Entrecintas

Encadenados

niebla 2

Para Roxana, que sin saberlo alumbró este blog. DEP

Noche invernal en la ciudad exterior. Regulan los semáforos su pulso y baja el ritmo cardiaco de los durmientes. La sangre fluye con la misma cadencia de los automóviles que transitan las rondas y los bulevares, todas las arterias tan excesivas ahora, también en la ciudad interior, en el círculo intramuros, tantos muros, tantos círculos. En un apartamento de Juan Bravo, una mujer bebe a tragos largos y espaciados frente al televisor y cuando los ojos ya se le cierran, deja el vaso en el fregadero y sube el embozo de las sábanas de su bebé, antes de acostarse en una cama demasiado grande para ella sola, apenas necesita embriagarse un poco para dormir. Un hombre de vuelta del trabajo cuelga su chaqueta en el perchero de un piso del Barrio del Pilar, su mujer le avisa desde la cama de que la cena está en la cocina. Come solo, de pie, sin vino para no añadir más grados al licor que destila su ánimo. Sigue leyendo

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Mujeres reales, Mujeres soñadas

Beatriz Noguera

Regreso al libro después de una semana de ausencia. El marcapáginas de Barnes&Noble sobre la 80. Ya he conocido a Beatriz Noguera, siete días y seis mil kilómetros atrás pude contemplarla a mis anchas a través de la memoria del ya no tan joven De Vere. Quise leer en el avión, pero me quedé profundamente dormido nada más despegar y desperté sobre las costas portuguesas, ya no merecía la pena retomar la lectura y además el azul luminoso invitaba a olfatear la Península, nunca me canso de mirar mi país, recuerdo haberlo pensado así en ese momento y probablemente jamás llegaré a verbalizarlo ante nadie: los viejos y estúpidos complejos. Sigue leyendo

Mujeres reales

Gemma – Parte 2ª (MILF)

Ver parte 1ª

¿De verdad vas a abrir el blog solo para mí? ¿Y luego vas a seguir escribiendo o qué? Todavía te quedan muchas de las que hablar. De Itziar no has dicho una palabra, y yo sé que esa te marcó un montón, me ponía celosa. Casi me alegro de que no escribas de ella. Porque me gusta leerlo pero a la vez me da un poco de rabia ¿sabes? Todas tus demás novias me parecen más interesantes que yo. Tú no has estado celosa por mí en tu vida, Gemma, y menos aún has sido mi novia.  Molt bé donc. El que tu diguis. A més, jo sóc dona d’un sol home. Sigue leyendo

Mujeres soñadas

Clementine Kruczynski

Habrán notado que he estado ausente. Se sorprenderían de mi capacidad para ausentarme, para ensimismarme en medio de una fiesta o una manifestación. Me pasa desde pequeño.

De algunas cosas sí me he enterado en este tiempo. Sé que una violenta epidemia de ébola está diezmando a los militantes y simpatizantes de Hamas y el Estado Islámico, sin que los científicos hayan conseguido explicar hasta ahora por qué el virus sólo les afecta a ellos. También he sabido que Putin y Netanyahu han salido -otra vez- a por tabaco, dejándose la llave del gas abierta. Qué peligro. Sigue leyendo

Entrecintas

Invitados a Coca-Cola

Todos estamos invitados es una película de 2008 dirigida por Manuel Gutiérrez Aragón y protagonizada por Oscar Jaenada y José Coronado, que interpreta a un profesor vasco amenazado por el terrorismo etarra, todavía muy activo en aquel año. Con sus desaciertos y titubeos puramente cinematográficos, lo indudable es que no es precisamente una película complaciente con el mundo abertzale, sino todo lo contrario. Uno de sus intérpretes secundarios es Gotzon Sánchez, un actor cuya presencia en aquel film me pasó completamente desapercibida en su momento y de cuya existencia sólo he sabido ayer mismo, a raíz de su intervención en un anuncio de Coca-Cola típico de la marca, es decir, obviamente alejado de cualquier polémica y orientado hacia el lado amable de la vida. Sigue leyendo

Mujeres reales

Susana (parte 1º)

Los aeropuertos modernos se diseñan teniendo en cuenta el miedo atávico a volar que subsiste en el inconsciente del individuo, aun en el de los más curtidos viajeros. Lo había leído, escuchado tal vez. Susana V. echó un vistazo alrededor recordando la idea, y aunque no observó en principio nada tangible que la concretase, pensó que debía ser cierto, más porque la asespsia de aquellas instalaciones despejaba al viajero de cualquier emoción, incluido el supuesto temor a despegar los pies de la tierra, que porque le ofreciese otras sensaciones alternativas más reconfortantes. Nada facturó porque nada llevaba excepto las ropas con las que hoy se vistió y el pequeño bolso que siempre cuelga de su hombro. Antes de embarcar hizo una última llamada telefónica, con la remota esperanza de encontrar a quien iba a buscar sin necesidad de tomar el avión. Sigue leyendo