–          Me estoy volviendo loca. Hace días que busco por todas partes, y ya solo se me ocurre que lo haya perdido o que lo dejase olvidado en casa.

Hizo una pausa casi tan abrupta, breve y azorada como la risa con la que continuó.

–          En tu casa, quiero decir, claro. Echa un vistazo, anda, no quiero molestarte pero es que me vendría muy bien. Es una carpeta roja si no recuerdo mal, y en la tapa tiene que  poner PPP, eso seguro, y también EAZA, o EEP, o ESB, una de las tres cosas, o las tres, yo qué sé. Dentro hay unos cedés, y sobre todo papeles escritos a mano con dibujitos y demás, eso es lo que más me interesa, los papeles, de lo otro tengo copia.

–          Miraré en los altillos. Si está aquí será en uno de ellos, hay algunos con cajas que ni siquiera sé lo que tienen. Si encuentro algo te llamo.

–          Sí, por favor, muchas gracias, eres un sol. ¿Estás bien, no? ¿Te sigue doliendo la pierna?

La carpeta es blanca, de tapas duras, con grandes letras rojas escritas a mano en la frontal: “PPP, ESB, Amstd, 08”. Contiene un pendrive, un único cedé y un bloc azul repleto de notas manuscritas, dibujos y esquemas. Tras colgar el teléfono, fui directamente al cajón donde lleva cinco años guardada y la dejé sobre la mesa del salón. Tres horas después, antes de cenar, la llamé al móvil.

–          ¿Cosas de orangutanes, no? Está aquí, sí, en lo alto de un armario, hacía siglos que no miraba por ahí, soy un desastre.

–          ¡Sí, sí, eso! Joder, no, el desastre soy yo, y tú me salvas la vida. No la he necesitado en todo este tiempo y ahora va a ahorrarme un montón de trabajo. Muchísimas gracias, guapo. ¿Te vas de vacaciones?

–          Me voy el día de Nochebuena por la mañana a Barcelona, vuelvo en dos días.

–          La necesitaría ahora, mejor antes que después. ¿A qué hora estás mañana en casa? Cuando te venga bien, mando a Veva a que se acerque a por ella. Así la ves, que está muy guapa.

–          Lo sé, ha venido a visitarme muchas veces en estos últimos meses, después del accidente.

–          ¡Anda! Pues no me ha dicho nada. Bueno sí, sé que va mucho por el barrio, conserva a sus amigas, pero no recuerdo que me dijese que estuvo en casa -en tu casa-. Cada día más independiente, la niña. Pues me alegro de saberlo. Y no me extraña, yo creo que te quiere a ti más que a mí. Y sabes que no lo digo en broma del todo.

–          Mañana después de comer estoy en casa, seguro. Dile que venga cuando quiera.

Pongo Pygmaeus Pygmaeus – European Studbook – Amsterdam – Noviembre 2008. No siempre viajaba sola, pero si sucedía y eran desplazamientos de no más de tres o cuatro días, yo solía acompañarla, aprovechando su tiempo libre para descubrir ciudades nuevas o visitar los lugares favoritos de las que ya conocíamos. A la espera del fin de semana, me refugié durante dos días especialmente gélidos y húmedos del otoño holandés deambulando por el Rijksmuseum y el Van Gogh, la casas de Rembrandt y Ana Frank y hasta el Madame Tussauds. El jueves y el viernes los pasó enteros en las oficinas y las instalaciones del Artis Zoo, y aún cuando llegaba al hotel rendida seguía trabajando febrilmente en el bloc azul hasta bien entrada la madrugada, medio desnuda, sentada sobre la cama a mi lado, fumando sin parar, tan concentrada en sus simios que prefería apartarse cada segundo el pelo de la cara que concederse una tregua para recogérselo. Me puse a su espalda y lo hice yo, lo amontoné y anudé de cualquier manera y creo que ni siquiera se dio cuenta de que lo hice, o tal vez me despachó con alguna caricia automática, no lo recuerdo. Me gustaba verla así, en su mundo, entusiasmada con su trabajo. Quizá nunca se lo dije.

El pasado 23 de diciembre, después de comer, me aseguré de que había cocacolas en el frigo, Veva no toma otra cosa, y coloqué en una bolsa la carpeta de su madre junto al ejemplar de Danza de Dragones que me prestó para hojearlo en su última visita. Pasadas las cinco sonó el telefonillo. “Hola, soy yo”. “Soy yo”, dijo. Ni siquiera “somos nosotras”, eso me dio tiempo a pensar mientras llegaba desde el portal, a descartar la primera idea de que hubiese decidido finalmente acompañar a su hija en la visita y a lamentar que la casa no estuviese recogida como debía pero qué más da, a estas alturas me voy a preocupar de que vea la casa desordenada, y también en el tiempo que hacía que no estaba con ella a solas y en lo que sucedió la última vez que lo estuvimos, que de ningún modo se repetiría, pero también podía ser que hubiese empleado ese “soy yo” aun en el caso de que fuesen ambas las que subían en el ascensor, a veces la gente hace eso, nombrarse a sí mismos para anunciarse aunque vengan acompañados, pero dudé si era mejor dejar la tele encendida o apagarla y además ninguna de las cocacolas era light aunque a lo mejor prefería café y ya sonaban sus tacones en el descansillo, venía sola, sin duda, no, desde luego que no sucedería de nuevo lo de hace cuatro meses, todo sería puramente amistoso y ella no volvería a salir llorando de casa, todavía me da tiempo a mirarme en el espejo, no hagas el tonto, anda, qué más da, pero sí, estoy presentable, vale. Hola, Mónica, pasa, qué sorpresa, creía que vendría tu hija.

No solía hablarme con detalle de su trabajo más que cuando yo insistía en que lo hiciese, como si los procedimientos y prácticas, especialmente las menos habituales, constituyesen un secreto ancestral intransferible para profanos curiosos como yo. Guardaba -guarda- un respeto reverencial por los fundamentos de la vida íntima de sus animales y un recelo casi sacerdotal cuando se trataba de hablar de su relación con ellos. Pero acabé por conocer, fueron años compartiéndolo casi todo, los momentos más emotivos, significativos o difíciles de su carrera. Le temblaron los brazos, me lo contaba con los ojos acuosos, cuando, todavía estudiante en prácticas, sostuvo en ellos por primera vez una cría recién parida, aún cubierta de sangre y fluidos, una cierva roja que años después, siendo ya Mónica quien dirigía las operaciones, tuvo un primer parto muy complicado con severa torsión de útero que requirió horas de tensa espera y maniobras arriesgadísimas para salvar la vida de la madre y el cervato. Lo consiguió contra todo pronóstico, y tengo para mí que ese logro le procuró mayor satisfacción y orgullo que algún otro que le concedió prestigio y mejoras de estatus laboral, como el diseño de la estrategia para la crianza artificial de tres guepardos a los que su madre no atinaba a alimentar. Hace unos años, solo su empeño salvó la vida de un elefante asiático con serias heridas en una pata -putos niños, solía decir, tiran de todo a las praderas- que se agravaron hasta el punto de que expertos internacionales desahuciaron al animal. Zoológicos de todo el mundo emplean hoy las técnicas que Mónica ideó y puso en práctica para manejar al gigante y curar sus heridas.

No sabía que vendrías tú, las cocacolas no son light. Sonrió complacida. No importa, dame una normal. Veva había quedado esta tarde con unas compañeras de clase para ir al cine, no me había dicho nada; y a mí no me viene mal moverme un poco cuando no trabajo. Así que he cogido el metro y luego he paseado un rato. Y bueno, que hacía mucho que no te veía, te debo la visita. Tienes buen aspecto, Albert; las molestias de la pierna se irán quitando, no te preocupes. Abrí una cerveza y me senté en un brazo del sillón, frente a ella. Traía el pelo recogido en una trenza rematada con un lazo discreto que descansaba encima de su hombro derecho. Se masajeó distraídamente las rodillas mientras me agradecía una vez más el hallazgo de su carpeta. Se me hinchan un poco; esto es la edad, con Veva no me sucedió, dijo sonriendo. A pesar del jersey amplio, distinguí perfectamente la curva incipiente de su vientre y el volumen creciente de los senos.

Es la edad, y sobre todo la  actitud de las hembras, el factor fundamental en el proceso de apareamiento de los orangutanes, más aún en cautividad. La actividad sexual se inicia y continúa con éxito únicamente cuando ellas se muestran receptivas. Solo si es muy joven puede tener dificultades para hacer desistir a un macho que quiera montarla, pero una hembra madura no permitirá la cópula a menos que sea ella quien lo desee. Escogerá siempre a individuos maduros, preferentemente los dominantes de la manada. Una vez elegido, le hará saber su disposición acercándose a él, estableciendo contacto físico, exhibiendo sus genitales y, sobre todo, mostrándose sumisa, tanto más cuanta más fiereza empleó antes para rechazarlo. Es muy difícil, créeme, en cautividad es realmente complicado que se dejen follar las veces y el tiempo suficiente para quedarse preñadas, las muy putas. Apuraba la cocacola mientras revisaba su carpeta con los ojos muy abiertos, comprobando satisfecha que aquellos apuntes y esquemas de cuatro años atrás eran exactamente lo que ahora necesitaba. Fue su último gran éxito, el nacimiento y la crianza en duras condiciones de Boo, el orangután más joven del zoológico.

De ese nacimiento supe por los periódicos, pero de la concepción del bebé orangután, nueve meses antes, probablemente fui la segunda persona en enterarse. Hacía tiempo que nos habíamos separado, o al menos hacía tiempo que ya no dormíamos juntos ni nadie nos consideraba pareja, pero Mónica me llamó una noche, no supe en principio si riendo o llorando, aunque al cabo de los segundos comprendí que alternaba ambos estados e incluso los mezclaba en la misma frase. Apenas la interrumpí más que para hacerle saber que seguía escuchando. Grabé sus palabras en una cinta tal como las recordé, inmediatamente después de colgar el teléfono: “Hola, soy yo. Es que me apetecía contarte una cosa, sobre Pundu y Dahi, los orangutanes, no sé si te acuerdas de ellos. Los he visto apareándose esta noche, ahora mismo. Lo han hecho un rato largo. Llevamos meses intentándolo, y ella nunca se había dejado durante tanto tiempo. Y no sé, tengo la intuición de que se ha quedado preñada. Pensarás que estoy loca, te llamo después de meses sin hablar para decirte que he visto dos monos follando. Pero estoy muy emocionada, y me apetecía contártelo. Es que me ha mirado, ella me ha mirado, yo estaba bien escondida pero me ha visto y me ha sostenido la mirada mientras Dahi le daba por detrás. Y yo le he hablado desde la distancia, le he dicho en susurros que se dejase, que a mí tampoco me gustaban al principio los machos de mi propia especie, pero descubrí que alguno merece la pena y además las pollas duras y calientes están ricas, que la probase, que tenía que disfrutarla ahí, bien metida, hasta el fondo, mucho rato, le he dicho de todo, me he puesto romántica y guarra con ella como si de verdad me escuchase y mientras me miraba él ha podido cabalgarla todo el tiempo que ha querido. Bueno, no sé, que estoy muy contenta y un poco en estado de shock, y necesitaba decírtelo, porque creo que lo he conseguido”.

Boo en su 1º cumpleaños – Zoo Aquarium de Madrid

Terminó la cocacola y la dejó sobre la mesa. A lo mejor se cría en Holanda, dijo posando las dos manos en su tripa, acompañándolas fugazmente con los ojos; me han ofrecido un puesto en Amsterdam, los europeos. Me lo estoy pensando, ganaría más dinero, y al fin y al cabo ahora ya paso más tiempo allí que aquí. Y Juanjo -mi marido, no sé si recuerdas su nombre- tendría trabajo también en la ciudad; Veva es la más difícil de convencer. Bueno, ya veré, no lo tengo claro. Ya te contaré. Oye, me gustaría pasar al baño antes de irme. Esa es otra además de las piernas hinchadas, ahora tengo pis todo el rato, dijo guardando de nuevo la carpeta en la bolsa. Le ofrecí el mío, el de mi dormitorio, el que también fue suyo durante años, más amplio y cómodo que el del pasillo. La esperé encendiendo un cigarrillo en la cocina, lo necesitaba. Regresó al cabo de unos minutos, preparada para marcharse. Estás fumando aquí, no hacía falta, no me molesta el humo, pero gracias. Le expliqué que el libro que había en la bolsa junto a su carpeta era de Veva, le pedí que le diese las gracias en mi nombre por el préstamo. Cogí su abrigo del perchero y por un instante ambos dudamos al mismo tiempo, ella no supo si se lo entregaría en la mano y yo no supe si iba a girarse para que yo se lo pusiera. Nos reímos torpemente a la vez por el pequeño malentendido, y creo que finalmente ella se colocó una manga y yo la ayudé con la otra. Llevaba los labios pintados de rojo fuerte, y una pizca de rimmel. ¿Has vuelto con Susi? Preguntó por sorpresa, mientras recogía la bolsa con la carpeta y el libro. He visto que hay cosas de chicas en el baño. No, no es Susi. Ah, perdona, tienes ligue nuevo, soy una cotilla, dijo sonriendo francamente, acercándose para besarme en las mejillas a modo de despedida. No importa, contesté. Y no, no es un ligue nuevo. Es Cris. Cristina.

En la madrugada del sábado cerró por fin el bloc azul y se enredó agotada en mis brazos. Durmió hasta bien entrada la mañana. Aún teníamos casi dos días libres para nosotros. El tiempo había mejorado, no llovía, el aire era más templado. Bicicletas, Albertet, eso me apetece muchísimo, pedalear por los polders. Alquilamos las bicis en la estación y tomamos el transbordador hacia el norte de la ciudad. Ella se quedó con las fotos de aquel día entre campos de bulbos, molinos, ovejas y pastizales. Excepto una, que guardo en el mismo cajón en que dejó olvidada su carpeta sobre orangutanes. Está posando dándole la espalda al mar domesticado, sujetando la bicicleta con una mano y lanzándome un beso con la otra, con el pelo al viento y un impermeable rojo que le llegaba hasta las rodillas. De regreso a la ciudad paseamos por el Jordaan antes de cenar. Algún día tú y yo viviremos en este barrio, Albert, acabo de decidirlo, me dijo refugiando el rostro en mi pecho mientras caminábamos por el laberinto de calles.

Se había alejado unos pasos de mí, hacia la puerta, transportando la bolsa con la carpeta y el libro en una mano, anudándose despacio la bufanda con la otra. Se detuvo antes de llegar, se giró para mirarme y habló haciendo un esfuerzo absurdo por sonreír. Cristina, claro. Cómo no. Salúdala de mi parte. Aguardé apoyado en la estantería con los brazos cruzados sobre el pecho, sosteniendo su mirada. Pero no dijo nada más, de modo que hablé yo: Dale un beso a Veva, no olvides decirle que me ha gustado el libro, y que yo también la quiero mucho. Terminó de abrocharse el abrigo en completo silencio y finalmente se despidió sin mirarme. Feliz Navidad, Albert. Abrió la puerta tan rápido, salió y cerró tan deprisa que no tuve tiempo de corresponder a sus buenos deseos navideños.

Me serví un vaso de bourbon mirándola a través de la ventana, mientras caminaba veloz por mi calle. Saqué del cajón la foto del imperpeable rojo en la campiña holandesa y la observé un instante. Me vinieron a la memoria las palabras de mi amiga Elena en mi oído, más de diez años atrás, cuando detectó mis ojos golosos posados en aquella rubia desconocida que acababa de entrar con ella en el bar: “Veterinaria, madre soltera, vive en Carabanchel; ni se te ocurra intentarlo, le van las tías”. Y otras más recientes, de Veva, de hace apenas un par de semanas, sentada en el mismo sillón que acababa de abandonar su madre: “No soporto al Juanjo ese, Albert, me pone de los nervios, no sé qué le ha visto mi madre para casarse con él. Están pensando en mudarnos a Holanda. Como decidan irse, yo te pido asilo político, me quedo aquí contigo”. Encendí un cigarrillo, me senté bien estirado en el sillón. Dejé la foto en la mesa y sobre ella el vaso de bourbon. Feliz Navidad, Mónica.

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12 comentarios en “Dos monos follando

  1. Sinceramente, me imaginé que habia sido ella.. y ahora ya lo has dicho.. y de que manera¡¡ esplendida como siempre(aunque has tardao un mes justito en soltarlo). No te daria un beso, me gustaria más bien tomarme esa copa contigo pero gueno..casto y cariñoso.

    Nota: es bastante desesperante constatar que el comentario nunca estará a la altura de lo leido, perra vida esta.

  2. Me gusta verte. Ya ves que no era tan difícil. Gracias, guapa, por lo que dices del texto. Un mes exacto, sí, no me había dado cuenta de la coincidencia de fechas. La copa y el beso no son incompatibles, digo yo. Toma tú otro, hoy un poco menos casto de lo habitual, con permiso.

    Nota: es bastante desesperante constatar que las respuestas nunca están a la altura de los comentarios, perra vida esta.

  3. Y cuarto intento de publicación del post…menso mal que soy muy cabezota….
    Impresionante el uso de la anacronía en este texto, Albert.. Me alegra saber que , además de inspirado, estás bien.
    Un beso

  4. Imposible porque no te gusta el bourbon, porque te parece cosa de esnobs, que me acuerdo, que ya te metiste conmigo con eso. Marchando una fanta para la niña 🙂

    Baso, gracias por la cabezonería. Y discúlpame, por supuesto. Aunque me declaro completamente inocente de estas ventoleras de máquina loca que de vez en cuando le dan a WordPress. No tengo ni la más remota idea de por qué necesitaste cuatro intentos para publicar el comentario, pero si te vuelve a pasar, no dudes en contármelo para mirar más a fondo en las tripas del invento. Gracias, guapa, por lo que dices y por la insistencia en decirlo. Muchos besos.

    Miguel Ángel, no sé si mi texto es bueno, pero sí sé que tu comentario es excelente. Lo que yo te diga. El dedo en la llaga, como de costumbre. Gracias. Abrazos.

  5. La fanta tiene mucho gas.. prefiero un Legendario con dos hielos. Buena memoria y mala comprensión del comentario, o no y te estás queando conmigo… “nocezabe”.

  6. Hola:

    Un momentito, nada más. Emerjo de la ya tristemente habitual, desesperante y nada original, en estos tiempos, lucha contra los molinos de viento contemporáneos. En fin, hay fenómenos artificiales que parecen tener igual o mayor poder destructor que los provocados por las fuerzas de la naturaleza ( y raramente son tan satisfactorios como los de Madness).

    La gran mayoría de las veces es todo un placer leerte (y digo “la gran mayoría” ya que, como creo que te he comentado en alguna ocasión, hay entradas, sobre todo “musicales”, que no me llaman demasiado la atención). Pero bueno, este texto no es e ese tipo, es de los que me han hecho releerlo varias veces.

    Ademas de releerlo he tenido que “buscar” en el archivo del blog las entradas relacionadas (y no solo las que amablemente enlazas en el texto). Para variar, excelente y muy interesante. Utilizas muy bien esos “saltos cronológicos” y los lectores, a pesar de esos vaivenes, creo que los pueden seguir bastante bien. Ya lo de consultar la especie concreta de primate del cuaderno o enterarme de que tipo de instalación es el Artis Royal Zoo ( o “Natura Artis Magistra“ ) es cosa mía de y de mis manías

    Un pequeño apunte cronológico. Como aficionado a la CF encuentro explicaciones plausibles para que un cuaderno de dibujos hechos en noviembre de 2008 lleve cinco años en un cajón en diciembre de 2012. Pero, pero… quizás algún lector menos versado en viajes y paradojas temporales, tenga alguna pequeña dificultad en asumirlo.

    Pero esos pequeños detalles son totalmente accesorios a la verdadera bomba de relojería que contiene el texto. Me permitirás una copia literal de un fragmento:

    “El pasado 23 de diciembre, después de comer, me aseguré de que había cocacolas en el frigo, Veva no toma otra cosa, y coloqué en una bolsa la carpeta de su madre junto al ejemplar de Danza de Dragones que me prestó para hojearlo en su última visita “

    ¡Por favor! ¿hojear la quinta entrega de George R.R. Martin? Eso no se hojea, se devora. La saga de “Canción de Hielo y Fuego” es apasionante y dudo mucho que ni siquiera las personas con Coca-Cola Light fría en las venas puedan sustraerse a su hechizo. Hojear, manda… narices. Asumo, dado que no puede ser de otra forma, que habías leído los cuatro libros anteriores de la saga (por cierto, muy de “moda” tras la más que aceptable adaptación de los dos primeros tomos en cada una de las temporadas de la serie de la HBO, “Juego de tronos” – próximamente la tercera -). Naturalmente, si no los habías leído, esa falta fatal de contexto explicaría un simple “hojeamiento” y no una inmersión inmediata y profunda en los Siete Reinos de Poniente y alrededores.

    Pues nada, dicho lo dicho, y guardándome mi santa y justa indignación como munición extra, me vuelvo a mis trincheras. Sobre todo en las causas perdidas, hay que intentar que el coste del triunfo del enemigo sea tan alto que roce lo pírrico.

    Un saludo:

    Sanan.ex

  7. No te preocupes Albert, te apuesto algo que fueron las tripas de mi Pc las que fallaron, para no variar.
    Sanan, muchísimas gracias por la caracajada que he soltado al leerte.
    Lunera y Miguel Angel, besos

  8. Lunera, el ron con hielo es como los besos castos. Un desperdicio en los dos casos. Impossible is nothing, niña, lo dicen mucho en la tele.

    Sanan, me alegro de verte y te agradezco que hayas hecho un hueco en la pelea con los molinos para asomarte por aquí. Jajaja, cierto, son cuatro años. Supongo que el lapsus tiene que ver con lo relativa que es la percepción del tiempo, dependiendo de lo que trae o se lleva. Y no hablo precisamente de ciencia ficción. No, no he leído ninguno de los libros de Martin. No me regañes tú también, porque la dueña del libro ya se indignó conmigo tanto o más que tú y hasta me puso penitencia. Los fans de esa saga sois una auténtica secta, que lo sepas. La primera noticia que tuve de Canción de Hielo y Fuego me vino a través de la serie de TV, que me aconsejó ver otra cualificadísima integrante de esa congregación de fieles que tenéis montada. Al terminar la segunda temporada, no pude resistirme a echar un vistazo a curiosear qué se cuece a estas alturas en los Siete Reinos, de modo que sí, sólo lo hojeé. Pero no descarto ingresar en la secta, leerme todos los libros desde el principio, porque me gusta la serie, porque me gustáis los cófrades y, sobre todo, para que no me regañéis más. Gracias, como siempre, por la lectura tan atenta. Me alegro de que te haya gustado el texto. Muchísima suerte en esas trincheras, vende cara tu piel. Un abrazo.

    Sabe Dios, Baso, las tripas de WordPress también tienen su miga. Pero no hay tripas que puedan con la cabezonería de una chica del norte. Y no sabes cuánto me alegro de ello. Un beso, guapa.

  9. Desde que me introdujo Tessa en tu blog con su contestacion al cuestionario, ando curioseando por este mundo tuyo. Me encantan tus historias y no me importa si son reales o inventadas. Dan mucho juego para una gata lectora en recuperacion post operacion de tibia. Saludos, Porcia

  10. Vaya, esos postoperatorios me los conozco, en carne propia y ajena. Así que me alegro sinceramente de hacerle compañía a una socia de fatigas médicas. Muchas gracias, Porcia, bienvenida. Recupérate.

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