Se ha roto mi grabadora. Acabo de pedir otra por internet, pero lo cierto es que cada día me cuesta más encontrar lugares donde comprar las cintas. Me refiero a microcassettes, como esa que pueden ver arriba, en la cabecera del blog. El sábado me sorprendí a mí mismo haciendo uso por primera vez de la grabadora de voz del smartphone. Julio el inmoral lleva años ofreciéndose para encargarse de pasar a MP3 las cintas que guardo en mi vitrina, las que vengo transcribiéndoles aquí a ustedes, pero no acabo de decidirme. La verdad es que cada vez grabo con menos frecuencia y más brevedad, pero aún intento discernir si he ganado en capacidad de concisión o he perdido empeño por el detalle. No he cesado de darle vueltas todo el fin de semana y ayer, en un rapto de coraje de los que tengo a veces, probé a escribir directamente en lugar de hablarle a la grabadora. No estoy seguro del resultado. Me pregunto qué tal quedaría la imagen de una pluma estilográfica en la cabecera del blog. Tómense lo que sigue como una emisión en pruebas.

Tristan da Cunha
Tristan da Cunha es el territorio habitado más remoto del planeta. Una isla volcánica ubicaba en el Atlántico sur, a tres mil kilómetros de las costas de África y de América. En el Atlántico sur. En el océano Atlántico, es mejor que no lo olviden nunca. He pasado horas fascinado mirando los mapas, calculando itinerarios, planeando un viaje más que improbable. Los minutos previos a la operación -en unos días se cumplen ocho meses- fueron una auténtica coreografía, bien ensayada y probablemente mil veces repetida. Me dieron una pastilla, me dormí leyendo a Aramburu y desperté fresco y despejado, sin nervios. Rosa durmió a mi lado, encogida en el sillón para las visitas. Tinín, Susi y los dos Julios llegaron cuando todavía estaba en la cama, y desde entonces todo fue muy rápido: me duché con el gel que me dieron, me puse la bata y en un instante vinieron a por mí. Ellos me siguieron hasta donde se lo permitieron, lanzándome besos y palabras de ánimo, aunque creo que notaron que iba tranquilo, sin miedo. Es cierto que entonces no lo tenía, o al menos mucho más tenue y difuminado que en los días anteriores. El camillero me condujo en silencio por un largo pasillo hasta dejarme completamente solo al lado de un ventanal con una mañana radiante al otro lado. El sol me cegaba, estuve allí un par de minutos quizá, pensando en mi familia, calculando por un instante las proporciones de la regañina de la mareta y los gestos de Marta si llegaban a enterarse de todo. Pensé en Mónica con sus gafas de sol, en la foto de la comida en la playa en Navidad, no sé por qué exactamente en esa imagen. Eché de menos a Mireia más que a nadie, ver sus ojos, escuchar su voz, recibir sus besos, apretar su mano caliente, creo que por ese orden. Esa tregua a solas en el ventanal formaba parte sin duda de la estudiada coreografía, que continuó con la aparición estelar del cirujano, él solo con su sonrisa perenne, vestido ya para matar, llamándome por mi nombre y repitiendo una vez más minuciosamente lo que iban a hacerme. Está chupao, concluyó, y a continuación hizo un gesto para que los auxiliares que aguardaban detrás, lo suficientemente lejos de mi vista hasta entonces, se acercasen para llevarme al quirófano. Eran tres o cuatro, todos me llamaban repetidamente por mi nombre, felicitándome por la inmensa fortuna de que me operase el mejor especialista del hospital. El quirófano me impresionó: era mucho más grande de lo que esperaba y, sobre todo, había diez veces más gente de la que esperaba, todos trajinando con suavidad, sin estridencia alguna, todos saludando sonrientes a mi paso como si en lugar de a rajarme se dispusieran a ofrecerme un homenaje. Los anestesistas se acercaron resueltos hasta colocarse detrás de mi cabeza, uno por cada lado, montrándome al unísono sus rostros felices como lo hubiesen hecho Ginger y Fred. Eran un chico y una chica muy jóvenes, recuerdo que esa probable inexperiencia me inquietó por un instante. A partir de entonces, solo ellos se dirigieron a mí, contándome con detalle cómo iban a dormirme: primero una inyección y luego una mascarilla, ni te vas a enterar: cuatro horitas aquí, una noche de visita en la UCI, una semana en el hospital y luego a celebrarlo. De viaje por ejemplo, dijo Ginger; ¿a dónde te gustaría viajar? replicó inmediatamente Fred. Ya me habían colocado la mascarilla, y me inquieté de nuevo recordando que quienes habían pasado por la experiencia me contaron que la pérdida de consciencia es instantánea, pero a mí no me llegaba. Me sentía mareado y confuso, pero perfectamente consciente mientras me hablaban. Hay tantos sitios, contesté, ahora no sabría elegir uno. No, no, eso no vale, prosiguieron mientras trabajaban: tienes que decirnos el que más desees, el que más ilusión te haga. La isla Tristan da Cunha, respondí finalmente. Suena bonito, dijeron perfectamente sincronizados; ¿dónde está eso? En el Pacífico sur, contesté, e inmediatamente caí en la cuenta del lapsus, pero ese fue mi último pensamiento: ya no me dio tiempo a rectificar.

Estratosfera
Pasé la tarde del domingo solo en casa y la entretuve con el salto de Baumgartner, siguiéndolo por televisión y por Twitter. Twitter es un sitio curioso, tan curioso al menos como la televisión o como el mundo, pero con algunas ventajas añadidas, fundamentalmente de carácter sentimental. Una cosa le debo a Twitter y se lo agradezco: hacía tiempo que no me sentía tan deliciosamente niño leyendo los comentarios espontáneos de mis escritores, periodistas, cineastas favoritos. “Una cosa le debo al austriaco y se lo agradezco: hacía tiempo que no me sentía tan deliciosamente niño. Mis 5 mejores minutos del año”, escribió ayer Fernando Aramburu, cuyos libros tantos buenos ratos me han procurado, a propósito del salto desde la estratosfera del paracaidista. Hubo mucho ingenio en los comentarios, fue divertido leer las reflexiones, reacciones y bromas de cada cual, pero la guinda la pusieron, quién si no, Jabois y Montano cuando Baumgartner acababa de culminar su hazaña. “Los que nunca vimos llegar al hombre a la luna siempre podremos decir que lo vimos llegar a la Tierra”, escribió el primero. Montano lleva tiempo descosiendo de noche lo que teje de día, al menos en Twitter, de modo que no puedo reproducir su tuit literalmente porque lo ha borrado, pero vino a decir esto: “la expresión
salto estratosférico ha perdido desde hoy toda su potencia metafórica”. “La ridiculización de los logros ajenos es mi detector de mediocridad favorito”, redondeó el gran Cary Gooper a cuenta de quienes hacían chanzas o restaban mérito a la gesta del austriaco. Hay gentes que no tienen ninguna razón para ser infelices, pero lo son. Simulan o creen de verdad estar de vuelta de todo, pero en realidad son adolescentes perpetuos que abandonarán el cinismo cuando vean las orejas del lobo, cuando la fortuna o la propia siembra traiga alguna tempestad a la cómoda infelicidad de sus días. Lo malo, lo realmente dañino de estos, es que ese espíritu ramplonamente naïf, pesimista y desabrido se ha revelado como altamente infeccioso, y la epidemia se extiende. Contra el contagio, conviene rodearse de sus opuestos, gentes que tienen razones sobradas para ser desgraciados, pero no lo son. A estos hay que seguirlos, procurar tenerlos siempre cerca. Me emocionó el salto de Baumgartner, tal vez por la querencia personal por los límites, las fronteras y los confines. Lugares como Tristan da Cunha.

Not everybody gets corrupted
El 1 de junio de 2011 les conté aquí cómo empecé a leer a Manuel Jabois. “Los verdaderos genios son los que se copian a sí mismos”, algo como eso escuché hace unos días, pero no lo grabé ni lo anoté -acabaré por aceptar la propuesta de Julio el inmoral- y ahora no logro recordar a quién, dónde ni a cuenta de qué. Cuando Jabois colgó hace cuatro años en el Nickjournal aquel texto sobre las escenas finales del Manhattan de Woody Allen, me dije que a ese tipo convenía seguirle, tenerlo siempre cerca. El domingo a la hora del aperitivo leí su artículo en El Mundo, donde ya es uno de los columnistas más respetados, y me sentí obligado a pedir otra caña para brindar por el mérito y la recompensa. Los auténticos genios, efectivamente, son quienes se plagian a sí mismos para mejorarse. Woody Allen, sin ir más lejos.

Mireia
Algunos de los momentos más felices que recuerdo pertenecen a las mañanas en que lo primero que veía al despertar era su risa. Es, tal vez, la mujer más bella del mundo, y sin duda la mujer de mi vida. Me eché con ella muchas siestas, pero aún así, muchísimas menos de las que hubiese deseado, aunque no me dejase dormir, aunque nunca pasaran ni cinco minutos desde que había conciliado el sueño hasta que sentía su mano en la espalda, zarandeándome si era necesario y llamándome bajito, nunca por mi nombre, para hacerme una pregunta o proponerme algo. Cuando venía a Madrid y se quedaba en casa, Mónica siempre se levantaba antes para desayunar con ella y después me la traía a la cama para que me regañase por dormir tanto. A sus nueve años recién cumplidos cuenta con la imprecisa ventaja de haber recibido ya el golpe más duro de cuantos le quedan por encajar, que no serán demasiados si la vida le recompensa el mérito. He pasado tiempo con ella este verano en Barcelona, y el próximo fin de semana su padre la traerá a Madrid para dejarla conmigo unos días. Estoy orgulloso de mi hermano.

Lunes
Me corté ayer el pelo, porque a Mireia le gusto menos con las melenas y me ha advertido muy seriamente sobre el particular. Aproveché para devolverle a Susi las muletas que me prestó, que hace tiempo que no necesito. Ni por supuesto ella, que apenas visita ya las consultas de los médicos. Le va bien, conserva sus clientes, no ha sido necesario despedir a nadie. ¿No te da pena? preguntó a mi espalda, con sus dedos enredados en mis rizos y la tijera preparada en la otra mano. La vi en el espejo, apartándose el flequillo con el antebrazo. Estaba más guapa que nunca. Me dio pena, pero había que cortar. Canturreaba contenta una de sus canciones favoritas mientras trabajaba. Ella me aconsejó hace tiempo que colgase la música en el blog los lunes en lugar de los viernes, pero creo que nunca llegué a hacerle caso en eso. Echo de menos mi grabadora.

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11 comentarios en “Martes

  1. Hola:

    Joer que bien me lo he pasado con el archipiélago de marras. Tristan da Cunha debería ser a la microgeografía o microetnología lo que “El queso y los gusanos” a la microhistoria. Como una cosa lleva a otra, y más en mi caso, después de leer sobre el tema (incluido sobre su descubridor, el que le dió nombre), un misterio misterioso me acosa y me produce insomnio (no es algo preocupante, he leído el post a eso de las doce del mediodía y ahora no son ni la una de la tarde del mismo día). Como muy bien sabrás, considerando tus minuciosos planes de viaje a ese territorio, la endogamia es la norma, no la excepción y, al parecer, sus entre 264 y 275 habitantes actuales son todos descendientes de ocho hombres y siete mujeres que llegaron a la isla principal entre 1816 y 1908.

    Bien, hasta aquí, mal que bien, pase (aunque casi 90 años entre la primera y la última lelgada), pero… según que fuentes consultes, resulta que en la isla, entre las 80 familias que la habitan actualmente, solo hay siete apellidos distintos o, según otras fuentes, los apellidos son ocho. El apellido de la discordia es “Patterson”. A falta de localizar una guía telefónica de la isla, que seria una fuente irrefutable, me inclino más por los ocho que por los siete, más que nada por la manía anglosajona de utilizar solo el apellido paterno y la adopción por la esposa del apellido del marido. Dado que los ascendientes masculinos originales eran ocho, a no ser que, claro, algunos fueran hermanos o padre e hijo, aparentemente Patterson debería ser uno de los incluidos.

    Actualización (me da pereza borrar lo anterior). Estaba equivocado, originalmente eran siete, pero: “La isla posee sólo un 7 apellidos hasta 1986, cuando aumentó a 8 mediante la adición del nombre de Patterson de una mujer de Tristan que se casó con un escocés y la familia volvió a residir en Tristan”.

    Bien, pues nada, al misterio secundario. Ocho hombres y siete apellidos originales. Un día que tenga tiempo intentare hacer el árbol genealógico para ver el parentesco de dos de esos hombres o, también podría ser, no eran parientes ninguno pero uno de ellos no tuvo descendencia. Apasionante, cuando viajes a la isla, acuérdate de investigarlo “in situ” por mi, ya me dirás algo.

    Ese lapsus Gauguiniano, espero que solo sea eso, un lapsus pre-anestésico. Gauguin no encontró su Shangri La, estoy seguro que a ti no te pasara y llegaras a esas islas y no a las Shetland del Sur.

    !Bah!, el salto “estratosférico” ese. Lo siento, pero no le veo mucho merito. Yo mismo, sin ir más lejos, seria capaz de hacerlo, otra cosa es que llegara abajo de una pieza o respirando. Pero eso sí, llegar, seguro que llegaría, no en vano la Ley de la Gravedad esta de mi parte en este tema. De todas formas no entiendo muy bien tu referencia a Tristan en ese fragmento, en teoría… si consideramos que la altitud sobre el nivel del mar de Tristan varia entre 0 y 2.062 metros (volcán Queen Mary), seguramente un punto entre Benidorm y la Sierra de Madrid te hubiera valido para estar a la misma distancia de Baumgarter cuando saltó (teniendo en cuenta que la Tierra se mueve y esas cosas, claro).

    Los confines, los limites y el “encontraras dragones”, cuidado… donde menos te lo esperas te aparece el Opus.

    Confieso mi debilidad por (casi) todo WA. Sin embargo no estoy de acuerdo con eso de que el fondo de WA es “plagiarse a sí mismo para mejorar”. No es que tenga muchas excepciones, películas “atípicas de WA”, pero las que tiene, las que no son encuadrables en ese “auto-plagio” por su rareza dentro de su carrera, son tan brillantes (exceptuando la terrible “Septiembre”) que se le queda muy corta esa definición. Por cierto, con competencia como Salvador Sostres Tarrida, ser “uno de los columnistas más respetados de El Mundo” no es que tenga mucho merito. Vamos a dejarlo en que Jabois es un excelente columnista, en general.

    Vaya, lo siento por Mireia, un golpe durísimo a cualquier edad, pero mucho más a una tan corta. Me alegra que tenga esa vitalidad y esas ansias y curiosidad vitales. Los niños, en fin, nos sorprenden con su capacidad de recuperación física y psíquica Y sí, es para estar orgulloso de tu hermano, si ha conseguido eso, podría considerarse que es de lo mejor que ha hecho en su vida, sin desmerecer ninguna otra cosa.

    ¿Y Susi que cantaba mientras te trasquilaba? (Notese mi fobia a las peluquerías y a los cortes de pelo). ¿Algo así?:

    Un saludo:

    Sanan.ex

  2. Tengo un amigo que una vez fue mi jefe..por entonces mientras desayunabamos todo el equipo junto, se le ocurrian unas cosas chulisimas pal curro y tomaba unas decisiones muy acertadas…todo lo anotaba en servilletas que doblaba y guardaba en el bolsillo de la camisa. Al día siguiente traia otra camisa, y se me sentaba al lado con carita de niño pillao en falta mientras yo sacaba mi “agenda mental” y nos poniamos al tema. Supongo que cuando lavaba las camisas, debia formar un buen montoncito de servilletas con pensamientos geniales… este post tuyo es como el montoncito de Arturo….gracias.

    Y ahora comento:

    . La primera vez que entré en un quirofano tendria unos 15 años y me habia leido En Coma, de Robin Cook…todo mi afan era mirar al techo, a ver si estaba hecho de placas cuadradas jajajaja

    . Ah pero ese tipo no saltó el lunes??? yo es que el domingo, y el sábado y el viernes lo he pasao entre pintura interior lavable y cintra protectora, y brochas y…ays que perra vida… Y tengo que decirle al tipo de la tienda, que al “rodillo antigoteo” hay que cambiarle el nombre pero ya…

    . Aquella vez que conoci a Jabois a través de tu post no debio de hacerme mucho tilín porque no me acordaba mucho, y no me compré el libro…aún no

    . Creo que solo un lunes pusiste música.

    Y a Mireia y a tu hermano le das un beso de mi parte, ya sabes como.

  3. Jajaja, Sanan, maravilloso. Ten por seguro que, después de interrogarle convenientemente, me haré una foto con el tal Patterson y su esposa e hijos, especialmente dedicada para ti. Sí, por supuesto, apostaría que he visto todas esas páginas que tú has consultado, y probablemente más: yo creo que ya he visitado todo lo que hay en la red sobre Tristan da Cunha, y hasta he rastreado a través de Google Earth, no te digo más, algún sendero para ascender a lo más alto del volcán sin toparme con el Opus. Aunque si te interesa el tema de la endogamia y los apellidos, no hay que irse tan lejos: ahí al ladito, en Formentera, también hay material para investigar el asunto en profundidad. Sobre el salto estratosférico, qué quieres que te diga: después de conocer tu sutilísimo método, estoy convencido de que ha sido mejor negocio para todos que saltase Baumgartner y no tú: no necesito al austriaco haciendo comentarios en este blog. Oye, a mí “Septiembre” me gusta, como “Interiores”o “Another woman”, o como “Sombras y niebla”, “Todos dice I love you” o la formidable “Match point”, por poner algunos ejemplos de ese Allen que, efectivamente, no se plagia a sí mismo. Después de hablar de Woody, mencionar siquiera a Sostres me da un poquito de grima, de modo que mejor lo dejamos. Sí, los niños sorprenden siempre, pero ayuda mucho crecer al lado de alguien como Carles. Gracias por lo que dices. Y cómo no, gracias también por esa apropiadísima sugerencia de la pluma-grabador-reproductor, de cuya existencia no tenía ni la más remota idea. Me has hecho reír en principio, pero te aseguro que ahora le estoy dando vueltas y puede que me haga con ella. También más apropiada de lo que crees esa imagen de Sansón y Dalila aplicada a mí mismo y a mi querida peluquera; se lo contaré cuando vuelva a verla, estoy seguro de que se le escapará alguna sonrisa maliciosa. Un abrazo, Sanan.

    Me gusta ese Arturo, Lunera, estoy seguro de que me llevaría estupendamente con él. Bonita historia, gracias. Joder, sí, el techo era de placas cuadradas, estoy seguro. No he leído ese libro, de modo que ya me explicarás si es un buen o mal presagio (de momento la cosa va bien, no me acojones). Yo también tengo que ponerme a pintar un día de estos, aunque creo que ya lo dejaré para la primavera y, sobre todo, que no compraré los rodillos en tu tienda jajaja. El libro sigue a la venta. Sí, es cierto, lo he comprobado: sólo un lunes puse música, chica atenta. Gracias por ese beso para Mireia y para mi hermano: se lo daré a ambos de tu parte, no te quepa duda. Toma tú otro, igual de casto pero más grande.

  4. Gente que entraba al quirofano por cositas aparentemente leves… quedaba en coma. Una joven doctora investiga y descubre una trama de tráfico de órganos. Se mete la muchacha, no me acuerdo por qué por una de las placas de escayola del techo, y descubre unas tuberias que iban de no se donde al quirófano y “trucaba” la anestesia, metiendole a los pacientes más oxigeno de lo normal, y por eso se quedaban en coma.Despues de estar en casa una buena temporada malita, un par de visitas a urgencias donde me echaban sin hacerme nada, un dia interminable me tuvieron pasillo arriba, pasillo abajo, sola por supuesto, y al final todo fueron carreras pal quirofano…menos mal que el techo era liso..
    No te preocupes, los dos despertamos, estamos salvados…. o no??

  5. Jo jefe, la parte primera, la del quirófano, me ha hecho recordar tantas cosas… Dicen que cuando te despiertas de la anestesia estás como en una nube. Yo recuerdo ese momento con más nervios ( o miedos, mejor dicho) por la posibilidad de perder algo que me costó demasiado conseguir…. Así que un poquito triste me he puesto.
    Por cierto, no olvides que aquí está tu secre por si quieres solo hablar yo te lo mecanografío eh? Jajajaj así no te harán falta ni cintas ni nada!
    Mil besos jefe, un placer como siempre.

  6. Puede que esto parezca un poco recargado, edulcorado: ¡joder, Albert, qué poco tiempo para leerte!

    “Me pregunto qué tal quedaría la imagen de una pluma estilográfica en la cabecera del blog.” Original desde luego que no.

    Tristan da Cunha.

    ¿Y eso quién lo dice? ¿Quién otorga ese certificado? Tengo en el pasaporte un sello con la leyenda “Fin del Mundo. Donde el continente pierde su nombre.” No me digas que no es una descripción de una promesa. Le doy más valor a mi pasaporte que a la cervecera irlandesa. Un pasaporte, por cierto, que ya no es el mío (1996); en él me mira un extraño.

    Estratosfera.

    Hay cierta cualidad humana que nos aferra a nuestros horrores particulares. No pude, ni quería, ver en directo a Baumgartner. Imaginaba “pájaros ardiendo”, o lo que es lo mismo: el intento de racionalización de un escolar neoyorkino ante la visión de seres humanos eligiendo entre el suicidio y la incineración, sufriendo a menudo lo peor de ambos destinos.

    Not everybody gets corrupted

    Uno era ese 1% de los contertulios de aquel lugar. Por supuesto, esto es presuntuoso por mi parte.

  7. Ahora he recordado la historia, Lunera, lo que pasa es que yo no la leí, sino la que vi en una película: http://www.filmaffinity.com/es/film586150.html que, por lo que acabo de fisgar, es la adaptación de esa novela. La película estaba bien, me gustó, pero la vi hace años y ya no recordaba lo de las placas de escayola, por suerte. Los dos despertamos, los dos estamos salvados y los dos estamos muy buenos. Pero qué mal se pasa.

    Nerea, tú también? De haber sabido que aquí os han abierto a todos, os hubiera pedido consejos. Me sucedió exactamente lo mismo que a ti al despertar, yo no recuerdo ninguna nube, sino también miedo primero y alivio después al comprobar que todo estaba en su sitio. De modo que no sabes cómo te entiendo. Gracias por el ofrecimiento, lo tendré en cuenta, eficiente secretaria. Ve practicando que yo hablo deprisa. Mil besos, guapa.

    S., siento echar abajo tu presunción, pero a quién quieres engañar: tú eras, vaya que si lo eras, de ese noventa y nueve por ciento, aunque algo sí te concedo: lo de insultar se te daba de puta pena. Me has puesto los pelos de punta con esa analogía entre el salto del austriaco y el infierno neoyorkino, porque aunque disfruté del momento, sí percibí en algún instante cierta zozobra que sólo he reconocido cuando tú has mencionado tu “horror particular”. Sí, joder, era eso. Yo también prefiero tu pasaporte al Guinness: qué frase tan rotunda y magnífica para llevar sellada. Apunto tu voto negativo para lo de sustituir la cinta por una pluma. Gracias por sacar tiempo para pasarte, es un placer verte por aquí.

  8. Hola:

    Que cosas tienen las referencias. A mi ni por asomo se me ocurrió pensar NY, lo primero que me vino a la mente es el titulo de una poco conocida novela de CF “El hombre que cayó a la tierra”, no por su trama, que tiene poco que ver (uhmmm, aunque rascando un poco… vete tu a saber) sino por, evidentemente, su titulo.

    “Pájaros ardiendo”, pues nada, mi deformación fan sigue a lo suyo, tampoco me ha venido primero a la mente NY, sino Blade Runner y Orión. De todas formas, uno de los vericuetos de mi coco me llevó a pensar en una postdata para esa historia, una donde el saltador sobrevive, llega a la tierra, pero las corrientes atmosféricas le obligan a aterrizar en lo más profundo de Papúa Nueva Guinea y ahí es recibido con las bocas abiertas por ciertos nativos muy hambrientos. Un pelín macabro y gore para el pobre austriaco, aunque muy nutritivo para esos papuenses, no hay mal que por bien no venga. Total, un final donde el “Deux et machina” es cambiado por el “Arguiñano et olla” o, en versión cinematográfica, cambiar al perrito de “Atraco perfecto” por un famélico aborigen (por cierto, para hacer más ionescuente y rapiñosa la historia, plagiando a Conrad en “el Corazón de las tinieblas” y a Coppola (quien roba a un adaptador…) en “Apocalipse New”, introducir a Hannibal Lecter en el exilio, liderando la tribu esa, no estaría mal)..

    A mi nunca me han “abierto”, pero sí me han anestesiado (con anestesia general). No recuerdo placas de techo ni nada así, arquitectónico o decorativo, tenia la mente demasiado ocupada en procurar que los efectos de la anestesia no me hicieran confesar mis más inconfesables secretos. De hecho, antes de someterme a ese procedimiento, estuve yendo a 15 sesiones de hipnosis para conseguir olvidar, durante ese tiempo peligroso, quien o que era.

    Como al parecer, ningún miembro del equipo de quirófano se ha fugado al Caribe y mi cuenta suiza esta igual que estaba, he de suponer que la hipnosis, para ciertas cosas, es muy efectiva.

    Pssst, los pasaportes… después de ver (y antes leer – Ludlum es otro de mis secretos inconfesables. Sí, no escribe, formalmente, muy allá, pero, pero…- ) la trilogía de Bourne, esos documentos son tan creíbles como el que un líder político de cierta (por ahora) autonomía se vaya a un notario y firme una promesa solemne de no pactar con otro grupo político determinado. “In vino veritas” que, trasladado al tema que nos ocupa, “la verdad esta en la cerveza” y no en un trozo de papel (más aun si pertenece a un actual desconocido que, quizás, conocimos o creímos conocer en otra vida).

    Un saludo:

    Sanan.ex

  9. ¡Por fin me he decidido a comentar tus textos, Albert! Soy lectora empedernida de varios blogs, entre ellos, el tuyo, porque rezuma, entre otras cosas, reflexiones sensatas de una persona joven que ya ha vivido mucho. Y esto no es malo, al revés. Porque al final vivir se resume en cómo sientas, vivas, recuerdes y aprendas sobre lo que conforma el día de cada uno, bueno o malo. No analizo aquí más que al personaje que ha creado Albert, y esto que escribo hay que entenderlo, exclusivamente, desde esta óptica y no desde ninguna otra. No me arriesgo a hacer un análisis literario de cada texto, porque tendrías que retirar todo lo que has escrito para dejar paso a mis comentarios, que en todos estos años, no solo no he aprendido a resumir, sino que ya supero a Sanan.ex en esta materia.
    Así que optaré por seguir leyéndote, como hasta ahora, e interviniendo muy de tarde en tarde, como he hecho hoy.
    Un saludo.
    Alacena de las Monjas

  10. Ships on fire, caníbales papuenses, el perro de Atraco Perfecto, Lecter, Kurtz, Bourne y Mas. Sanan, si la hipnosis pudo con “los vericuetos de tu coco”, puede con cualquier cosa. Qué conste que me quedo con la duda de si hay algo de cierto en esa historia de la anestesia. Ya me contarás (o no). Saludos.

    Bienvenida, Alacena. Me alegro de saber que pasas por aquí a leer. Superar a Sanan en cualquier materia está complicado, pero tú arriésgate cuando quieras y cuanto quieras. Te agradezco lo de “reflexiones sensatas”, pero lo cierto es que no estoy seguro siquiera de que sean reflexiones, así que no te digo sensatas. Gracias, un saludo.

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