Buenos vecinos

Duarte Manzalvos

“Tuve la suerte de estar allí en ese momento para anotarlo. Yo me invento pocas cosas”. Fue la contestación del autor a un comentarista que aplaudía su imaginación, a propósito de un texto ya antiguo de Duarte Manzalvos. La afirmación es muy ilustrativa de lo que puede encontrarse en el blog, pero no precisamente por su sentido literal, sino por todo lo contrario. Qué es todo lo contrario de “literal”, se preguntarán ustedes con toda lógica. Sospecho que encontrar la respuesta a esa cuestión le daría a Duarte para escribir una magnífica entrada en su blog. No en vano, la exploración de la ambigüedad, la paradoja o incluso el absurdo y el contrasentido es en opinión de un servidor el aliento básico del blog. A Duarte le interesa la ambivalencia de los conceptos y los significados, la consideración del lenguaje escrito como un ingenio cuyas piezas y articulaciones son susceptibles de desmontaje y alquimia: las ideas y su representación, las palabras y también los signos de puntuación o la propia tipografía tienen en buena parte de sus textos un significado u otro -o mejor aún, ningún significado o varios a la vez- dependiendo del modo en que se ordenan o se observan, porque incluso eso, la relatividad de la relación entre escritor y lector es para Duarte materia de juego y ensayo. Quizá ahora entiendan mejor que una afirmación como la que encabeza esta presentación, “yo me invento pocas cosas”, conviene tomarla con cierta holgura, no perdiendo de vista que la prioridad del autor no es en absoluto establecer certezas, sino más bien cuestionarlas. “Siempre he preferido la sugerencia a lo explícito; me parece que detrás de la sugerencia hay un trabajo más elaborado, más admirable, más valioso”, pueden leerle decir en sus respuestas al cuestionario. Probablemente quienes hasta ahora no hayan visitado el blog de Duarte -o de Rock&Bolesco, del Arcipreste de Ítaca o de Lenocinio Vivales, que todas esas personas y/o personajes escriben los textos- se sorprendan ante el aparente contraste entre la exuberancia y la franqueza con que contesta a las preguntas y la concisión -a veces sólo una línea, incluso una única palabra, un dibujo, una foto o ni eso, sencillamente un título- y el juego de espejos que caracteriza buena parte de las entradas de su blog. Pero no hay en realidad lugar para tal sorpresa, porque ese contraste no hace más que confirmar que Duarte Manzalvos es un blog fundamentalmente literario, aun en sus entradas más minimalistas, por así llamarlas. A no ser, claro, que no se considere como literatura el género iniciado por Gómez de la Serna, de quien cabe suponer a Duarte un rendido lector. No menos, en cualquier caso, que del romancero tradicional, cuya huella resulta perceptible en los versos que Duarte encarga al Arcipreste de Ítaca, rebosantes del romanticismo un tanto socarrón o el erotismo de alta intensidad que fluye también por muchos otros rincones del blog. O de Mihura, Neville o Jardiel, a quienes resulta difícil no evocar leyendo las divertidas y a menudo desgraciadas aventuras de Lenocinio Vivales, que incluso mantiene correspondencia con el propio Duarte para exigirle una remuneración por aparecer en sus textos. No todas las risas en Duarte Manzalvos corren a cargo del bueno de Lenocinio: el humor es otra de las señas de identidad del blog y lo hay de todos los colores, desde el rojo al negro pasando por la retranca galega o los dardos afilados dirigidos a la estupidez y la infamia rampantes, de los que son buena muestra los textos agrupados bajo las etiquetas tan explícitamente nombradas “Neciómetro”, “Homenajes” o “Sandeces”. Hay más, mucho más, ocho años de blog -la primera entrada es de 2006- y sobre todo la lucidez y la agudeza del autor dan para magníficas reseñas de libros, aforismos, relatos, poemas, retazos de diario personalísimo, dibujos de su propia mano o sencillos apuntes repletos de ingenio tomados tan del natural que en ocasiones se publican acompañados de una fotografía del manuscrito original. Por encima de todo, Duarte Manzalvos es un magnífico lugar para asomarse a la belleza y el absurdo de lo cotidiano y para entender que en el tiempo que nos toca vivir la frontera entre lo grotesco y lo hermoso no siempre es nítida. Dice Duarte dirigiéndose al lector a propósito de su Arcipreste: “En cuanto a sus versos, perdónale el estilo tan folclórico y esas rimas fáciles, porque no es poeta ni pretende serlo. Tampoco pretende estremecerte ni emocionarte, sólo sugerir. (…)Tal vez tenga tiempo algún día para ordenarlos y ofrecértelos juntos de manera que sigan el hilo que intuyo.” Les dejo con él.

 

1. ¿Está satisfecho con su blog?

Cuando leí su pregunta no supe qué contestar. Nunca me había planteado este asunto. Me parecía que estaba razonablemente satisfecho y eso había contestado. Pero he pensado más sobre ello y creo que debo decir que estoy muy satisfecho. Mi blog es como una cabaña en el árbol a la que a veces acudo de niño, un lugar (sí, voy a llamarlo ‘lugar’) al que regreso en algunas ocasiones y en el que me siento bien, en el que no estoy obligado a nada, ni siquiera a limpiarlo. Me recuerda a los años en que vivía solo. ‘Pero yo ya no soy yo ni mi casa es ya mi casa’, me entiende usted, Albert, ¿verdad?

Le decía que al principio, sin pensarlo mucho, había contestado que estaba razonablemente satisfecho porque me vinieron a la memoria las sensaciones que tuve durante el primer año después de abrirlo, en la primavera de 2005 (en Bitácoras), pero han pasado muchas cosas desde entonces, incluido un período muy largo de ausencia y muchos otros no tan largos. Comencé, como le digo, con la intención de escribir sobre las sensaciones que me producía el hecho de ir a tener un hijo, y sobre esos asuntos escribía para gusto de mi mujer. Pero a todo se acostumbra uno y todo deja de ser novedoso en algún momento, y rápidamente me fui desviando de mi propósito inicial para escribir otras cosas. Me parecía increíble disponer de un lugar en internet en el que poner lo que me diese la gana y decidí aprovecharlo, darme a conocer, recibir reconocimiento por parte de los lectores, ¡admiración! Debí de pensar, supongo, que podría jugar a ser escritor o periodista o algo así, y me puse a escribir textos dando mi opinión sobre asuntos de actualidad. Entonces me ocurrió algo muy bueno: que me di cuenta, y bastante rápido, de que mi opinión sobre la actualidad no me interesaba ni a mí mismo. Esto es algo que todavía hoy me ocurre. Tengo la convicción muy sincera de que a quién demonios puede interesarle mi opinión sobre algo en lo que no soy experto o no tengo, al menos, una idea lo suficientemente documentada como para poder dar una opinión más allá de la puerta del bar (inciso: esto no contradice que conteste a sus preguntas, que al fin y al cabo tratan sobre mí, asunto en el que, si bien no soy un gran experto, sí conozco lo suficientemente). A mí me gusta leer o escuchar las opiniones de la gente sobre asuntos de los que saben porque siempre me ha interesado mucho aprender. Es muy importante aprender, importantísimo, y me di cuenta de que dando mi opinión no aprendía nada. No, no se aprende nada opinando. Se aprende estudiando, investigando, analizando, y las opiniones deben ser una consecuencia. Al contrario de todo esto que digo, escribía sin poder ir más allá de mis prejuicios, sin ver más allá de mi nariz, ahogándome en las procelosas aguas de mi ignorancia sobre los temas sobre los que escribía. Y, además, lo hacía bastante mal, porque pude comprobar que cuando daba mi opinión sobre algo, lo que en realidad estaba haciendo era escribir contra algo o contra alguien, es decir, que se estimulaba mi dimensión destructiva, y lo malo nunca puede ser bello. Incluso algunas veces casi llegué a insultar aquello o a aquellos contra quienes escribía. Me salían textos que destilaban soberbia y vanidad. Verdaderos truños, Albert, verdaderos truños.

Estoy satisfecho con mi blog: he aprendido a abreviar. No así en los blogs ajenos: fíjese qué brasa le estoy dando. Y estamos todavía en la primera pregunta. Hágame la segunda, Albert, que me enrollo.

2. ¿Prefiere leer o escribir?

Las dos actividades me cuestan, y no dispongo de mucho tiempo que dedicarles. Son cosas diferentes, aunque, sin duda, están relacionadas. Pero no hablemos ahora de esa relación.

Me cuesta leer porque cada vez dispongo de menos tiempo para hacerlo. Antes leía en el autobús o en el metro, pero ahora me desplazo en coche. También leía por las noches, pero con la edad me cuesta más aguantar despierto. La lectura me curaba mucho la soledad cuando vivía de hoteles (fui viajante unos años), pero hace ya tiempo que no consigo estar solo. Lo que hago es aprovechar lo leído, que tampoco es mucho, y, así, por ejemplo, mientras hago las camas, le doy vueltas a una greguería, o en el atasco de la A6 voy recitando algún poema de entre aquellos que memoricé cuando podía leer, o trato de comprender un verso o de recrear alguna escena o de entender alguna idea de esas que llaman ‘elevadas’. Luego están los blogs. Aunque me cuesta bastante leer en el ordenador, siempre hay un momento para la lectura de una entrada o dos. A veces salgo más tarde de trabajar porque me quedo leyendo algo que me interesa, o cuando voy a fumar me llevo el teléfono y leo si no tengo otra cosa mejor que hacer mientras fumo. Por eso agradezco las entradas breves (usted no es mucho de entradas breves, pero no me lo tome a mal, que no lo digo por usted), para no dejar las lecturas interrumpidas, porque si las interrumpo, cuando las retomo tengo que comenzar de nuevo. No es como un libro con su pestañita doblada, no. Pierdo el hilo fácilmente con las lecturas en la pantalla del ordenador. Además, a mí me gusta leer de pie.

Escribir me cuesta mucho más y me frustra, también, bastante más que una lectura equivocada o decepcionante. Las dos cosas las considero errores, pero escribir mal es un error más grave porque me doy cuenta de mis limitaciones y de mi torpeza, y tengo mayor sensación de haber perdido el tiempo. Agradezco mucho no ser una persona con problemas de estreñimiento, pero sí conozco un poco esa sensación y me siento en cierto modo así cuando quiero escribir y no puedo porque no me sale. Usted ya me entiende. Me siento como cuando me siento y no me sale, sentado y no saliendo, apretando los dientes. De verdad, es algo físico y estomacal. Cuando lo consigo, eso sí, me invade una felicidad, fugaz pero intensa. Me refiero a la escritura, a que he encontrado las palabras.

3. ¿Participa en redes sociales de internet? ¿Qué opinión tiene de ellas? ¿Cree que acabarán con los blogs?

Estoy en Facebook y en Twitter. En Facebook, red en la que uso mi propio nombre, me meto muy poco, y principalmente para ver las fotografías y los comentarios que aparecen en un grupo que hay de gente de mi pueblo. Me ha servido también para contactar con antiguas (e importantes) amistades de la infancia, de la adolescencia y de la juventud, las cuales, por mis múltiples cambios de domicilio, no he podido conservar. Me he acostumbrado al desarraigo, pero a veces necesito reencontrarme con mi pasado, y Facebook me sirve para ello.

Twitter es diferente. Allí uso el nombre de Rock & Bolesco. No sé muy bien qué hago ahí, pero el caso es que no consigo irme. Me río más en Twitter que en Facebook. He notado cierta ‘tuiterización’ de la vida. Una de las cosas malas de twitter, debido tal vez a su formato, es la banalización de las cosas. Twitter se presta mucho al ingenio, al aforismo, al juego de palabras y, claro, poco a la reflexión y al análisis (a diferencia de los blogs, por ejemplo). ¡Pero es muy divertido! Jijí-jajá, jijí-jajá. Ojo, me río de mí mismo. ¿Quién está exento de aparecer, con toda justicia, en uno de esos pe-de-efes que circulan por ahí? El pdf de los cabreados, El pdf de los listillos, El pdf de los matones, El pdf de intransigentes, El pdf de los trolls (o trolles), El pdf de los enteraos, El pdf de los encantados de conocerse, El pdf de los masocas (me encantan los tuiteros que buscan las cosas que más les cabrean), El pdf de los que tienen gato, El pdf de los plastas, El pdf de los posmodernos… Insisto: ¿quién no podría estar en un pdf? Yo, seguro que en varios. Por eso quiero irme antes de salir en alguno.

No sé si acabarán con los blogs o no. Sí es cierto que hay personas que participaban mucho en blogs y que han desaparecido de aquellas comunidades que se formaban en la parte de los comentarios y se han cambiado a las redes sociales. Esas personas han (hemos) perdido mucho. No creo que sean incompatibles, aunque sí es cierto que compiten por nuestro tiempo, que, efectivamente, es limitado. En twitter uno puede esforzarse menos. También creo que Twitter tendrá su decaimiento y su final, y que otras cosas vendrán.

4. ¿Consulta las estadísticas de su blog? ¿Le influyen la cantidad o el contenido de los comentarios?

Sí, sí las consulto. Hay días que tengo cero visitas, otros días tengo una, otros tengo quince… El máximo número de visitas se corresponde con una entrada de enero de 2008, que obtuvo 233 (creo que todos los 17 de enero debería celebrarlo). Era un post sobre Lenocinio Vivales, un personaje al que anduve dándole vueltas un tiempo. Por cierto, estos días, a raíz de estas preguntas que me hace, he rescatado a don Lenocinio, que nació antes de que yo tuviese twitter, y he enlazado alguna de sus andanzas. Han sido bien aceptadas, me parece, por las visitas. Otra cosa es que los visitantes las hayan leído.

En Twitter y en Facebook tengo puesta la dirección, y a veces tuiteo algún enlace con la intención de difundir las entradas, pero cuando lo hago no suelen pinchar en él más de media docena de personas en el mejor de los casos, y mucho menor es el número de retuits. Al principio era un poco frustrante porque lo hacía para difundir, para dar a conocer algo, y el hecho de comprobar que no tengo repercusión me dejaba un poco chafado. Algo he leído acerca de cómo afectan al ánimo estas cosas en relación con las redes sociales. Yo pensaba que escribir algo aceptable y que alguien lo difundiese con un retuit a sus miles de seguidores iba a ser relativamente fácil de conseguir, pero no funcionan así las cosas. No sé cómo funcionan realmente, pero sé que no funcionan así. Hay que escribir más de fútbol. Sí, sobre el fútbol, pero yo no sé escribir sobre ese tema.

Sigo poniendo los enlaces de mi blog en las redes sociales (en facebook lo hago menos porque me conocen más) cuando escribo algo nuevo, pero ya no tengo esa preocupación que tenía al principio. Ahora suele ocurrirme que gente que no conozco, con quien no he hablado nunca, se detiene en lo que pongo y lo retuitea o lo comenta o me manda un mensaje diciendo que le ha gustado o que le resulta interesante. Eso me anima mucho, sí. Y lo otro ya no me decepciona. Vuelvo a estar feliz.

La escasa repercusión de lo que escribo me influía más al principio porque a mí me hubiera gustado tener más visitas y que hubiese mayor interacción en los comentarios. Cierto es que nunca he hecho gran cosa para difundirlo, y en los blogs en que participo, en los cuales escribo más que en el mío, nunca he puesto enlaces en mi nick, y en muy pocas ocasiones he puesto un enlace promocionando una entrada. Supongo que la razón era, al principio, el miedo al ridículo, y ahora, sin habérseme pasado del todo ese miedo, es la costumbre.

Respecto a la calidad de los comentarios, aunque me gustaría que hubiese muchos, no me preocupa ni tengo establecida una escala de valoración. Hay comentarios de diferente tipo (saludos, alabanzas, críticas) y, dentro de cada uno de estos tipos que digo, los hay más o menos elaborados. Pero, insisto, eso no me preocupa. Lo que realmente me preocupa es la calidad de mis entradas. La calidad y la cantidad. Me gustaría aumentar los dos aspectos: escribir más y escribir mejor. Sí, eso me preocupa porque es lo que realmente depende de mí. Ya de paso, imagino, si escribiese más y mejor, supongo que tendría una repercusión sobre la cantidad y la calidad de los comentarios. Pero esto es secundario. A mí me encanta recibir comentarios de la gente. Escribir una entrada, que es como echar la caña, y esperar a ver si pican. De pequeño me gustaba mucho pescar. El río de Manzalvos llevaba bastantes truchas. Las hacíamos fritas con jamón, rellenas de jamón, ese jamón que se cura en Galicia, que no es nada bueno si lo comparamos con el ibérico pero que para rellenar truchas es muy válido. Este jamón, presunto lo llamamos a menudo por allí, ya le digo, no es una exquisitez. Yo prefiero no curarlo y hacerlo asado en el horno de la panadería, que queda muy rico y jugoso. Si tuviésemos tiempo le contaría una historia muy graciosa de una señora que, cerca de allí, tiene un bar-restaurante y, en complicidad con un veterinario, se surtía en el pasado para su carta de los cerdos que habían sido descartados por él en las matanzas debido a la triquinosis (o algo así). No sé qué hay de cierto en ello [risas], pero es una historia muy graciosa. Yo, cuando voy a su bar con hambre, suelo pedir bollería industrial.

Pero ya le digo, para mejorar la calidad de los comentarios y aumentar su cantidad no queda otra que escribir mucho y bien. ¿Qué es escribir bien? ¡Amigo! Ahí tendríamos para otra entrevista, ¿verdad? Tampoco conviene aburrir a sus pacientes lectores. ¡Cómo me gustaría escribir bien! Si escribiese bien, seguro que escribiría más. Hablábamos antes de truchas y deberíamos hablar de pescadillas que se muerden la cola, ¿no le parece, Albert? Ahora bien (y entre nosotros): soy más de carne.

5. ¿En su caso, qué correspondencia hay entre la persona “real” y la que escribe en internet? ¿Le preocupa de algún modo esta cuestión?

Me parece que soy el mismo. Uso un seudónimo que no es más que una manera diferente de pronunciar mi nombre seguido de mi pueblo, Manzalvos. Podría haber puesto mi nombre y mis apellidos, pero me pareció una buena manera de librarme del nombre y del apellido que llevaba mi padre. Mi padre su fue una vez a por tabaco y al cabo de los años, bastantes años, recibí desde Veracruz (México) su acta de defunción. En una entrevista a Cortázar le oí contar una historia parecida sobre su padre. En algo soy como Cortázar aunque no en su prosa. Me quedé, al menos eso sí, en cronopio. Mi caso no fue exactamente como el de Cortázar, que le pasó de niño, creo recordar, pero sí muy parecido en el resto, aunque yo llegué a verlo en alguna ocasión, en pocas ocasiones. Una vez tuve, hace como cinco años, un alumno de Veracruz, un señor serio, y le conté por encima la historia para pedirle el favor de que, a su regreso a México, se desplazase al cementerio (en el acta de defunción que conservo viene la localización de su ‘panteón’) y que le hiciese una fotografía a la tumba y me la mandase por correo electrónico, y que si podía pusiese unas florecillas como las que cantaba Cernuda en sus ‘Mercaderes de la flor’, que yo se las pagaría. Quería tener una imagen, algo con su nombre, cualquier cosa que me sirviese de recuerdo o de estampita. Me prometió que iría, pero no volví a tener noticias de aquel buen hombre. Ahora lo que hago es buscar en Google Maps el cementerio de Veracruz y ampliarlo lo que se puede. Desde el aire recorro las calles flanqueadas por túmulos y lápidas, y juego a adivinar cuál de aquellas tumbas puede ser la suya. Es un momento íntimo para mí, ¿sabe?

Decía -no quiero despistarme de su pregunta- que el nombre de mi blog, mi seudónimo, está motivado un poco por eso, pero el que escribe soy yo. No creo que imposte demasiado; si acaso, me autocensuro mucho.

6. ¿Cuál diría que es el rasgo principal de su carácter? ¿Qué imagen tiene de sí mismo?

Diría que tengo un carácter tranquilo, que es el que más me conviene. Los mayores errores de mi vida los he cometido en los momentos en que perdí los papeles. Recuerdo uno glorioso. Imagínese, Albert, recién cambiado de casa, con un bebé de días, todo lleno de visitas y su suegro dando por culo con no sé qué de unas ventanas. Perdí los papeles, Albert.

7. ¿Qué tipo de impresión cree que produce a primera vista en alguien que acaba de conocerle? ¿Cree que, en general, cae bien o mal a la gente?

No creo que sea mala más allá de cierto ‘torpe desaliño indumentario’. Me ocurre, ya desde pequeño, que suelo caer mejor a las mujeres que a los hombres. Tengo, por tanto, suerte de no ser gay, ¿verdad?

No obstante lo anterior, sí diré que tengo la impresión de que en twitter caigo peor. Todos caemos peor en twitter porque twitter, entre otras cosas, también saca a la luz lo peor de todos nosotros. Si se está mucho en twitter, suele ocurrir. Y yo he estado bastante. Ahora bien, esta imagen que se da en twitter se deriva del medio, del formato que, como decía, se presta muy poco a la reflexión y mucho al calentón verbal, por lo que no debemos juzgar a las personas exclusivamente por lo que dicen en twitter.

8. ¿Podría citar la alineación habitual de la selección española de fútbol? ¿Sabe cómo se llama la actual esposa de David Bustamante?

Ay, Albert, creo que no acertaría a dar el once habitual (no he visto los últimos partidos). Si me pongo a hacer memoria, seguro que recuerdo el once de las finales de 2008, 2010 y 2012. Del fútbol me gustaba, sobre todo, jugarlo, participar, aunque fuese en el banquillo (no se imagina la cantidad de banquillo que he chupado. Era portero). Recuerdo en juveniles en el campo El Sangoñedo jugando un partido de máxima rivalidad contra el Lemos en unas semifinales de la Copa de la Diputación. Estábamos atacando y se produjo un rechace que envió la pelota hacia mi portería. El delantero centro corría para pillarla, pero yo, que estaba algo adelantado llevaba las de ganar. Mientras corría hacia el balón iba pensando en qué hacer, y recuerdo que tomé la decisión de darle una patada fuerte. Pero solamente alcancé a tocar un poquito la pelota, que me pasó por encima del empeine y siguió con su trayectoria hacia la portería, aunque lo suficientemente desviada como para dar en la parte externa del poste y salir a córner. Oí risas en la grada y creo que hasta me puse rojo. Sacaron el córner en jugada ensayada y acabaron chutando desde el pico del área. Me lancé y, aunque no a mano cambiada, saqué el balón de la escuadra con un despeje a la banda. Un paradón que no se lo he visto hacer a ningún portero todavía. A Dasáyev le vi una parecida, pero no tan en la escuadra. Hubo gente levantada aplaudiendo un rato y algunas personas me felicitaron al terminar el partido, el cual perdimos, por cierto. Qué difícil es practicar la humildad en momentos así, en momentos en los que todo el mundo te dice lo bueno que eres.

Lo bueno que tenía yo como portero es que, por algún motivo, poseía una especie de imán que hacía que muchos balones pegasen en mí en lugar de entrar en la portería, y muchas veces convertía en paradones a los ojos del público lo que realmente eran ademanes para protegerme de los zambombazos (que en Chantada se llaman ‘cacheiros’). Me acuerdo muchas veces de Méndez y de Moure (central y líbero), y de Emilio y Freire (laterales). Y de Faílde, el mediocentro, que regenta un bar aquí en Madrid cerca de donde yo trabajé unos años, por la Colonia El Viso. Entré a tomar un café un día y me lo encontré. ¡Qué sorpresa y qué alegría y qué buen rato pasamos! Fue en 1993. No volvimos a vernos desde entonces.

Respecto a la segunda pregunta, creo que Chenoa. ¿No? ¿La de Eurovisión? ¿O era Rosa? No pienso ir a google (y mire que ahora me pica la curiosidad por saber algo que no me interesa en absoluto. ¡Cómo es usted, Albert! ¡Cómo es!).

9. ¿Está al tanto de la actualidad? ¿Por qué medio suele enterarse de las noticias?

Yo pensaba que sí, pero visto que tengo mis dudas con lo de Bustamante…

Para las noticias tengo una aplicación en el teléfono que se llama ‘Noticias y tiempo’. Mientras me tomo el café por la mañana suelo utilizarla. Hubo una época en que compraba el periódico, incluso había días en que compraba más de uno. Yo ganaba menos dinero entonces que ahora, pero aun así compraba la prensa. Ahora es gratis y, fíjese, me interesa menos. Es algo muy curioso y me ocurre algo parecido con el porno. Me explico: he llegado a ver con bastante interés e insistencia escenas de la película porno de Canal+ con las rayas del codificado y, ahora, que tenemos todo el porno que nos dé la gana en internet, no suelo verlo. Igual es por la edad, que nos lleva a perder las ganas, también de las noticias.

Reconozco que es conveniente estar al tanto de lo que sucede, y eso hay que hacerlo, por lo general, leyendo noticias. Lo que ocurre es que los hechos por sí solos no son noticias, sino que hay alguien detrás que está decidiendo qué es noticia y qué no lo es, y cómo ha de interpretar uno la noticia, por lo que a veces me pregunto si estoy al tanto de la actualidad o si estoy al tanto de lo que alguien decide que tal hecho es la  actualidad de la que tengo que estar al tanto, y esto a veces responde a intereses que no son los meramente informativos. Entonces, ¿de qué estoy al tanto? Es un follón, Albert.

10. ¿A qué personaje público vivo diría que admira y a quién detesta?

Admiro a mucha gente, pero no suelen ser personajes públicos. La admiración, en mi caso, está motivada por cierto conocimiento de la persona y de sus obras, y no conozco a mucha gente pública. Si me paro a pensar un poco creo que puedo afirmar que no conozco a ninguna persona pública, es decir, que no conozco a ninguna persona famosa. La gente a la que admiro suele pasar desapercibida para el público. Tampoco esas personas saben que las admiro, supongo.

Siento especial desprecio por todas aquellas personas que, en el ejercicio de su poder, se comportan de manera tiránica. Con esto no me refiero únicamente a personas públicas o a gobernantes. La persona que está por encima de usted en su trabajo puede ser, también un tirano, un padre o una madre pueden ser igualmente tiránicos, como un juez, un policía, etc. El poder es el mal, y, es verdad, hay que ser muy responsable en su uso.

11. ¿Qué tipo de imágenes le hacen apartar la vista del televisor?

No sabría decirle cuáles, pero sí hago zapping cuando, por ejemplo, en una película, se recrean en la violencia. Me acaba doliendo a mí también, se lo juro; noto una sensación muy desagradable, una sensación física. Prefiero el erotismo o el porno (ante los que también reacciono físicamente) aunque, como ya he dicho, no lo vea mucho una vez que he aprendido las suficientes picardías amatorias de este ars amandi ilustrado. Ver violencia ficticia más allá de lo que pueda ser necesario para el argumento de una película no me interesa. Siempre he preferido la sugerencia a lo explícito; me parece que detrás de la sugerencia hay un trabajo más elaborado, más admirable, más valioso.

Cuando las imágenes de violencia son reales también me hacen sentir mal, pero creo que tengo cierta obligación de conocerlas para saber cómo son las cosas. Y no me refiero, por supuesto, a las que ofrecen esos programas como Impacto TV y cosas así, que están hechos para disfrute de los espectadores a partir de desgracias ajenas, muchas de ellas terribles.

También me hacen apartar la vista del televisor los ‘realities’. Nunca he podido con ninguno de ellos. Una vez, sin embargo, vi completo un capítulo de un reality. Fue muy emocionante porque ese programa giraba en torno a si Dinio (un famoso que estaba casado con una actriz o algo así) había introducido el pene en la boca de Yola Berrocal con consentimiento de ésta. El público al final gritó su veredicto durante más de un minuto:

‘No pasa nada

por una mamada’.

Fue apoteósico. ¡Y en pareado! A mí siempre me ha interesado mucho la lírica popular, el metro sencillo y los motivos cotidianos. ¡El poeta anónimo! ¡El gran poeta anónimo! Mire, estoy mirando la posibilidad de reunir algunos textitos míos, cancioncillas, poemillas, y pagar de mi bolsillo una edición que, para ser coherente con el carácter y naturaleza de dichos textos, debería ser anónima y no venal. He visto que por quinientos eurazos pueden editarme unos cien ejemplares, los cuales regalaría a mis amistades, dejando un par de ellos para que mis hijos me vayan haciendo la crítica. Tengo la suerte de que mis hijos son bastante sinceros conmigo sobre las cosas que hago: los arroces, los desayunos, el embozo de la cama. Me han mejorado mucho, y espero que me ayuden a mejorar también estas cosillas que a veces escribo.

12. ¿Qué titular le gustaría leer mañana a cinco columnas en la portada de todos los periódicos? (No ideal, sino posible y adecuado al tiempo y el mundo que vivimos).

¡Hombre, me alegro de que me haga esa pregunta, Albert! Pues supongo que alguno relacionado con el empleo, con la bajada del paro. Me gustaría un titular que dijese que no hay paro o que hay muy poco paro. ¿Ve? Me he ido por uno ideal y difícilmente posible. Pero es que el trabajo es fundamental, y no me refiero tanto a aspectos económicos, sino sociales. El paro afecta a las personas no ya en lo fundamental como la alimentación y la vivienda, sino en aspectos que a menudo pasan desapercibidos o que quedan eclipsados. Acaba con el ánimo, nos deprime. Cuando la pobreza entra por la puerta no es sólo el amor lo que salta por la ventana. Por la ventana salta todo hasta que no queda nada (y ya luego viene el banco a quedarse con la casa). Del paro intuyo que se derivan, también, problemas de salud, y afecta enormemente a la educación y a otros aspectos de la sociedad como tal. El parado es la víctima directa, pero su familia es también una víctima y la sociedad padece también las consecuencias. No querer ver esto es no querer estar en el mundo. Hay estudios que concluyen que existe una relación entre el paro y el fracaso escolar de los hijos de las personas en paro; el paro puede llevar a las personas a delinquir para conseguir dinero, el paro puede llevarnos a las drogas o al alcohol, a la soledad, a la exclusión… Esto lo ve cualquiera sin necesidad de acudir a ningún estudio. Todos conocemos casos concretos de personas próximas. Los estudios nos demuestran que no se trata de casos aislados, nos dan cifras, cuantifican el problema. El problema, o buena parte del problema, es que quienes tienen como misión arreglar estos asuntos están bastante alejados de la realidad. Si la ciudad se vuelve peligrosa porque aumenta la delincuencia, ellos se van a vivir a urbanizaciones cerradas, auténticas fortalezas con seguridad privada. Esto se ve muy claramente en los países pobres o empobrecidos, pero también se ve en España. Conozco un poco, por ejemplo, El Salvador, y allí puede darse uno un paseo por el centro de San Salvador y ver las venas abiertas de Centroamérica, y luego pasearse, si se lo permiten a uno, por alguna urbanización que poco o nada puede envidiarle en lujo a las de los países ricos. Mi opinión es que para convivir de manera pacífica deben eliminarse lo más posible las desigualdades sociales de manera que las clases más bajas prosperen, crear un contexto de bienestar. Otra manera de verlo es actuar a posteriori, es decir, que si la delincuencia aumenta, hay que reforzar la policía y construir más cárceles, protegerse en fortalezas y legislar para contrarrestar este poder ‘delictivo’. La Ley de Seguridad Ciudadana (si se llama así, que no lo sé) parece ir en ese sentido, pero no la conozco lo suficiente. ¿La gente se manifiesta?, pues más número de efectivos policiales y mejores medios y leyes para combatir las revueltas.

Por eso creo que el paro es un problema grave. Cierto es que ese bienestar del que hablo, aunque nos favorece, también nos aburguesa y nos impide reflexionar sobre nuestra situación como ciudadanos, nos impide conocer cómo estamos en la vida. Pero reconozco que eso es mejor que nada. Ya le digo que soy un socialdemócrata, una cosa suave, Albert. No seré alarmista y reconoceré, eso sí, que la conciencia crítica no va a desaparecer. Fíjese si no en el 15-M. Recuerdo que usted dijo una vez que el 15M se quedaría en nada pasado el tiempo, y en cierto modo es verdad, pero debe concederme que algo ha quedado y que lo que queda es poco pero fuerte a pesar de que tenga -la prensa ha puesto mucho empeño en ello- una muy mala  imagen.

13. ¿Es partidario de la intervención militar por parte de los países occidentales en conflictos donde se vulneran derechos humanos?

Dicho así, en general, diría que sí. Pero eso es algo que hay que matizar mucho, porque todos somos conscientes de que hay casos en que, bajo la excusa de defender los derechos humanos, se están defendiendo otros intereses relacionados con recursos energéticos o con la ‘geoestrategia’, etc… También hacen referencia a lo humano, es decir, a la condición humana. Y, además, está el método, que sabemos que es algo fundamental. Por ejemplo, Guantánamo es muy ilustrador. Sacan a los sospechosos de sus países desérticos y tristes, de mujeres en burka, y se los llevan al Caribe a disfrutar del buen clima, de las playas, del buen tabaco y del ron, del son cubano, del mulatismo y de los tangas. ¡Eso, eso es lo que nos hace moralmente superiores! ¡Así sí podemos luchar contra quienes no respetan los derechos humanos!

Pensemos en los lugares en los que los países occidentales han intervenido militarmente en pos de defender los derechos humanos y tratemos de ver si esos países están mejor ahora que antes. Unos están mejor y otros están peor. Pensemos en los que están peor y preguntémonos por qué están peor. ¿A que, sin hacer mucho esfuerzo, ya intuye algo?

Pensemos ahora en los países donde los derechos humanos no existen y en los que no hay previstas intervenciones. En estos países se da, a veces, la circunstancia de que el statu quo imperante favorece los intereses occidentales, y Occidente cree que le beneficia más mantener, por ejemplo, a un tirano sanguinario que ayudar a instaurar un régimen democrático. Estos intereses suelen ser económicos. No estoy descubriendo nada, pero ¿por qué nos empeñamos en dejarnos ganar por los eufemismos? Cuando digo ‘Occidente’ no me refiero a todo Occidente. Se trata de unos pocos países. No sé si España está entre ellos. Quiero creer que sí.

14. ¿En qué casos hipotéticos justifica o comprende una insurrección armada?

Cuando hay una situación de terrible y enorme desigualdad en una sociedad, una desigualdad que afecte a las necesidades más básicas, como la libertad, la alimentación o la educación, y que impida que las personas desfavorecidas puedan prosperar. Si no permite por cauces pacíficos mejorar las cosas, entiendo que se produzca la insurrección y, por qué no decirlo, la revolución. Esto no quiere decir que con ello se llegue necesariamente a una situación justa (los ejemplos de que no es así son numerosos). Me he referido a las mayorías, pero entiendo, también, la insurrección armada de las minorías. No nos olvidemos nunca de las minorías. De las minorías desfavorecidas no en tanto que minorías sino en tanto que personas, que los multimillonarios son, también, una minoría aunque posean la mayoría del dinero. Como personas merecen tanto como los demás. ¿Usted cree que como ciudadano tiene la obligación de tratar de hacerse rico? Ay, qué manía tengo de irme por las ramas, lo siento.

15. “Es hora de refundar el capitalismo sobre nuevas bases éticas. Los poderes públicos deben regular el sistema financiero internacional” (Nicolas Sarkozy, septiembre de 2008). ¿Qué opinión le merece esa declaración?

Si nos ponemos en el contexto en que fue pronunciada, quizá se tratase de una declaración esperanzadora porque parecía un diagnóstico desde dentro del sistema capitalista en que vivimos, como un fogonazo de lucidez a partir del cual podrían hacerse ajustes que mejorasen el sistema en beneficio, principalmente, de los ciudadanos. Además, esto daría una mayor importancia al papel de los filósofos. Pero si ha habido ‘refundación’, esta ha consistido en lo contrario: un mayor poder de la economía financiera sobre los Estados (a los que les dice cómo deben gobernar para tenerlos contentos) y en un empeoramiento de las condiciones de los ciudadanos que se observan en más paro, bajada de salarios, aumento de jornadas laborales, favorecimiento del despido, recortes… Mi opinión es que hemos empeorado. Empecé a sospecharlo cuando veía cómo al ministro José Blanco se le llenaba la boca con esa misma expresión. Qué ‘campeón’.

Creo que en esto estaremos de acuerdo, si no todos, una gran mayoría. Lo que ocurra en el futuro no lo sé, aunque se puede ir haciendo un pronóstico.

16. Política, social, económicamente, ¿a qué país del mundo le gustaría que se pareciese España?

No creo que haya un país paradigmático al que convenga imitar de manera exclusiva. Me gustaría una España donde funcionase bien una socialdemocracia. A mi juicio, es el sistema que más nos conviene. Quienes procedemos de zonas pobres, donde casi no ha habido Estado, podemos comprobar el mejoramiento de las condiciones de vida mediante medidas de corte socialdemócrata. Un enorme mejoramiento, Albert. Antes, el Estado lo representaba en estos lugares el cura, el cuartel de la guardia civil, el médico (si lo había), la escuela primaria y el cacique. El cacique siempre estaba, y aunque todavía perdura un poco de todo aquello, ha cambiado mucho, y ha cambiado para mejor. El Estado se ha hecho más presente y lo ha mejorado. Además, no ha supuesto ningún inconveniente para que quienes eran ricos pudiesen seguir siéndolo. Qué miedo tiene la gente a perder sus privilegios.

Pero la socialdemocracia no ha funcionado todo lo bien que debiera. En varios aspectos. Por ejemplo, no ha sabido crear un sentimiento nacional que dé unidad en España. No me refiero con ello a un patriotismo rancio basado en el orgullo, sino a un país del que sus ciudadanos se sientan satisfechos como sociedad. El mensaje de que ‘España es un país especial’ ha creado, efectivamente, un país especial. Hay, como dice Meursault, algo o mucho de performativo en estos mensajes. De estos asuntos hablo mucho con Meursault. Él es un buen analista de estas cosas y de muchas otras.

Tampoco la socialdemocracia ha sabido ofrecer una imagen positiva, por ejemplo, de los intereses públicos. El Estado está representado en buena medida por sus trabajadores, y los trabajadores públicos no siempre han sabido transmitir a la sociedad la necesidad de su existencia y la conveniencia de su trabajo, además de la satisfacción que supone ser un servidor público. Esto es importante, porque si queremos más España, entiendo que debe haber más Estado. Aquí se habla de reducir más el Estado y, al mismo tiempo, mostrarse más español que nunca. Igual es que tenemos que ponernos una pulserita y vestir un polo que lleven estampada la bandera de España (además de tener cuenta en Suiza) para ser patriotas. A mí me resulta curioso, por ejemplo, lo que ocurre en algunos países, en los que un señor que duerme en la calle y se alimenta de la basura, mientras viaja en el furgón de cola de su sociedad ondea orgulloso la bandera de su país. Digo que me resulta curioso, no lo censuro, allá cada uno. Mi forma de entender el patriotismo es diferente y me cuesta comprender cómo esa persona, que tiene las puertas de la prosperidad cerradas (porque la igualdad de oportunidades no sale, como los champiñones, un día de sol después de la lluvia, sino que hay que crearla) y vive en la miseria está dispuesto a dar la vida por su país.

Non quero caldo con unto

nin patacas con aceite.

Non quero muxí-la vaca

‘pra’ que outros beban o leite,

dice la canción. Es muy complejo todo, Albert. Y es, para mí, apasionante y necesario reflexionar sobre estas cosas. Sobre estas cositas. Pagar los impuestos, cumplir las leyes, convivir pacíficamente y ayudar a mis conciudadanos es, para mí, suficiente amor a la patria. Y tratar de no estropear el medio ambiente en lo que me sea posible, claro. No nos olvidemos de eso. Ir más allá no me parece bueno.

17. ¿Es partidario de alguna reforma profunda o sustancial en nuestra Constitución?

Conozco poco la Constitución. No obstante, entiendo que se trata de un texto que rige nuestra convivencia, por lo que creo que, en la medida en que nuestra convivencia lo necesite, conviene ser reformada. No digo que esto haya que hacerlo, sino que soy favorable a que se pueda hacer si lo necesitamos. Últimamente estamos asistiendo al debate de si hay que reformarla en los puntos que atañen al modelo de Estado, y me imagino que eso implicaría una reforma sustancial. El problema que veo aquí es que la Constitución debe reformarse ‘por todos los españoles’ (mediante sus representantes), no únicamente por una parte, y para ello debe haber un deseo evidente de hacerlo. Esto que digo contradice lo que ocurrió con la reforma exprés impuesta por la Unión Europea y que a mí me pareció mal aunque dicha reforma fuese, desde el punto de vista legal, correcta. Teníamos que haber votado todos los españoles si queríamos o no  que la Constitución diga que lo primero de todo es pagar la deuda. No la hemos reformado al gusto de los españoles, sino que ha sido al gusto de los mercados, cuyos integrantes ni siquiera serán de España en su mayoría, Albert. ¡Igual nos la ha reformado un chino o un ruso! ¡Nos piden amor a la patria! En España se tiene poco amor por la patria y por la Constitución, Albert. ¿Le parece extraño?

Sí, soy partidario de modificar la Constitución si es necesario y de hacer, incluso, otra nueva si hace falta. Pero para ello creo que son necesarias varias cosas: necesidad, claridad en qué hay que reformar, por qué, cómo y para qué se quiere reformar, además de una absoluta lealtad por quienes deben dirigir esa tarea, es decir, los políticos. Y que sea votada por todos los españoles. Y que la reforma sirva para algo, porque, para el caso de Cataluña al que me refería antes, si el fin último del nacionalismo es la independencia, ¿para qué vamos a andar reformando algo que igual el resto no ve prioritario y que a los propios nacionalistas no dejaría satisfechos? Qué disparate.

18. ¿Cree que siguen teniendo sentido las expresiones “ser de izquierdas” o “ser de derechas”?

Imagino que uno es más de izquierdas o de derechas en la medida en que sus ideas coincidan más o menos con alguna de estas ideologías, pero una esencia de izquierdas o de derechas me parece algo artificial, algo forzado. Personalmente, me considero más hacia la izquierda que hacia la derecha, pero en ningún caso podría decir de mí que ‘soy de’ ni mucho menos sentirme orgulloso de ello, como la publicidad de aquel periódico que establecía perfectamente los límites en función de cuál fuese el periódico que se comprase. Qué risas nos echamos con aquel anuncio, ¿verdad? ‘Orgulloso de ser de izquierdas’ [risas], y salía un señor con chaqueta de pana y El País bajo el brazo [risas]. Le faltaba un guitarrón de madera en la otra e ir silbando algo de Joan Baez [risas]. ‘Orgulloso de ser de derechas’, y un joven moderno con La Gaceta [risas]. No lo recuerdo muy bien, pero era algo así [risas]. Es una pena que por motivos económicos haya tenido que cerrar ese periódico en papel que, entre otras lecciones, nos daba tan buenos consejos acerca de cómo gestionar los asuntos económicos, aunque más lo lamento por todas las personas que se han quedado sin trabajo. La imagen que recuerdo de su director (no sé si sigue de director) es la de, en un programa de televisión -creo que en Telemadrid, pero no estoy seguro-, llamarle ‘indigente intelectual’ a Zapatero’. Qué poco ha aprendido la gente de Fedeguico, ¿verdad, Albert? Yo echo mucho de menos a Fedeguico. ¡Fedeguico en twitter! ¿Se imagina? A mí no me importaría un twitter de pago por poder seguir a Fedeguico.

Sí, tienen sentido las ideologías y me parece que son necesarias. Conviven y gobiernan, unas veces unas y, otras veces, otras, y negocian y así vamos tirando todos. Pero si desaparecen, nos sale el nihilismo o, en el mejor de los casos, un Jesús Gil, ¿no cree?

Digo que tienen sentido, Albert, pero no hay que tener fe en las ideologías. Deben poder evolucionar a medida que la sociedad va, también, evolucionando. Incluso debemos poder cambiar de ideología. Una cosa es la ideología y otra es la realidad en la que hay que aplicarla. ¡Bah, Albert! ¡Bah! No haga caso de quienes dicen que hay que ser solamente pragmáticos.

19. ¿Qué delito le parece que no está suficientemente penado?

No conozco cuáles son las penas que establecen las leyes que tenemos, por lo que no puedo contestarle. Si me pregunta por la cadena perpetua o por la pena de muerte (que es un asunto de actualidad al que se recurre siempre que se conoce algún crimen o que alguien sale de la cárcel), mi opinión es que no deben contemplarse como castigo. Me ha parecido ver en quienes las defienden altas dosis de demagogia y de populismo que me inquieta. Pero es un debate que tenemos en España en estos momentos y no debemos tener miedo a este debate. Como no deberíamos tener miedo a ningún debate, incluido el que afecta a la Constitución, sobre el que me preguntaba antes. Tiene miedo quien no tiene armas, esto es, quien no tiene argumentos sino prejuicios. ¡Prejuicios!

20. ¿Partidos con postulados racistas u homófobos deben tener el derecho de presentarse a las elecciones?

En mi opinión, no. Los postulados racistas y homófobos son mentiras impepinables sobre las cuales nada debería construirse, y mucho menos deberían formar parte de la estructura política de una sociedad. El problema no es exactamente que sean mentiras, porque muchos programas políticos, lo sabemos, son mentiras. El político que cuenta mentiras que ni él mismo se cree no es el peligroso. Es peligroso el político que tiene fe en una mentira, que la toma como verdad, que se la cree, que no se la cuestiona. ¡Esos son los peligrosos! Mentir está feo, Albert, pero creer en una mentira y, como si fuese una verdad, desarrollarla, está peor, y esa gente debería estar al margen. Porque a ver si ahora que pedimos a los partidos que condenen la violencia, vamos a… No, Albert, no. Me parece una miseria indefendible; no hay por dónde coger eso.

21. ¿Deben las administraciones hacer esfuerzos económicos y dejar de construir carreteras para garantizar la conservación de especies en peligro de extinción, como el lince ibérico?

El esfuerzo debería consistir en hacer carreteras y, al mismo tiempo, preservar el lince ibérico. Creo que es perfectamente posible, por lo menos en el momento actual. Si algún día llegamos a ser trescientos millones de españoles, lo veré más complicado porque no habrá sitio para todos, y antes me parece que deben estar las personas y conservar aquellas especies que nos vayamos a comer. Pero hoy por hoy… Cierto es que hay muchos ‘linces’ a los que no les interesa para nada el lince o que les interesa mucho. Ese ‘lince’ no está en peligro de extinción, al igual que el águila imperial lo está, pero no el aguililla; o el buitre negro, pero no el ‘buitre’ a secas. Preservar el medio ambiente y la biodiversidad nos hace moralmente superiores a aquellas sociedades que no lo hacen. Nuestra grandeza, si la tenemos, está en estos detallitos, no en fabricar iphones, me parece. En ser conscientes de que hay que hacer esfuerzos y hacerlos. Por cierto, para esfuerzo, el que está haciendo usted conmigo: noto que se está mordiendo la lengua un poco. ¿O no?

22. ¿En el mundo actual sería lícito, legítimo, conveniente, gastar miles de millones en mandar una nave tripulada a Marte?

Creo que sí, pero depende, claro, de las intenciones que se tengan con ese viaje. No podría enumerar ahora los beneficios de haber llegado a la Luna. La intención de aquel primer viaje no parecía que nos fuese a beneficiar, pues era, fundamentalmente, propagandística. Pero desde luego creo que ha aumentado nuestro conocimiento y ello, aunque sea indirectamente, nos beneficia. Respecto a Marte, hay mucha gente, fíjese, que ha solicitado viajar sin posibilidad de retorno en un proyecto cuyo nombre no recuerdo ahora. Gente como usted y como yo, Albert; gente normal. Cierto es que cabe preguntarse qué puede hacer una persona en Marte sabiendo que no va a poder regresar para contárnoslo. Pero quizá sea necesario ese primer paso para que pueda llegar un momento en que los viajes sean de ida y vuelta. ¡Marte, todo por construir! ¡Hoteles! ¡Urbanizaciones con vigilancia privada! ¿Existirán los marcianos, Albert? Tengo un tío ufólogo que sale a veces en la tele y escribe libros. De estas cosas él sabe mucho. Para mí, mi tío ufólogo es a estas cuestiones lo que para Rajoy es su primo al cambio climático. Qué bueno es tener familia, Albert.

23. ¿Cree que la historia del mundo sería otra si el poder hubiese estado mayoritariamente detentado por mujeres?

‘Detentado’ no es la palabra, que puede parecer que ejercerían el poder de manera ilegítima. No lo sé. No sé si existe un ejercicio femenino del poder diferente al masculino. No conozco bien qué grados de felicidad o infelicidad alcanzan las sociedades matriarcales que haya habido o que todavía queden en el mundo. Las constantes en la historia parecen ser la conquista y la guerra, la lucha, la dominación, todo ello en búsqueda de la paz y la felicidad de los vencedores. No, no estoy siendo irónico. Pero, sí, es posible que, de haber personas diferentes en el poder, los acontecimientos hubiesen sido también diferentes, claro, pero no por cuestión de género. Esta afirmación es válida para los momentos (o contextos) en los que las personas tienen mayor peso, pero fíjese en que el otro día leí que lo que más influye a la hora de tomar decisiones económicas y las primas de riesgo y cosas así es lo que dice un programa informático que goza de bastante autonomía. No recuerdo bien los detalles, pero era algo así. ¿Cuál es el sexo o el género de un programa informático? ¿Qué le parece esto? A mí, Albert, me parece una mierda, pero a mucha gente le parece muy bien. Supongo que es, fundamentalmente, porque esa mucha gente debe de ver estupendo que unos pocos ganen con ello mucho dinero para pagarse los vicios y los lujos a pesar de que pueda hundirse el país en el que vivan y joder la vida de sus amigos y conciudadanos. A veces tengo la impresión de que todo el cotarro lo mueve una panda de vagos puteros farloperos. Me pregunto, por poner un ejemplo, qué pesaba más en DSK: si el deseo de arreglar -él, que podía en buena parte- los problemas económicos (y, por extensión, de la vida) de las personas o ser un gran follador, un pollamán. Son facetas distintas de una persona, lo sé, pero me niego a creer que no interfieran unas en otras. Vaya mundo el nuestro, ¿verdad?

24. ¿Cuál es la mayor diferencia psicológica entre hombres y mujeres?

No creo que las haya. Podríamos apelar a la cuestión hormonal o algo así para tratar de ver diferencias, pero tengo para mí que lo hormonal actúa más sobre el temperamento o el carácter de las personas que sobre su estructura psicológica (si se puede decir de esta manera, que a lo mejor estoy diciendo una tontería muy grande, como muchas veces hago, por cierto).

25. ¿En qué medida se siente identificado con los tópicos habitualmente atribuidos a los varones: vanidoso, competitivo, promiscuo, poco sensible…?

Todo es cultural. O casi todo es cultural. Si los hombres somos vanidosos o competitivos es porque nuestro papel en la sociedad así nos lo viene pidiendo: ‘los hombres no lloran’, ‘no me seas mariquita’, ‘no seas nenaza’, ‘llora como mujer lo que no has sabido defender como hombre’,  ‘un hombre se viste por los pies’, ‘un hombre de verdad es así o asá’, ‘un verdadero hombre no deja pasar la ocasión de follarse a una mujer’, etc. Sucede que me canso de ser hombre. Sigamos.

26. ¿Qué envidia de las mujeres?

No creo que tenga nada que envidiar de ellas, y no porque sea en algún punto misógino, sino porque me parece evidente que los hombres gozamos de muchas ventajas en la sociedad frente a ellas. Envidio (no es envidia) a las mujeres multiorgásmicas. No me lo tome como una frivolidad: lo digo en serio. Eso es una suerte que ya me gustaría para mí. En lo demás, las mujeres están bastante más puteadas que los hombres. Esto lo ve cualquiera excepto quien no quiere verlo.

27. ¿Se apasiona con facilidad?

Ya no. Hace mucho que no, pero es algo normal, creo, que ocurre con la edad. Es una pena, porque me parece que es más satisfactorio y más conveniente apasionarse que no apasionarse. Sí hay cosas, pequeños proyectos fugaces, que me animan y me dan algo de energía, pero, en general, tengo la sensación de que no me muevo yo, como un velero tampoco se mueve por sí mismo. Hay cierto decadentismo en esta postura que me incomoda. Que las olas me traigan y las olas me lleven, y que nadie me indique el camino a elegir.  Sí, a veces me siento así. Otras veces tengo que remar. Qué remedio me queda.

28. ¿En qué cree a estas alturas? ¿Por qué merece la pena vivir?

Contesto primero a la segunda pregunta, que es una pregunta ambigua, Albert, y voy a tener que responder a las dos preguntas que hay en ella. A la primera de las preguntas, ‘por qué merece la pena vivir’, entendida como ‘qué motivos hay para continuar viviendo’, no sabría qué contestar. Nadie quiso nacer ni nadie quiere morir, escribió Blas de Otero. Voy viviendo y no creo que estar muerto sea mejor. También hay que criar a los hijos, y me falta plantar un árbol y escribir un libro. Sobre la segunda interpretación de la pregunta, ‘la vida merece ser vivida, ¿por qué cree usted que es así?’, le respondería que lo veo muy seguro a usted de esa afirmación. Muchas personas sienten que poseen una vida que no merece ser vivida. Entiendo que eso ocurra, que haya gente que tome la decisión de morir. Las causas son muchas y, aunque algunas de esas causas (o todas ellas) puedan parecernos  superables, lo cierto es que la gente se suicida. Entiendo que haya gente cuya situación la lleve a tomar la decisión de morir. La medicina y la psicología trabajan sobre este asunto. Yo ahora ando leyendo Sobre el suicidio, de Karl Marx. Es otro enfoque. Me interesa el asunto. No me interesa suicidarme, pero sí el tema del suicidio y, por extensión, el tema de la muerte. Me preocupa mucho la muerte, esa parte indistinta de la vida. Se suicida mucha gente, Albert. Y mayor es el número de quienes, no suicidándose, llevan una conducta completamente autodestructiva. Habría que indagar, que rascar ahí, investigar sobre sus causas. Igual alguno nos dice que son los genes o así, pero a lo mejor nos llevamos una sorpresa y vemos que  es la estructura, las relaciones sociales, las condiciones laborales, lo que está detrás de estas conductas. Además, claro, de que el desamor o las enfermedades de malnutrición, las falsas amistades, la ambición sin aliento, las dolencias familiares, la competencia sofocante, el disgusto de una vida monótona, un entusiasmo frustrado y reprimido, y hasta el propio amor a la vida, esa fuerza enérgica de la personalidad, sean frecuentemente capaces de llevar a una persona a librarse de una existencia detestable. No me mire así, Albert. Yo sé que me voy por las ramas, que hablo de lo que no me pregunta, lo sé. Pero es que nunca me dan la oportunidad de hablar, de escribir, de citar. Lamento pagarlo con usted, que me da tan generosa oportunidad. Y voy yo y se lo pago con estas disertaciones…

¿En qué creo? Lleno estoy de sospechas de verdades que no me sirven ya para la vida pero que me ayudan a bien morir. Esto no lo comparto del todo, pero voy por ahí. No sé si soy un creyente que vive como un ateo o si soy un ateo que vive como un creyente. Me gustaría encontrar algo antes de morirme, antes de (re)encontrarme en el reposo de la nada. Me da pánico la muerte, Albert, pero sé que hay que ir dejando sitio para que vengan otros. Sí, creo en la muerte. Sabemos que no nos libraremos de ella.

29. ¿Cómo definiría, en general y desde su punto de vista, a “una persona afortunada”?

Míreme a mí, Albert. Tiene ante usted a una persona afortunada. Tengo, de momento, salud. También tengo, y también de momento, un trabajo que me gusta. Y tengo, igualmente de momento, personas a las que quiero. ¡Posibilidad de amar! Y tengo la lucidez de saber que todo eso que me hace afortunado es fugaz. Todo es precario, efímero e importante fue uno de mis primeros tuits, creo recordar. Me lo retuiteó Mesetas.

30. ¿De qué se siente orgulloso?

No creo que tenga motivos para sentirme orgulloso de nada en lo referente a mí. Lo que he venido consiguiendo desde el 3 de agosto de 1971 hasta hoy, esto es, sobrevivir, lo he logrado gracias, en gran medida, al apoyo y a la ayuda de la gente que me he ido encontrando y, en más de una ocasión, a haber estado en el lugar adecuado en el momento oportuno. ¡Ay, si hubiese tenido que hacer las cosas solo! ¿Quién puede hacer las cosas solo?

Si me preguntara de quién me siento orgulloso, miraría a mi mujer y a mis hijos, y diría que de ellos tres. También de mi madre, que ha tenido muy mala suerte en la vida y, sin embargo, ahí está. Y de otras personas que conozco y que han sido capaces de salir del hoyo, de hoyos muy profundos, de la Sima de los Huesos y de la Desesperación. Y, cómo olvidarme, de la gran cantidad de alumnos que he tenido y a cuya mejora general he tenido la suerte de poder contribuir. Parezco Pedro Almodóvar recibiendo un Óscar, Albert. ¿Es hora de irse, no? Qué lástima.

Gracias, Rock

BUENOS VECINOS:
  Martes 1 de abril, Hilia – “Hiliando”
 Pirata Jenny – “Notas del Pirata Jenny”
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16 comentarios en “Duarte Manzalvos

  1. Rocky, cómo me ha gustado esta riada de entrevista: qué de agua baja por el Manzalvos, baja el agua y bajan truchas y piraguas.
    Y baja esto, atómico:
    «Mi padre su fue una vez a por tabaco y al cabo de los años, bastantes años, recibí desde Veracruz (México) su acta de defunción. Ahora lo que hago es buscar en Google Maps el cementerio de Veracruz y ampliarlo lo que se puede. Desde el aire recorro las calles flanqueadas por túmulos y lápidas, y juego a adivinar cuál de aquellas tumbas puede ser la suya».

  2. Soy bastante prolijo, lo reconozco. Aquí vendría muy bien intercalar una graciosa historia que me ocurrió en alguna parte de Hispanoamérica con la palbra ‘prolijo’, que tiene un significado diferente al que le damos en España, pero no quiero abrasaros más, que ya bastante esfuerzo habéis hecho leyendo hasta el final. Por eso, y por vuestras palabras, os doy las gracias.
    Y cómo no agradecerle a Albert la generosa semblanza.
    ¡Saludos!

  3. joder, cualquiera le pregunta a usted cómo se va a la Corredera Baja… lo mismo la cierran antes de terminar la explicación.
    Aún así se me hizo entretenida la entrevista, eso dice mucho en su favor.
    Le reconozco que me ha decepcionado, ha rozado la respuesta a lo de Bustamante pero no acertó, y si…. vivir en este país y no conocer dicha respuesta es poco menos que imperdonable para alguien que se considere interesado en la actualidad de su país y la del mundo.
    No está reñido conocer a la guapísima Paula con estar al día en otro campos mucho más interesantes o importante, y le digo más… no hay que sonrojarse por saberlo, al contrario.

    Saludos.

  4. Querido Miguel Ángel,
    Si usted me encuentra en Mirasierra y me pregunta por la Corredera Baja, soy capaz de acompañarlo andando hasta allí y darle palique hasta que lleguemos, si es que llegamos.
    Le agradezco mucho su comentario, y créame si le digo que mi ignorancia acerca de determinados asuntos de actualidad no se debe tanto a que los considere menos dignos o a que me pudiese provocar sonrojo reconocer que sí estoy al tanto. No, no es por eso. No tengo nada contra Operación Triunfo ni contra Bustamante. Incluso no descarto la posibilidad de que haya visto algún programa en el que se hablase sobre su novia o su mujer o lo que sea. Si esto ha sido así, ha sido culpa de mi memoria, que por algún motivo no lo ha retenido, nada más.
    Un saludo.

  5. Hoy Perroantuán ha dicho unas cosas muy bien dichas de entrevistado y entrevistador. Las copio sin permiso para que estén también aquí y porque las suscribo:

    Perroantuán 25/03/2014 a las 13:00
    «Me ha gustado mucho la entrevista a Rocky. Albert escribe unas entradas terriblemente trabajadas en donde se nota el esfuerzo por comprender a los entrevistados. Tiene muchísimo mérito, teniendo en cuenta que —supongo— a la mayoría sólo los conoce por sus blogs.
    Respecto a Rocky está en la entrevista en estado puro, verboso, desinhibido, casi se le percibe feliz. Para que eso pueda ocurrir en una entrevista tiene que haber confianza en el entrevistador. Apúntese también un gran punto en esto, Albert».

  6. Muchas gracias, Procu, por el aviso. He estado intentando poner allí el comentario que reproduzco a continuación, pero me sale un mensaje (‘Token de seguridad no válido’) que me lo impide. Péguelo, si lo desea, usted en mi nombre. Dice así:

    ‘Muchas gracias, Procu, por la difusión y por sus comentarios. Es usted un encanto conmigo.
    __
    Efectivamente, Perro, he ido respondiendo a las preguntas de Albert poseído por un estado de ánimo alegre (todos sabemos bien qué ocurre cuando alguien escribe -cualquier cosa- bajo los efectos del vinagre) pues, además de pasármelo estupendamente así, era la mejor manera de corresponder a la amabilidad de Albert, quien, como sabe, es un estupendo anfitrión. Y un paciente anfitrión’.

    Si lo desea, a Bremaneur puede dejarle este otro mensaje:
    Hola, Brema 🙂 🙂 🙂

    Mil gracias por todo.

  7. Bonnie, qué poderío. Te quejas de que sólo hay muchachas y los muchachos aparecen de la nada.

    Pirata, Tareixa, Miguel Angel, gracias por la visita.

    Procu, gracias por traer aquí esas palabras de Perroantonio. Se las agradecí allí, y ahora me das la oportunidad de colocarlas en la sala de trofeos de aquí.

    Rock, para generosas, tus respuestas, tu modo de afrontar el cuestionario. Gracias, amigo. Un auténtico regalo para este lugar (sí, yo también lo llamo “lugar”), casi un milagro. Dicho lo cual, que sepas que Procu también es un encanto conmigo.

  8. oju chiquillo…menos mal que yo no pierdo el hilo facilmente, porque me he leido la entrevista en tres tiempos..me ha encantao, por supuesto, aunque ha resultado un poquitin agotadora..
    yo envidio la cultura, el saber, las experiencias vividas…..pero bueno, soy multiorgasmica, asi que igual la cosa va compensada…no se..
    me alegro mucho de que te sientas afortunado….a veces he creido vislumbrar ese sentimiento y es absolutamente maravilloso.
    Querido niño, tu presentacion como siempre, estupenda.
    Besosssssssss

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