Entrecintas

Santa Compaña

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¡Ciérranse ventanas, atráncanse puertas! ¡Encomiéndate al Santo!

Disfruten del puente. Y tengan cuidado ahí fuera.

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Entrecintas

Jofre y Fina se separan

“La muchacha catalana no ha de pasar gana”. “Cuando se trata de trempera, Cataluña es la primera”. “Basta de punto G, las catalanas tienen punto Ç”. Estos y otros lemas identitarios, como desterrar las expresiones “hacer un griego” o “un francés” en favor de la más nacional “hacer un catalán” (ya les contaré en qué consiste), forman parte de las razonables reivindicaciones de la plataforma Follem en Català, nacida hace más de cuatro años y hoy, como pueden adivinar, más activa y popular que nunca. Desconozco si la Generalitat acabó finalmente por atender la solicitud de subvención que cursaron en época del President Montilla, pero estoy seguro de que Artur Mas se mostrará sensible a la cuestión. Sigue leyendo

Entrecintas, Mujeres reales

Martes

Se ha roto mi grabadora. Acabo de pedir otra por internet, pero lo cierto es que cada día me cuesta más encontrar lugares donde comprar las cintas. Me refiero a microcassettes, como esa que pueden ver arriba, en la cabecera del blog. El sábado me sorprendí a mí mismo haciendo uso por primera vez de la grabadora de voz del smartphone. Julio el inmoral lleva años ofreciéndose para encargarse de pasar a MP3 las cintas que guardo en mi vitrina, las que vengo transcribiéndoles aquí a ustedes, pero no acabo de decidirme. La verdad es que cada vez grabo con menos frecuencia y más brevedad, pero aún intento discernir si he ganado en capacidad de concisión o he perdido empeño por el detalle. No he cesado de darle vueltas todo el fin de semana y ayer, en un rapto de coraje de los que tengo a veces, probé a escribir directamente en lugar de hablarle a la grabadora. No estoy seguro del resultado. Me pregunto qué tal quedaría la imagen de una pluma estilográfica en la cabecera del blog. Tómense lo que sigue como una emisión en pruebas. Sigue leyendo

Mujeres reales

Alemania imposible

Y es que no hay nada mejor que revolver el tiempo con el café ¿verdad? Dejó la vista perdida en la taza humeante durante unos segundos, apoyó la cucharilla en el plato y levantó la vista para dedicarme la primera sonrisa franca de la larga tarde. Gracias, Albert; me tomo la licencia de considerar ese último texto de tu blog como un recordatorio cariñoso. Debo empezar a leerte, a mi padre le encantaba hacerlo. Te tenía en gran estima. Un día me preguntó por sorpresa -ya sabes cómo era- si me parecías un hombre atractivo. Creo que le hubiese gustado tenerte de yerno, concluyó riendo mientras se llevaba el café a los labios sin pintar. Sigue leyendo