, todo lo que existe, el mundo físico, es susceptible de ser interpretado musicalmente. Esta canción la compuse mientras estudiaba. Es el primer paso de ese camino, la mejor manera que encontré de explicar o decir algo así como: ni un millón de años me harán olvidar aquella décima de segundo en la que olvidé un millón de años”. Seguir leyendo