Entre ustedes, mis amables lectores, debería haber, por lógica estadística elemental, algún cretino genuino. Disculpen, no pretendía ofender ni discriminar, de modo que rectifico: algún cretino o alguna cretina. En este blog, cabe pensar, hay material de sobra, desde el mismo subtítulo, para que a alguien se le haya pasado por la cabeza que aquí pueden encontrarse textos o comentarios, no solo de un servidor, que atentan contra la igualdad y tienen contenidos sexistas. Sin embargo, nunca nadie me ha hecho observación alguna en ese sentido, ni en público ni en privado. Todo lo más, hubo una persona, cuando todavía mis cintas se publicaban en otro lugar, que escribió un comentario que guardo como un tesoro: “alguien que habla de sus relaciones personales con ese desapego no me merece respeto”, dijo un anónimo (o anónima) a propósito de la primera entrada de este blog, la titulada Isabel.  Gracias de corazón a quien quiera que lo escribiese: llevaría como un pesado lastre la responsabilidad de contar con su respeto.

Verán, las cursivas de arriba no son gratuitas. Son las palabras con las que, literalmente, la Diputación Provincial de Jaén ha justificado la revocación del premio a la novela ganadora de un certamen literario para debutantes que esa misma Diputación convocó. El galardón, como pueden suponer, fue otorgado por un jurado constituido por escritores profesionales y críticos literarios, en base a la calidad de la obra. La novela en cuestión lleva el conmovedor título de “Nunca te quise tanto como para no matarte”. Es fácil deducir que fue precisamente ese título lo que alertó al área de Igualdad de la Diputación (sí, amigos, las Diputaciones provinciales, no contentas con existir, tienen un área que se ocupa de estas cosas), de modo que encargó la revisión de la novela a sus “servicios técnicos”, servicios estos que, tras un concienzudo análisis técnico, dictaminaron técnicamente que la misma contiene tintes que atentan contra el derecho a la igualdad por razones de sexo en varias ocasiones. Qué quieren que les diga, lo de los “tintes” tampoco está mal, pero personalmente me llama particularmente la atención ese “en varias ocasiones”. Estoy convencido de que, en un hipotético (quizá no tanto, denme tiempo para organizarlo) certamen de frases estúpidas, un jurado imparcial premiaría sin duda esas palabras, pronunciadas por la persona encargada del área de Igualdad, una mujer (es de suponer) llamada Yolanda Caballero. En una lógica no menos buena que la que ella utilizó para censurar con delirantes razones desde su agujero político una obra premiada por su calidad literaria, esa diputada debería revocarse a sí misma para el puesto que ocupa, ante la aplastante evidencia de que su apellido falta al derecho a la igualdad por razones de sexo, aunque sea en una única ocasión.

Bien, he conseguido llegar a un tercer párrafo, no es poco mérito. Si se toman la molestia de mirar a su derecha un instante, comprobarán que las entradas etiquetadas con el epígrafe “Asuntos públicos”, bajo el cual me propuse agrupar los textos sobre cuestiones políticas, sociales o de simple actualidad, son cada vez más escasas e impersonales. Les supongo a todos ustedes, visitantes habituales u ocasionales de este lugar, tan estragados e inapetentes ante el estado de las cosas como yo mismo lo estoy. Es muy cierto que la cosa de la señora Caballero tiende más hacia lo estructural que hacia lo coyuntural, que no es consecuencia de la crisis ni se alimenta de ella. La suya es una estupidez ya añeja, suficientemente acreditada, autorizada y homologable, en definitiva solo un peaje más, bien es cierto que particularmente pintoresco en esta ocasión, a una corrección política cuya presencia resulta ya tan familiar e inevitable como los atascos en hora punta o las cagadas de los perros en las aceras.

“Habitamos el reino de los trolls y los frikis. Dominan el gobierno y la oposición, tienen el poder en los partidos de ámbito nacional y constituyen la esencia, el espíritu y la letra de las formaciones políticas pequeñas y periféricas, incluidos en lugar de honor los regionalistas y nacionalistas de todos los colores. Son la cara (o la voz) visible en todos los medios de comunicación, desde los periódicos más leídos a la útima emisora de radio”. Disculpen la autocita, en la que, dicho sea de paso, a buenas horas encuentro una errata. Ese reino del que les hablaba entonces es, dos años más tarde, un colosal imperio. Las circunstancias actuales son una oportunidad tan aprovechable para los fanáticos del orden como para los incondicionales del desorden, tan propicia para quienes creen que lo único que hay que corregir es el ruido de la crítica y la protesta como para los que pretenden valerse de la ocasión para derribarlo todo sin mirar lo que hay dentro. Bien pensado, lo más probable es que sean ustedes simplemente unos renegados. Tengo la sensación de que el espectáculo público y el modo en que nos lo sirven los medios de comunicación están creando a diario legiones de desertores, prófugos de un país en el que pocos parecen respetar la abrumadora legitimidad de diez millones de votos o de un millón y medio de firmas recogidas. Incluso quienes consiguieron esa legitimidad la han traicionado con medidas y prácticas que la gran mayoría de esos votantes y firmantes -descontados fanáticos e incondicionales, acríticos por naturaleza- no respaldan.

“Era lunes, y como todos los lunes el alma me pesaba ahí mismo, abajo del saquito de los cojones. Aquel lunes empezaba con la misma mierda que todos los lunes: en la radio había cinco gilipollas que hablaban de lo que habían dicho otros cinco gilipollas para que al día siguiente, cinco gilipollas más hablaran de los que estos gilipollas habían dicho. Insoportable. Así que decidí poner la única cosa en el mundo que me relaja, que es como decir que me impide pensar”. Son palabras de Pablo López, interpretado por Luis Tosar en La flaqueza del bolchevique, una película que, aquí entre camaradas desertores, me atrevo a recomendarles. Lo que Pablo decide poner en el reproductor de su coche una vez que apaga la radio es lo que pueden escuchar abajo. No hagan como la diputada señora Caballero, no prejuzguen por el título de la canción. Les aseguro, con la mano en el corazón y los ojos húmedos, que es una de las más románticas que he escuchado jamás. “Para hacer esta canción hemos estudiado y mezclado las palabras como drogas. Aplicando solo las mejores: las más fuertes”, dijo de ella su autor al presentarla durante una actuación en directo.

Que nada me interesa de alrededor. La semana que viene les espero aquí, con una historia al menos igual de romántica. Serán bienvenidos cuantos fugitivos y exiliados corren a refugiarse del fuego cruzado de cretinos a cualquier rincón apartado, preferiblemente si no hay que pagar por la entrada. Por ejemplo a un blog en el que se habla con desapego de las relaciones personales de quien lo escribe. Aprovechen bien su tiempo. Buen fin de semana para todos.

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16 comentarios en “Desapego

  1. Pues a mi de siempre y de siempra todo esto de la “igualdad” tan mal entendia, aparte de parecerme ridiculo y riducula, me ha provocado y me provoca, mucha vergüenza ajena.. mira que yo soy tonta (y hasta tonto a veces) pero es que…estamos rodeaos de tonteria chiquillo….

    La cancioncita,, yo lo he intentao,, de verdádelaguena..pero no he soportao ni la mitad..

    Besitos románticos..buen finde

  2. Hay que ver jefe… yo hace tiempo que dejé de ver las noticias, sólo leo en el periódico las que me interesan.
    Ya tengo suficiente con ver políticos a diario y en persona, que son aún peor. Desasosiego es la palabra.
    No puedo ver el video, pero seguro que mi hermana lleva esa canción en el ipod, luego se la pido.
    Buen fin de semana.

  3. No se si será el moco que me adorna o que mi coco no da para más…. pero no se qué coño has querido decir con este mondongo…..jajajaja
    Buen finde amigo, y saludos a todos

    Miguel Angel

  4. Camarada desertora soy, Albert. Vengo a tu blog porque provocas. Y provocas un montón. Yo soy las que son capaces de pasarse 24 horas completas defendiendo a Pablo Hassel en un foro. Y hasta que no lo sueltan. Lo mismo me la sobra la censura en la música que en el terreno de las novelas que van a premio o no. Eso sí, desertora de lo de alrededor no. Yo he desertado de la cultura. Soy como lunera. Cada texto o cada canción los agradezco porque ando sedienta y me salvan. Pero de lo de alrededor…
    Ni de coña. Es urgente saber qué nos está pasando. Todo lo que me ayuda a comprenderlo sirve y el resto…es desolado.

  5. Jajaja Lunera. Rodeados por tierra, mar y aire, ya te digo. Lo tuyo (o lo mío) con las canciones y cancionas ya no tiene remedio. Y otro pequeño desencuentro, me temo: estoy de acuerdo con esos cófrades de los que hablabas en la entrada anterior: las procesiones del Sábado de Gloria una semana más tarde… como que no. Llámame purista, puristo o lo que te dé la gana, pero no. Besos y besas.

    Nerea, intuía que ibas a darte por aludida con lo de la errata y así ha sido. Así me gusta, secre, rigor profesional y autocrítica. Te subo el sueldo. ¿Políticos a diario, y en persona? Uff, no sabía que llevases tan mala vida, lo siento de verdad. Oye, me gusta tu hermana. Besos, para ella y para ti.

    Miguel Ángel, te confieso que yo tampoco estoy muy seguro, pero en fin, ahí queda. Qué razón tienes en lo que dijiste a propósito de Tinín y de tu amigo jajaja, ni tú ni yo podríamos ya vivir sin ellos. Saludos a tu estupendo moco de viernes noche, hombre eléctrico.

    Josepepe! Me alegro mucho de verte por aquí. Genial esa secuencia, genial Tosar y, dicho sea de paso, qué morbo tiene la borde de Sonsoles-Mar Regueras. Yo me hubiese quedado prendado de ella antes que de la cría, pero es que yo, pobre de mí, no soy Pablo López, ya me gustaría. Me ha encantado el palíndromo, maestro. Abrazos.

    Bienvenida, camarada desertora, desolada y anónima. Ignoraba que resultara tan provocador, sinceramente. Tampoco sabía -cosas de mi ignorancia infinita- quién es Pablo Hasel, he tenido que mirarlo y bueno, concluyo de lo leído y escuchado que desde luego no tengo nada en común con él, ni en lo musical ni mucho menos en su visión del mundo. Me parece estupendo que cada cual defienda con su propia pasión y sus propias razones aquello en lo que cree, cómo no. Eso sí, tengo la impresión de que para saber lo que está pasando quizá conviene bajar un poco los decibelios. Demasiado ruido por todas partes. Saludos.

    Jeje, Sin Permiso. En realidad siempre estuvieron aquí, en esta entrada aún no escrita, más que en la de hace dos años. Todo en su sitio, pues. Muchas gracias. Saludos.

    ¡Cuando voy de punky ilustrado! Baso, creo que esa tuya de hoy es la hostia más contundente y aguda que me han dado en mucho tiempo. Lo digo sin un ápice de ironía y agradecido por la elegancia. Muchos besos.

  6. ¿Te parezo desolada? ¿Por el anonimato, quizá? Pues a mí me pareces no soy muy punk sino también muy brit. Y en formato català.

    Lo que defendí en aquella ocasión es lo que tú defiendes atacando la igualdad en este texto. Esos comentrios que desde la ley en la mano se hacen a la música o la literatura y quedan grotescos. Y los trolls y los frikis en el Congreso están superguapos 😉 Albert dixit. (En el gobierno y en la oposición, y en toda militancia no inorgánica. Saludos

  7. Lunera, es cierto, no lo dijiste. Lo deduje yo (mal deducido) a partir de una lectura poco afortunada de tus palabras. Mis disculpas, camarada cófrade.

    Sin Permiso: No me pareces desolada. Brit-punk: tengo todos los discos de The Clash. No defiendo nada en este texto, ni ataco la igualdad. Diputados guapos: hay un par de ellas, por lo menos, que no están nada mal. Saludos.

  8. soy el mismo y leo muy rapido, asi que, lo mismo es de otra entrada, la Jennifer Connely, la recuerdo de su peli, una de Sergio Leone: Once upon in America, y creo que sale desnuda y tierna, por aquel entonces era ” my sweetheart”

  9. Hace meses que no paso por aquí, vengo con retraso. En un hipotético certamen de frases estúpidas, el título de la novela primero ganadora y luego perdedora ganaría otro premio. Por lo demás… la igualdad impuesta institucionalmente siempre me ha parecido una cosa con muy poco sentido común. Es como imponer la revolución desde el poder. Absurdo.

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