Ayer me sacaron un rato a pasear. Desde hace dos meses solo he salido a la calle para ir al médico o para tomar de vez en cuando una lata de cerveza en el banco de piedra de la plaza. Julio el comunista vino a recogerme en coche y pasamos la tarde los dos solos, en las orillas del lago del Retiro. El médico me recomendó movimiento para ir recuperando músculo, y Rosa dijo que me vendría bien expandir la vista. A ambos les hice caso: caminé bordeando el lago y en los descansos aproveché para mirar a todas las mujeres que me llamaron la atención. Nunca sabes lo que tienes hasta que lo pierdes, es cierto, pero no lo es menos que tampoco se toma conciencia de lo perdido hasta que se reencuentra. No entendí con claridad durante mi ausencia del mundo cuánto he echado de menos la involuntaria y bendita compañía de las desconocidas. Sentados en el quiosco o en las escalinatas de la estatua, Julio hablaba mientras mis ojos se columpiaban en el ritmo oscilante de las curvas y los volúmenes, en el vaivén caprichoso de gestos, voces y colores. Me enamoré al menos de cuatro de ellas.

–          El sol y el aire te van a venir de puta madre, hombre, ya tienes hasta mejor cara.

La camarera del quiosco olía bien. Julio tenía razón, salir de casa me sentó estupendamente. Le he visto poco últimamente porque se ha echado novia, una chica bastante más joven que él con dos hijos pequeños. La conoció en la agrupación del barrio, en no sé qué asamblea previa a la última huelga general.

–          Tengo que presentártela a ver qué te parece, a mí me gusta pero no estoy seguro de querer meterme en ese lío de una tía con críos.

Una veinteañera tocaba el violín al pie de la baranda que rodea el estanque. Desde mi sitio podía mirarla a placer, sin que el corro de espectadores estorbase mi vista. La chica estaba concentrada en la melodía, pero giró la cabeza para devolverme la mirada y la sonrisa un par de veces.

–          ¿Sabes quién la ha conocido? Mónica. Estuvimos hace un par de semanas en el Zoológico con los niños, son buenos chavales, educaditos, uno de siete y otra de cinco. Me acerqué a su sitio a ver si la pillaba por casualidad, y allí estaba; se alegró mucho de verme, le regaló a los críos un montón de cosas y me dijo que la próxima vez la llamase antes para no pasar por taquilla.

El lago del Retiro – fotosderipley@gmail.com

Le pedí a Julio que se levantase para echarle unas monedas a la violinista cuando culminó solemnemente una sonata de Bach que reconocí por puro azar. Antes de que él regresara al asiento, la chica me lanzó un beso desde la palma de su mano.

Com stas, nen? Ptns. Mi hermana me manda ahora al menos un whatsapp diario desde Nueva York, para preguntar por mi estado o darme ánimos. Julio me hizo una foto con el lago de fondo y se la envié inmediatamente para sorprenderla, sabía que se alegraría de verme en la calle. En junio vendrá para estar una semana en Vallvidrera y un par de días en Madrid arreglando asuntos burocráticos. Tengo ganas de verla. En los dos últimos meses hemos retomado el contacto perdido durante años, en los que nos limitamos a felicitarnos los respectivos cumpleaños y muy poco más. El mensaje al móvil llega puntualmente cada tarde, pero además intercambiamos mails con frecuencia y me llama por teléfono todas las semanas. En uno de esos correos me envió una fotografía escaneada, poco nítida y con los colores marchitos pero perfectamente reconocible. Estamos posando los dos delante de la Atalaya del parque de atracciones, agarrados de la mano, ella sonriente y yo con cara de susto, con un globo rojo atado a la muñeca derecha. Te’n recordes d’aquesta tarda? Et vas perdre en el Tibidabo!

Me quedé hipnotizado por el autómata del payaso de la mandolina, me alejé unos pasos para verlo más de cerca y cuando salí del hechizo busqué la mano de mi madre y no la encontré. No sé cuánto tiempo estuve perdido, quizá sólo unos minutos, una eternidad en la que aquellos fascinantes muñecos en movimiento se transformaron en monstruos que amenazaban mi soledad infinita de niño extraviado. Tenía ocho años, o tal vez nueve, no lo recuerdo, pero sí que poco tiempo después nos mudamos de la ciudad a Vallvidrera. A mí me gustó desde el primer día aquella casa desde la que se veía Barcelona entera, y a Marta le entusiasmó su dormitorio, más del doble de grande del que tenía en Sarrià, pero a Carles le costó tiempo superar la traumática ruptura con su vida adolescente en las calles del barrio.

–          Coño, pero ¿sigues fumando? ¿No lo habías dejado?

Encendí un cigarrillo cuando la violinista terminó otra pieza y depositó el instrumento en el soporte, para echar un trago de cocacola mientras agradecía a los viandantes los aplausos y las monedas. El puñetero violín me había impedido mirarle las tetas a gusto hasta ese momento, y ahora tenía la oportunidad. Julio quería hablar, quería contar, pero yo no quería saber, quería extraviarme en el murmullo continuo de los cuerpos en movimiento. Paré con la pierna buena un balón de plástico que llegó rodando con un niño detrás, perseguido a corta distancia por su madre, una morena de ojos claros y dulce sonrisa que se disculpó antes de girarse con el chaval de la mano. Odio esa moda ya antigua de los vaqueros de tiro bajo que aplanan los culos. Se lo dije a Julio y se mostró de acuerdo, pero no parecía dispuesto a cambiar la conversación que había tratado de iniciar minutos antes.

–          Ya no viaja tanto, ahora está casi siempre en el zoo; me dijo que tenía ganas de tomar unas cañas y charlar un rato. Yo pensé que lo decía por decir, que era un “a ver si nos vemos” de esos para salir del paso, pero sí que lo hizo, me llamó y estuvimos una tarde en El Castellano. Los dos solos, más de dos horas. Hablamos mucho.

Guapo!! Despr parlem, et truco per telf. A Marta le gustó la foto. Me paré un momento a pensar y no recordé que jamás me hubiese piropeado antes con tanto entusiasmo, y mucho menos que se hubiera mostrado jamás lisonjera o falsamente gentil para levantar el ánimo de nadie. A mi hermana se le está endulzando el carácter con la edad, Julio. Apenas la conoce, pero asintió vagamente tomando mi móvil en su mano como si tuviese miedo de romperlo, y a continuación se enredó en una larga lamentación por  el uso perverso que el sistema político y económico internacional está haciendo de las nuevas tecnologías, aprovechándolas como nuevas armas de explotación de los pueblos del mundo. Hablaba señalando el móvil con un dedo como quien señala al diablo, pero terminó preguntándome por el precio, los colores disponibles del modelo y la posibilidad de ver vídeos porno en la pantalla.

El ángel caído – Dani Toril

Cuando empecé la secundaria, la mareta negoció con la Meritxell para que me dejase en Barcelona por las mañanas, porque los horarios coincidían y a ella mi instituto le venía de paso para llegar a su trabajo en la Diagonal. Era la hija mayor de los vecinos de enfrente y tenía veintiséis. Todos los días a las siete y media me subía en su Renault azul y pasaba la escasa media hora de viaje escuchando los chistes que había aprendido el día anterior en la oficina y las cintas de Serrat, Julio Iglesias y Miguel Bosé, porque la radio no le gustaba. No me importaba, porque olía bien y la falda se le subía a medio muslo mientras conducía. Albert, te contaría uno graciosísimo, pero es que me da un poco de apuro y a lo mejor no lo vas a entender. Por las noches me masturbaba imaginando mañanas alternativas en las que en cada semáforo me dejaba acariciarle las piernas y las abría para que yo metiese la mano debajo de su falda. La primera cinta que grabé se la dediqué a Meritxell.

–          A Mónica se le suelta la lengua con el alcohol, lo sabes mejor que yo. El otro día en El Castellano se tomó dos gintonics. Me preguntó por ti y por Susi, que por qué habíais roto. Pero qué coño le iba a contar yo, si no tengo ni idea.

Lo dejó ahí, esperando algún comentario por mi parte. Cogí el libro que había dejado sobre la mesa, junto con el tabaco y las llaves del coche, un ejemplar muy sobado y con algunas páginas sueltas de Tokio Blues.

–          Pensé que no me iba a gustar, porque a mí los rollos de japoneses…pero coño, me está enganchando. ¿Lo has leído?

La tarde se arrugaba sobre el Retiro mientras caminábamos en silencio por el paseo de las estatuas buscando Alfonso XII. Mi amigo llevaba la mano sobre mi hombro, compartiendo moralmente mi pequeño esfuerzo con las muletas. Me apoyé un instante en Doña Berenguela para descansar. Julio se metió las manos en los bolsillos, dirigió su mirada directamente a mis ojos y después la dejó colgada de la punta de sus zapatos antes de empezar a hablar.

–          También me preguntó por Rosa, que dónde la habías conocido y que si la cosa iba en serio. Vino directamente del trabajo, nos sentamos en el salón de dentro. Llevaba J’Adore y una coleta alta, y los labios un poco pintados. Se le achisparon un poco los ojillos con los gintonics. Dijo riéndose que tenía que aprovechar, beberse las últimas copas antes de quedarse embarazada, porque ya lo está planeando. Tenía ganas de hablar. Como si quisiera desahogarse, no sé. Cuando le dije que no sabía por qué lo habías dejado con Susi, se le puso una sonrisa así como un poco triste y un poco maliciosa. No habló mal de ti en ningún momento eh, eso que quede claro.

Saqué otro cigarro, el tercero de la tarde. Me dejé acariciar por el vientecillo indeciso que traía los aromas del parque. La pierna dolía un poco. Queda claro, Julio. Dame fuego y termina de una puta vez.

–          Venga, pues termino. Diana, Cristina, Amparo, Fátima, la peluquera…a Susi la llamó así, “la peluquera”. Porque digo yo que se refería a Susi. Yo a la mitad de las tías que nombró no las conozco más que de oídas, compañero, pero ella recitó de memoria una lista de infidelidades. Y no estaba mosqueada. Un poco melancólica por los cubatas, ya te digo. Tenía ganas de hablar.

Estoy acostumbrado a que Julio me llame alguna vez así, “compañero”, pero me hizo gracia la forma en que usó la otra palabra, sacándola de un cajón para quitarle el polvo y adecentarla como habría hecho con cualquiera de los objetos que vende en su tienda de anticuario. “Infidelidades”. No imagino a Mónica empleando ese vocabulario.

–          Me dijo que te diera un beso de su parte y que irá a verte cuando tenga tiempo. Al final se le saltaron un poco las lágrimas, no quiso que lo viera pero me di cuenta. En fin, yo qué sé. Dijo muchas cosas, que te había querido mucho pero que no es fácil estar contigo, eso vino a decir más o menos. Lo de las tías lo dijo solo de pasada eh, no vayas a creer que me estuvo contando detalles ni quejándose de nada. Tenía ganas de hablar. Y a mí me parece que, como amigo, tenía que contártelo. Ni entro ni salgo, compañero.

Apagué el cigarrillo en los pies de Berenguela y le pedí que me ayudase a incorporarme. Julio aguanta con la tienda del Rastro abierta, pero se está planteando la liquidación si la cosa sigue mal. Le gustaría seguir dedicándose a lo mismo que ha hecho toda la vida, pero su nueva novia tiene un carguito en El Corte Inglés y quizá pueda encontrarle un puesto de trabajo en las oficinas. Se lo está pensando. Volvío a apoyarme la mano en el hombro hasta que alcanzamos la salida del parque. Rosa no estaba en casa cuando llegué. Está preparando la mudanza a Londres, se marchará en junio, cuando yo me haya reincorporado al trabajo. Me estaba cambiando de ropa cuando llamó Marta. Com has passat el dia? Explica’m, guapo.

Me gustó escuchar a mi hermana, hablar con ella en mi lengua, sentir que el susto había pasado al verla, notar de nuevo su mano agarrándome del brazo cuando yo ya había empezado a llorar porque creí que mi familia se había marchado del Tibidabo dejándome olvidado, a merced de aquellos autómatas monstruosos que esperarían a la noche para convertirme en uno de ellos. Me agarró el brazo, me dio un capón de los suyos, vaya susto que nos has dado, tonto, para qué te separas, el papa te va a regañar, ya lo verás. Mi madre me estrechó entre sus brazos hasta casi afixiarme cuando Marta me llevó de la mano hasta ellos. Me contó que tenía mucho trabajo, que la crisis se había saltado el Soho y vendían incluso más que antes. Avui he pensat en la Meritxell. Se rio con ganas de aquella inopinada confesión y me preguntó entre carcajadas si es que todavía estaba enamorado de la vecina tetona. Tinc moltes ganes de veure’t, Marteta. 

Anuncios

8 comentarios en “Retiro

  1. Es cierto que una tarde en El Retiro da mucho de si. Da para recuerdos, para tomarse algo en un chiringuito aún a riesgo de arruinarte. Da para mirar tetas, patos, el agua sucia del estanque y las viejas estatuas del monumento. Tengo pasadas innumerables tardes de verano en El Retiro, cuando los míos tenían un negocio en la próxima calle Columela, detrás del pastelón de San Manuel y San Benito. Tengo pasadas innumerables tardes de primavera vendiendo libros -y pasándolo de pm- en la cita anual con los libros en la Feria. Y sobre todo tengo un recuerdo nítido e imborrable de una mañana de invierno en el antigüo zoológico, la Casa de Fieras del Retiro, aunque no me perdí allí, me despisté en la Calle Preciados una Navidad, justo enfrente de las Galerías -donde hoy está la FNAC-.
    Se te nota con buen color, un poco meláncolico pero sigues con ganas de follar, eso es bueno ;). Me ha gustado mucho la forma en la que has entremezclado tu tarde de Retiro con los pequeños y grandes recuerdos del niño del globo rojo.
    Dos besos, uno para el niño que se perdió y otro para el niño que ha vuelto a pasear.

    Dos besos Dos, Chico Guapo.

  2. Hola:

    Quizás el post más “oyente” de los que te he leído, pasivamente “oyente”. En otros, bueno, sí, los demás hablan y tu escuchas y cuentas, pero interactúas más activamente en la charla. Aquí no, aquí Julio te habla directamente, la violinista te habla con los ojos, tu hermana te habla con mensajes de móvil, Meritxell te contaba chistes unidireccionalmente y Mónica te habla indirectamente mediante Julio.

    Apenas sales de tu mutismo para pedirle a tu acompañante que le eche unas monedas a la interprete, lanzar un comentario sobre el tiro de los pantalones o, en el colmo de la comunicación, mandarle una foto a Marta. ¿Albert, de verdad, ese paseo fue por el exterior o fue un paseo por tu interior?. Al final, cuando parece que hay una especie de conversación entre Marta y tu, no es tal, ella te habla, pero tu sigues “en otro sitio” y le respondes con ese “hoy he pensado en Meritxell”, en vez de darle contestación a lo que realmente te había preguntado.

    ¿Introspectivo? Yo que se. ¿Lleno de curiosos paralelismos entre un paseo por el Tibidado de hace unas décadas y otro en el Retiro de anteayer? En los dos una persona “desvalida”, en uno por su corta edad, en otro por una lesión. En los dos hay “globos”, aunque en el del Retiro, mucho me temo, que son numero par. ¿En los dos te perdiste? ¿En el del Tibidabo por el exterior y en el del Retiro en tu interior? En fin, como dije en un comentario a otro post, siempre ando buscándole numero incorrecto de pies a los gatos (no a los naturales de Madrid sino a los que provocan alergias. Aunque, claro, Esperanza Aguirre es natural de Madrid y provoca en mucha gente, entre la que me encuentro, furibundas alergias).

    ¿O son tres las perdidas?: niño despistado en Tibidabo, adulto cojo en Retiro y adolescente lascivamente obnubilado por inquieta falda vecinal.

    De todas formas, el post lo que me desprende es una especie de melancolía. El Retiro que veo en mi mente mientras lo leo, no es un parque soleado y luminoso, lo veo en blanco y negro y “neblinoso” (quizás influyan las dos fotos que acompañan al texto, sobre todo la primera).

    Curiosas divagaciones que me asaltan de vez en cuando. En este caso, dada la mención de Julio sobre la posibilidad de ver videos porno en tu nuevo móvil, ¿no deberíais haber buscado el monumento a Alfonso XIII en vez de la estatua de Alfonso XII, en vuestro paseo posterior?.

    En fin, en fin, que si no corto mis divagaciones, el que se perderá soy yo.

    Un saludo:

    Sanan.ex

  3. Gracias, Elena 🙂

    ¿”Apurgararnos”? Jajaja, por mis niños que no lo había oído nunca. Me encanta, me lo apropio con tu permiso. Gracias, niña. Castos, castos.

    Efectivamente, Jonei, tenía un capital ahorrado y no sabía si invertirlo en comprarme un piso o en tomar un par de cañas en el Retiro. Me dan envida esas tardes de librera en la Feria, que lo sepas. En el Zoo de la Casa de Campo hay un pequeño homenaje a a aquella antigua Casa de Fieras del Retiro, seguro que lo has visto. Diagnóstico correcto, en lo del color, en lo del ánimo y en lo del follar. Gracias, chica guapa. El niño y el no tan niño te mandan otros dos besos.

    Sanan, vive Dios que sabes contarle los pies a los gatos. Me has hecho recordar una estrofa de una cancioncita que reproduce a su vez unos versos de Machado, introducidos con una sencilla frase: “Salgo a pasear por dentro de mí y veo paisajes…” No sé qué decirte que no te haya dicho ya. Que leer comentarios como ese que haces arriba anima a seguir contando cosas. Gracias, de verdad. Por lo demás, ya sabes que yo le tengo cariño a Espe, esa chica tan liberal. Muy agudo lo de Alfonso XIII. Esas películas, como sabes, las encargaba Romanones, que al parecer se ocupaba personalmente del casting. No me imagino a Rajoy, que es un señor de Pontevedra, haciendo esa labor para el actual Borbón, pero cualquiera sabe. En todo caso, aclaro que caminábamos hacia la calle de Alfonso XII, que es una de las que rodean el Retiro, no hacia la estatua del lago, la que se ve en esa foto efectivamente melancólica y neblinosa. Aconsejo, por cierto, visitar la web del autor, a la que puede accederse pinchando en la propia imagen. Merece la pena. Un saludo, y gracias de nuevo.

  4. Pan, guapísima, gracias a ti por la visita. Mil besos muy grandes.

    Nerea, pues hay quien le pone pegas a eso de que uno ande enamorándose todo el rato. Qué gente, joder. Petonets, secre.

Comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s