Querido Albert

La ciudad me recibió con galerna. Desde la ventana de Lara he visto volar las ramas de los magnolios y saltar las tapas de las alcantarillas. En la televisión dicen ciclogénesis y hasta Lara lo llama así, ya ves, me acuerdo que de pequeña me contaba historias de naufragios en Mouro y ballenas varadas en las arenas por la tormenta, y más que todo eso me fascinaba la misma palabra, galerna, que me sonaba a mundos exóticos y libros antiguos. Hay locos que se llegan hasta el paseo para hacer fotos y juegan a escapar de las olas que inundan las aceras, turistas pero también paisanos, Lara dice que no me angustie que si el mar se los traga se lo han buscado.

Ella está bien, mejor de como esperaba encontrarla. Sus hijas la visitan con mucha frecuencia, sobre todo la mayor, la que se crió conmigo en La Guindalera, y es verdad que no necesita nada, pero ya sabes que a mí me gusta viajar para verla incluso cuando está sana, y ella agradece que venga. Me llama “hija” en lugar de por mi nombre, siempre lo hizo pero ahora más que nunca, se va asomando a la vejez. Me ha preguntado por el mozo de Barcelona y yo le he dicho que hace meses que no te veo, que acabamos regañando pero que hemos quedado como amigos y todo está bien, se me ocurrió esa tontería sobre la marcha pero ella me ha mirado con guasa, “¡ay, amigos! Los hombres no son amigos de las mujeres” ha dicho sentenciosa como es y hemos acabado por reírnos las cuatro, por ponernos de acuerdo en lo difícil que es sobrellevaros. Chismes de fogones antiguos, ya sabes, por pasar el rato. Como si yo fuera experta en eso. Qué sé yo de hombres. Ni de mujeres.

Esta mañana ha mejorado el tiempo y me he decidido por fin a cruzar la frontera. Te escribo desde el hotel. Me quedo aquí un par de días, antes de regresar a Santander. Tengo las fotos que me pediste, las envío adjuntas, espero que de verdad te sirvan para algo. Es curioso que los dos tengamos antepasados en esta ciudad. He echado casi todo el día paseando por Saint Esprit, o Sent Espirit o Izpiritu Saindua, aquí todo está escrito en los tres idiomas. Con cierto placer nostálgico -añoranza de lo que no se ha vivido, dicen que es la peor- por pisar las mismas calles que mi bisabuelo, que fue hazzan durante muchos años en ese barrio, creo que alguna vez te hablé de ello.

Mi padre solía decirme que recogí de su abuelo la voz, y la buena encarnadura, así lo llamaba él, de mi madre y de la leche de Lara. He mirado alguna cosa en los registros, me llevo papeles, ahora estoy más empeñada que nunca en reconstruir la historia familiar y aunque mi padre me contó mucho, hay cosas que ni él sabía. Parece que me siento más acompañada por los muertos que por los vivos. No lo tomes por melancolía, me ha pasado toda la vida. También te mando una foto en uno de los puentes de la ciudad. Yo estoy hecha un desastre, pero la foto me gusta, esta ciudad me gusta. Me la hizo una mujer que viajaba sola como yo y que resultó ser de Madrid, hemos quedado para desayunar mañana, nos hemos caído bien. A lo mejor he tenido que venir hasta Francia para encontrar un alma gemela en mi propia ciudad.

Fue buena idea quedar aquella tarde para hablar, no debí resistirme tanto. Todo está bien. No te preocupes por nada, no hay heridas  ni culpas. Y en todo caso, no corren de tu cuenta. No estoy acostumbrada a que quienes me preguntan cómo estoy quieran de verdad saberlo. Contigo practiqué el auto sabotaje más o menos consciente, como he hecho siempre que he sentido amenazada mi fiel soledad y como ya jamás dejaré de hacer, ahora estoy segura. Creo que nunca te había escrito, al menos largo y tendido, descontando aquellos mails diarios de tórtolos de dos o tres líneas que nos mandamos durante los meses de la Alemania posible. También me acuerdo estos días de la primera vez que hablamos por teléfono para saber uno del otro, sin ser yo la hija de mi padre ni tú su psicólogo, solo dos personas preocupadas una por la otra, a lo mejor ni te acuerdas, tú estabas en el coche y yo en el instituto, aquella funesta mañana del 11 de marzo de hace diez años. Creo que hasta entonces no nos habíamos llamado por nuestros nombres, o al menos fue la primera vez que nos tuteamos. Todo está bien. Solo guardo memoria de los buenos momentos, no te preocupes por nada.

Leo tu blog. Me alegro de que lo hayas retomado, de que te siga sirviendo para lo que te servía. ¿Puedo confesarte algo? Me preocupa que quienes te quieren te tomen tan en serio como para creer que todo lo que cuentas ahí es verdad. Pero me inquieta más aún que piensen que todo es mentira. Sé prudente con eso, Albert, si me admites el consejo. No va por mí, no hay segundas lecturas, soy una mujer complicada pero honesta; como mi madre, también me lo decía mi padre muy a menudo. Le echo de menos, se me caen encima las paredes de la casa y no me está resultando fácil empezar a cuidar únicamente de mí misma. Quizá la venda, la casa y la biblioteca. Todo está bien. Ya voy a apagar la luz y a echarme a dormir. Dentro de una semana estaré de vuelta en Madrid. Espero que las fotos te sirvan. Te las mando en alta resolución, columna por columna, para que te resulte más fácil encontrar el nombre que buscas. Llámame si necesitas algo.

Un beso

Cristina

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Un comentario en “Todo está bien

  1. y como se me habia a mi pasao esto???…bueno, este maldito mes de marzo tambien se me paso por primera vez en mi vida el cumple de mi amado bajito… dos cosas casi casi imperdonables….
    besos tardios…

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