(Para J.H., mi amigo. Tan grande.)

¿Tienes ganas de trabajar, ricitos, o prefieres dar una vuelta? Lo dijo asomándose a la puerta de la sala del café, imponiendo su voz gruesa a mi encendida defensa de las virtudes de Gareth Bale frente al escepticismo de mi compañero Roberto. Tengo a Irene dentro de una hora, contesté. Pues llámala y dile que no venga, que vas a llevar a tu jefa a la Estación. O que te ha dado un infarto, lo que te resulte menos incómodo. Pero me llevas. Y luego te vas a casa. La sorprendente oferta era irrechazable, pero al menos ante Roberto me sentí en la obligación de fingir escrúpulos profesionales. Igual ya ha salido de casa, le dije, cógete un taxi. Que no, que me llevas tú.

Viaja una par de veces al mes, desplazamientos de trabajo de no más de tres días, a Barcelona y a Sevilla con frecuencia, a otras ciudades más puntualmente, alguna fuera de España. Esta vez era Sevilla, yo mismo la había ayudado a preparar los informes y deduje que era esa la razón del inusitado empeño, tal vez pretendía aprovechar el trayecto para repasar algún detalle. Entendí que estaba equivocado nada más entrar en la M-30: No vamos a Atocha, sino al aeropuerto, dijo mientras se repasaba los labios aprovechando el espejo del parasol. Hay secretitos pues, cuéntame, jefa. En los largos segundos que transcurrieron mientras terminaba con el maquillaje y guardaba el pintalabios en el bolso me dio tiempo a pensar en el movimiento subterráneo que todos habíamos percibido desde hacía tiempo, demasiadas reuniones con los grandes jefes, demasiados planes cancelados, presencias y ausencias inopinadas, sin duda se avecinaban cambios o reajustes, y por supuesto consideré la posibilidad de que el interés en quedarse a solas conmigo tuviese que ver con todo ello, un modo amable de darme la noticia, sentada a mi lado en mi propio coche. No me preocupaba demasiado, hace meses que le confesé que estaba considerando la posibilidad de regresar a Barcelona. De modo que si sobraba gente, esa confidencia me convertía en el primer candidato al despido. Voy a Nueva York, dijo por fin cerrando el parasol.

La ayudé con la facturación del equipaje y regresé directamente a casa, sin detenerme a comer con Julio el Comunista como habíamos quedado cuando supe que tendría la tarde libre, no tenía hambre. Me serví un bourbon, encendí un cigarrillo. Cogí el teléfono para excusarme ante Julio. Había un nuevo whatsapp de Mónica, el tercero de la semana, esta vez solo una foto, ella posando con la niña en brazos en un rincón del Jordaan, reconocí inmediatamente la calle, era la del hotel en que nos alojábamos siempre años atrás, cuando visitábamos con frecuencia la ciudad. A lo mejor la niña se cría en Amsterdam, me han ofrecido un puesto en el Artis y mi marido también tendría trabajo allí, me lo estoy pensando, me dijo hace más de un año, aún embarazada, sentada en el sillón que ahora tenía vacío frente a mí. No tardó mucho en decidirse. Antes de que la pequeña cumpliese los cinco meses, un par de semanas después de separarse de su marido, se había instalado con sus dos hijas en un piso grande, muy cerca de la calle de la fotografía, me mandó fotos del salón y del dormitorio días después de empezar a habitarlo.

Vuelvo en cuatro días, son los que tienes para pensarlo. Porque te lo vas a pensar por lo menos ¿verdad? Me lo preguntó con su billete a Nueva York ya en manos de la chica que guardaba el acceso a la puerta de embarque. Dos o tres años en Manhattan, un trabajo relativamente sencillo, bien remunerado. Ni siquiera tendría que buscar ni pagar residencia, mi hermana vive sola en el Village y en los últimos meses me sugiere con frecuencia que antes de regresar a Barcelona me vendría bien un tiempo en Nueva York, a Marta le sobra dinero y una habitación en su apartamento. La oferta de la jefa llegaba por sorpresa, viajó alguna vez a la ciudad para algún trabajo puntual pero jamás dio pista alguna de que aquellos contactos fructificarían hasta conseguir cerrar un contrato de tan larga duración. Si no aceptas se lo ofreceré a Carmen, pero ellos prefieren un hombre y yo te prefiero a ti. Al fin y al cabo ibas a marcharte de Madrid y tienes allí a tu hermanita. Me besó en la mejilla mientras la chica la apremiaba, había gente esperando en la cola de embarque. No vayas a trabajar, quédate en casa estos cuatro días y lo meditas bien. A la vuelta quiero un sí.

Toqué la foto para ampliarla un poco. En todas las anteriores que Mónica me ha ido mandando desde Amsterdan no se apreciaba, pero en esta última sí, el color de los ojos de la niña empezaba a definirse, era el mismo que el de su madre. Busqué esas fotos anteriores en la galería del teléfono, me serví otra copa contemplando mis últimos meses, desplazándolos con un solo dedo. Tinín en Segovia haciendo el tonto con Julio en un sábado del último enero, Susi el día de su cumpleaños, mi sobrina Mireia con la boca aún llena de uvas en la cena de Nochevieja en Vallvidrera, ya tiene un montón de planes para cuando regrese a Barcelona, cada semana me cuenta uno nuevo por teléfono, t’estic esperant, tiet. Rosa desnuda en su apartamento, Marta el día de Navidad en Miami Beach, acompañada de una rubia que conocí cuando me la presentó en su lugar de trabajo en el Soho. Muchas de Cristina en lugares diferentes, viajes de fin de semana en pareja durante el otoño, hace casi tres meses que la vi por última vez.

Mezcladas con todas, cada dos o tres fotos, una de Eliana en distintos rincones de Amsterdam, en la cuna, en la bañera, en los brazos de su madre o de su hermana. La estaba mirando en la puerta del Rijksmuseum cuando sonó el teléfono. ¿Dónde te metes, chaval? Llevo un rato esperándote sentado a la mesa. Habíamos quedado en un restaurante de la calle del Olivar, cerca de su trabajo y de mi primera vivienda en Madrid, me gustaba aquel barrio y alguna vez he pensado en volver, en buscar piso allí otra vez. No te voy a esperar siempre, Albert, haz lo que quieras. Puedo criarla sola sin ningún problema, hace tiempo que me hice a la idea. Me quedo en Holanda decidas lo que decidas, no voy a volver, te iré mandando fotos de la niña si quieres. Mónica, a perfect body, a perfect soul. So fucking special. No tengo ganas de ir a ninguna parte, Julio. Esta tarde me quedo en casa.

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10 comentarios en “Mónica

  1. Por desempatar de momento, aunque no sea de mi incumbencia, pero es lo que tiene esperar a un pesao que termine para ir al café, yo le diría que recuerde que una cosa es ir a un sitio por placer y otra muy diferente es tenerlo como obligación, pero me consta que lo hace.
    Sinceramente pienso que Madrid, Barcelona ó Sevilla, son de los mejores sitios para vivir del mundo, y en un ataque de brutalidad mía te puedo decir que quien se marcha a vivir a un sitio donde hace tanto frio lo hace porque no le queda más cojones o está falto de alguna constante vital…jajajajjaja
    Yo es que no tengo ningún trauma con ser españolito, al revés, sé que este país es habitado por un número infumable de imbéciles integrales, pero por desgracia no creo que estemos por encima de la media a nivel mundial en ese sentido.
    Me cortaría los dedos de la mano derecha si estuviera equivocado en mi apreciación de que la inmensa mayoría de los habitantes del mundo informado (los que se pasan el día invocando espíritus no los tengo en cuenta en este momento) pensaron ayer que el dueño de Facebook pagará Whatshapp al contado, en billetes grandes o por transferencia bancaria….

  2. El espiritu de Corin Tellado me dice que ni Nueva York ni hostias, (bueno, ella dice jolines) que te vayas con ella de una puñetera vez. (de una santa vez)…Aunque Meg Ryan opina que te quedarian unos textos mucho mas nostalgicos y romanticos si te vas a NY, y sufres (porque vas a sufrir) en la distancia…
    Las niñas de Sexo en NY te estan esperando loquitas perdias.. y yo… bueno, yo creo que mientras funcione internet y no me dejes, (no nos dejes, ejem) que pa qué preguntas y nos metes en el compromiso…
    Otra idea ya peregrina, pero peregrina der to, es que la empresa esa monte sucursal en Sanlúcar, y bueno, ya te mando mi CV…..

    Besos, ahora pegan asi, de cariñito…

  3. Da gusto, merece la pena airear aquí los trapos por conseguir comentarios como estos vuestros de hoy.

    Estoy seguro de que el tal Zuckerberg ha pagado usando PayPal, Miguel Angel. Al menos eso es lo que hago yo cuando compro algo a partir de los 19.000 millones de dólares. Me das con lo gordo con las tres cosas que dices: efectivamente, cuando oigo a alguien jurar arrobado que se quedaría para siempre en tal o cual sitio que ha conocido de vacaciones, soy el aguafiestas que advierte de que en vacaciones todo parece muy bonito. Y lo del frío: no sé yo qué tal soportará mi sangre beduina el invierno holandés o el neoyorkino. Bueno, sí lo sé: malamente. Opino como tú: la imbecilidad es la multinacional más rentable desde hace tiempo, ni en eso podemos sacar pecho. Gracias, amigo. Abrazos.

    Pepa, hace poco he leído una reflexión que hago mía y que vosotros también vais a leer aquí si queréis, en menos de un mes: “es muy difícil escribir en estado de felicidad”. O sea, más o menos lo mismo que opina Meg Ryan. Pues sí, parece que es cierto, que al parecer hay que elegir entre el amor -esa cosa- y la escritura -esa otra. Las niñas de Sexo en NY no me motivan, espero que también las haya de otro tipo. “Y el río le dice a Sevilla: ¡ay si te cojo en Sanlúcar borracha de manzanilla!”. No estaba yo equivocado entonces: vives en el sitio en que debes. Muchas gracias, niña. Por los besos de verdad, y por todo lo demás también.

  4. S., tengo dos amigos en Canadá, uno en Ottawa (algo así como “Oragua” pronuncian ellos) y otro en Calgary, y te aseguro que el vídeo, además de realmente gracioso, me ha recordado a pies juntillas lo que ellos suelen contar de los inviernos allí. Pero al milímetro, vamos. Incluida esa sensación de soledad en medio de aquella gente, tan “extraña” para un latino (ambos son madrileños) y tan difícil de superar al principio, según comentaron. Nada que ver con NYC, al parecer. Se lo haré llegar, no te quepa duda. Gracias.

  5. Hola, te empecé a leer por Tesa, que ha vuelto a cerrar su blog. Entraba desde allí al tuyo. Llevo una laaaaarga convalecencia por una pierna operada (¿te suena?) y he leído la mayoría de tus escritos. Una mañana dediqué cuatro o cinco horas. No suelo comentar nada por una especie de pudor extraño, supongo que timidez. Y ahora no voy a poner “me ha gustado mucho esta entrada bla bla bla”. Me gusta tu vida, si es que es tu vida. Y me gusta mucho Mónica a pesar de todo. Yo viví en Holanda un tiempo y he estado en NY muchas veces. Allí solo voy de vacaciones pero creo que a Holanda podría volver. Lánzate a la piscina y si no, siempre puedes venir de nuevo a los madriles o regresar a las barnas. Gracias por tus escritos.
    Porcia

  6. Uy, me hice un lio. He firmado como Porcia y dejé dirección de Libertad. Tengo dos blog, uno en solitario (Libertad) y otro casi, porque lo empecé con un socio “catalufo” y el decidió seguir por su cuenta aunque dice que algún día volverá. Actualizo mas el de Porcia (Todos los gatos son pardos…) pero en el de Libertad están mis relatos mas currados. Por si quieres entrar a cotillear dejo también la dirección. No estoy acostumbrada al wordpress y me he hecho una empanada mental. Perdón!!

    1. Libertad-Porcia, gracias. A mí también me gusta Mónica a pesar de todo. Claro que entraré a curiosear esos relatos. Sí me suena lo de la pierna, sí. Recupérate. Nada que perdonar, por Dios, espero seguir viéndote por aquí. Saludos.

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