Entrecintas

Que os sea leve

Cada vez que respires, cada vez que te muevas, cada lazo que rompas, cada paso que des, te estaré vigilando. Cada día, cada palabra que digas, cada juego que juegues, cada noche, te estaré vigilando. ¿No entiendes que me perteneces? ¿No ves cómo llora mi pobre corazón con cada cosa que haces? Cada movimiento que hagas, cada promesa que rompas, cada sonrisa que finjas, cada señal que envíes, te estaré vigilando. Desde que te marchaste me encuentro perdido, sin rumbo. En sueños solo veo tu rostro. Miro alrededor pero siempre eres tú, nadie puede sustituirte. No puedo dejar de llorar, por favor, cariño. Te estaré vigilando. Te estaré vigilando. Te estaré vigilando… Sigue leyendo

Mujeres reales

Gemma

La senyera todavía sabe a chocolate, y tus besos siguen siendo elipses verdes, me dijo el verano pasado. Amarillo verdoso era el olor de las habitaciones de hostal barato en las que acabábamos al amanecer, más amarillo cuando entrábamos en ellas y más verde ya desnudos entre las sábanas, que casi siempre estaban ásperas ¿te acuerdas? A mí me olían como el ruido de las uñas de la profesora de Evolutiva arañando la pizarra para que prestáramos atención. ¿Cómo se llamaba aquella? Era mona, tú le gustabas, te ponía ojitos. Esas cosas las notamos las mujeres enamoradas. Sigue leyendo

Entrecintas

Desapego

Entre ustedes, mis amables lectores, debería haber, por lógica estadística elemental, algún cretino genuino. Disculpen, no pretendía ofender ni discriminar, de modo que rectifico: algún cretino o alguna cretina. En este blog, cabe pensar, hay material de sobra, desde el mismo subtítulo, para que a alguien se le haya pasado por la cabeza que aquí pueden encontrarse textos o comentarios, no solo de un servidor, que atentan contra la igualdad y tienen contenidos sexistas. Sin embargo, nunca nadie me ha hecho observación alguna en ese sentido, ni en público ni en privado. Todo lo más, hubo una persona, cuando todavía mis cintas se publicaban en otro lugar, que escribió un comentario que guardo como un tesoro: “alguien que habla de sus relaciones personales con ese desapego no me merece respeto”, dijo un anónimo (o anónima) a propósito de la primera entrada de este blog, la titulada Isabel.  Gracias de corazón a quien quiera que lo escribiese: llevaría como un pesado lastre la responsabilidad de contar con su respeto. Sigue leyendo