Todos estamos invitados es una película de 2008 dirigida por Manuel Gutiérrez Aragón y protagonizada por Oscar Jaenada y José Coronado, que interpreta a un profesor vasco amenazado por el terrorismo etarra, todavía muy activo en aquel año. Con sus desaciertos y titubeos puramente cinematográficos, lo indudable es que no es precisamente una película complaciente con el mundo abertzale, sino todo lo contrario. Uno de sus intérpretes secundarios es Gotzon Sánchez, un actor cuya presencia en aquel film me pasó completamente desapercibida en su momento y de cuya existencia sólo he sabido ayer mismo, a raíz de su intervención en un anuncio de Coca-Cola típico de la marca, es decir, obviamente alejado de cualquier polémica y orientado hacia el lado amable de la vida.

La asociación Dignidad y Justicia, relacionada con las víctimas del terrorismo, ha identificado a Sánchez como simpatizante abertzale -acudió a marchas de apoyo a Herrira, vinculada con los presos etarras- y ha dirigido una carta a Coca-Cola solicitando la retirada del spot. Antes de eso, el actor ya había participado en varios anuncios y ficciones para el cine y la televisión, incluida la serie La que se avecina y, como queda dicho, la película de Gutiérrez Aragón. Estarán de acuerdo en que resulta al menos desconcertante que Dignidad y Justicia haya obviado la participación del actor en una película abiertamente anti-ETA y en una muy popular serie televisiva y sea precisamente ahora, a raíz de su trabajo para Coca-Cola, cuando se le señala como simpatizante abertzale. Aunque la propia asociación, en su carta a la compañía, da una pista de las insólitas razones que le impulsan a actuar en este caso y no en los anteriores: “Dada la trayectoria en la lucha contra el terrorismo que siempre ha marcado a la empresa Coca-Cola, me siento en la obligación de comunicarles esta información pues resulta muy lesiva para la dignidad y memoria de todas las víctimas del terrorismo asesinadas por ETA”, puede leerse en ella. Ignoro cuál es la trayectoria de Coca-Cola en la lucha contra el terrorismo o en qué se distingue de la de otras marcas como Mahou o Mercedes-Benz, empresas para cuyos anuncios Gotzon Sánchez también ha trabajado sin que nadie se haya sentido ofendido. La esperable reacción de Coca-Cola ha sido la retirada inmediata del spot y el ofrecimiento de disculpas a quien haya podido sentir lesionada su dignidad y su memoria.

Llama la atención, obviamente, que un simpatizante abertzale se dedique a trabajar para multinacionales, pero eso es algo que únicamente le incumbe a él, a su propia credibilidad profesional y a su más que cuestionable, parece evidente, sentido personal de la coherencia. Tristemente esperable era también la reacción de formaciones políticas y medios de comunicación de la derecha, que han aplaudido sin matices la decisión de la compañía norteamericana, y los de la supuesta izquierda, que se han apresurado a calificar este chusco episodio de caza de brujas, en alusión a los -dicen- “motivos ideológicos” que subyacen en el repudio al actor, un argumento tan falso como recurrente y peligroso en este caso: si Coca Cola ha retirado el anuncio no ha sido por la “ideología” del actor, sino por la sospecha, fundada o no, de que ha participado en actos públicos de apoyo a organizaciones ligadas al terrorismo. Dicho de otro modo: si el intérprete de ese amable padre de familia del anuncio hubiese sido el actor Willy Toledo, más conocido por sus manifestaciones políticas que por su carrera profesional, aun en el caso de que alguna asociación -haberlas, haylas- se hubiese sentido ofendida por la presencia de un actor contrario a sus ideas en ese spot y hubiera exigido su retirada, se antoja fácil deducir que Coca-Cola jamás hubiese atendido esa reclamación.

El locutor de la Cadena Ser Carles Francino vino a decir sobre la polémica que supone un paso atrás en el mismo sentido en que el estreno de la reciente película Ocho apellidos vascos ha supuesto un paso adelante en la normalización del, llamémoslo así, problema vasco. Ocho apellidos vascos es una película tan divertida como intrascendente en todo lo que tenga que ver con este asunto: ni es la primera vez que se aborda con humor ni sus pretensiones son otras que las típicas de una amable y chispeante comedia romántica. Todos estamos invitados es, muy al contrario, una película realmente valiente que, quizá por primera vez en nuestro cine, se atrevió a hablar del auténtico estado de las cosas en Euskadi por aquella época, y que pasó sin pena ni gloria por nuestras salas. Ni siquiera ahora, cuando de refilón se incluye la película en el currículum como actor del tal Sánchez, hay medio de comunicación alguno que aluda al tema que trataba y el modo en que se abordó por parte de sus autores. Todos estamos invitados, pero solo a cocacola, y cuanto más light mejor.

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11 comentarios en “Invitados a Coca-Cola

  1. Un asunto enrevesado: lo que sufrí ayer para encajar mi punto de vista en unos cuantos tuits, sin lograrlo. Tu entrada me da la ocasión de explayarme (aaaah qué gusto esta descompresión).

    A mí también me parece censurable que los de DyJ pidan la retirada de un spot porque en él sale un abertzale filobatasuno o, en general, que haya asociaciones que se dediquen a vigilar la ideología de los actores (o de los pescaderos) y que propongan más o menos explícitamente que no deberían darles spots (o dejarles abrir pescaderías) porque no les gusta su ideología.

    Ahora viene el matiz: el abertzale Sánchez es actor. Y como actor, vive de su imagen. Y eso tiene ventajas, entre las cuales la de que puede aprovechar sus mejores armas (su imagen, su dicción, y en algunos casos su fama), para promocionar la causa que más le pete, cosa que me parece estupendo. Con una condición, eso sí: que no se queje cuando le toque afrontar la consecuencia inevitable: que asociemos su imagen a la defensa de esas causas. Así, yo cuando veo a Willy Toledo no puedo evitar recordar lo que le gustan las dictaduras. Creo que eso no me ha llevado nunca a dejar de ver una película suya conscientemente, pero sin duda me hace verle con cierta antipatía (antipatía que puede actuar sin que yo me dé cuenta). Otros optarán conscientemente por no verle más el jeto para no recordar lo bien que dice que se vive en Cuba, y me parece comprensible.

    Por eso, no me habría parecido tan mal que DyJ dijeran: “oigan, entrañable ese spot de Coca Cola; permítannos recordar sólo que esa cara de papá moderno y enrollado también se usa para defender causas que nos parecen menos nobles y, bueno, sólo queríamos decir *como asociación* que se nos han quitado las ganas de beber Coca Cola por una temporada”. O que los de Coca Cola, que al final pagan por la imagen de ese actor (imagen de papá moderno y enrollado) al enterarse de que ese jeto sirve para defender a los presos etarras, decidieran retirar el spot. Me temo que en este ámbito, como en otros, me estoy pasando al laissez-faire.

    En fin, que me ha pasado lo de siempre: que me pongo con los matices y me acaba saliendo un tractatus. Aunque siempre podemos culpar a la descompresión tuitera.

  2. Estimat Albert, vos hemos echado de minus. Aunque creo que ahora la entrada la estoy echando de plus, porque ni he visto la peli de Gutiérrez Aragón, ni oído la entrevista ni sabía nada del actor. Pero mira, había este titular de la entrevista de Francino, son palabras de Sánchez:
    «Siempre he abogado por la resolución del conflicto en Euskadi».
    Abogar, resolución, conflicto. Se me ha escapado un ensabrupto. Epsabruxto.
    Creo que me sumo al comentario de Samuel. (Y luego ya si eso discutís los dos).

  3. “El historial de Cosa Cola en la lucha contra el terrorismo”. Impresionante ejercicio de estupidez de la empresa. Ha leído comentarios del director de la empresa para España (Marcos de Quintos, creo), y me han parecido totalmente desacertadas. Disculpas que no lo son…, reafirmaciones con matices…. Todo malamente disimulado. A la empresa le importa lo que le importa…, lo demás es problema de cada uno. Yo personalmente, he reducido mi consumo de su refrescante producto.

  4. Hay que estar al loro, Nerea. A ver si vemos más la tele eh. Muchos besos, Secre.

    Sámuel, casi casi que suscribiría el tractatus íntegramente, y de hecho era más o menos a lo que quise referirme con lo de “credibilidad profesional”, a lo que tú has expresado con más claridad. Confieso que personalmente, y sobre todo últimamente, me interesa bastante más el cine que la política, y quizá por eso soy capaz de abstraerme de las simpatías castristas de Willy cuando le veo en alguna película o lo que sea. Como ves, capacidad de abstracción no me falta. Saludos, amigo, y gracias.

    Procu maca, aquí caic, allà m’aixeco. A ver si me centro. La peli de Gutiérrez Aragón es flojilla, pero si acierta o no en el esbozo que intenta hacer de los años negros seguro que tú lo juzgas mejor que yo. Desde luego el tal Sánchez no se aparta un milímetro de la retórica oficial. Salvo cuando anuncia cocacolas, al parecer.

    Pues sí, Barrado, la empresa intenta jugar todas las cartas, repartir burbujitas a diestro y siniestro y salir sin una mancha. Y lo consiguen, claro, a buena publicidad no hay quien les gane. Lo del “historial de Coca Cola en la lucha contra el terrorismo” fue sin duda lo que más me tocó las narices de todo este asunto: no sólo me parece una estupidez, sino una auténtica canallada contra los que de verdad se han partido la cara.

  5. Y digo yo, ¿qué historial es ese de su lucha? Lo pregunto en serio.
    A ver, por tocar un poco los collons. ¿A vosotros os parece bien que a Tiger Woods le quiten la pasta por ser un follador? Un follador fuera del matrimonio, un follador al que pillan. ¿Os parece bien que a Kate Moss la castiguen (vale, de mentirijillas) por unas rayitas de coca? Porque hablamos de lo mismo, de moral, no de leyes. Y, quién dicta la moral?

  6. No compro, S. Sí hablamos de leyes. Herrira es una organización ilegal. Y a mí me parece bien que lo sea, porque esa ilegalidad proviene en el fondo de una moral que comparto, la del rechazo a la equidistancia y a considerar este asunto como un conflicto entre dos partes. El problema, claro, es excederse y abusar de ese consenso moral, que costó años conseguir, para autoerigirse en guardián de las esencias y, en calidad de tal, arremeter contra todo lo que se mueve, que es en mi opinión lo que ha hecho DyJ con este asunto. Por lo demás, mira que dije arriba que tengo capacidad de abstracción, pero no tanta como para lograr ver este tema en el mismo plano que el de Tiger Woods o Kate Moss: todas son normas morales, de acuerdo, pero joder, hay diferencias muy notables a ras de suelo, que es desde donde hay que mirar estas cosas. Digo yo.

    Sobre esa asombrosa alusión al historial de Coca-Cola en la lucha contra el terrorismo etarra, pues ya he dicho arriba que me parece una canallada. Pero supongo que algo habrá, que quizá hayan hecho en algún momento algún tipo de pronunciamiento generalista y vacuo contra el terrorismo global o algo parecido, porque si no es así no entiendo a qué se agarran para decir semejante estupidez. En fin. Abrazos, amigo.

  7. Tengo a los amigos virtuales abandonaos.

    Sí, sí que tienes, capacidad de abstracción para verlo. Claro que tú o yo encontramos diferencias muy notables entre la condena laboral a Tiger y este caso. Somos medianamente inteligentes.
    Por supuesto que hablamos de moral, de quién dicta la moral. Y si quieres también de leyes: espera que aprueben la nueva ley del aborto y condenen a la cárcel a un médico, a ver a qué lado de la ley y la moral estamos tú y yo… En fin, que tampoco lo tengo claro, no creas. Esto de la moral siempre me trae problemas, ya me lo decía una novia que tuve a los 16.

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