Mujeres reales

Keka (parte 2ª)

(Ver parte 1ª)

Junto al cuerpo que anoche me gustaba

tanto desnudo, déjame que encienda

la luz para besarte cara a cara

en el amanecer.

Porque conozco el día que me espera,

y no por el placer.

Como los tres lunares de su rostro o el tacto acuoso de su piel, recuerdo todavía la cadencia exacta de esos versos en su voz. Descalza y en silencio, echando la vista atrás de cuando en cuando para memorizar sus huellas en la arena de la bajamar, empezó a recitarlos con la cabeza alta, la melena ofrecida al viento y su orgullosa mirada tratando de tú a tú con el horizonte. Recorrimos toda la noche los bares de la Parte Vieja y cuando nos cerraron el último echamos a andar sin rumbo por las calles de la ciudad sin banderas. El alba primaveral dibujaba sobre la playa la vaga sombra de la línea recta de nuestros brazos, apenas unidos por dos dedos entrelazados. Llega el amanecer, con su color de abrigo de entretiempo y liga de mujer. Abandonó el poema sobre el mar y me abrazó escondiendo su frío en mi pecho. Estás helada, mi amor. Aquella era la segunda vez que caminaba por esa misma playa desierta junto a una mujer, y aún habría una tercera. Pocos años antes fue Itziar, con un bañador amarillo de orlas blancas y un pareo azul, quien recorrió conmigo toda la Bahía en un anochecer de junio, y otros pocos después lo hice con Mónica en una tarde de noviembre, besándonos a cada paso. Keka estuvo entre ambas, a la misma distancia del casi niño que flotaba alocado alrededor de su primera amante que del casi hombre que alguna vez pensó que había encontrado a la última. Sigue leyendo

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Entrecintas

Galileo, figaro, magnifico

Lo único bueno de andar convaleciente, créanme, es que a uno se lo consienten casi todo. Incluso ponerse blandito. Tengo mi corazoncito, señores. Y mis recuerdos infantiles. Estos niños de Atlanta a los que su padre lleva al cole han logrado que escuchar a Queen se me haya hecho agradable por una vez, supongo que precisamente porque su espontaneidad despoja a la canción de esa grandilocuencia que siempre caracterizó al grupo. A sus sin duda numerosos fans, ya saben, les toca ser amables y pasar por alto esa pequeña manía personal. Keka y yo les esperamos aquí la próxima semana. Disfruten. Sigue leyendo

Mujeres reales

La espera

Sé que hoy me vas a leer, y tenía ganas de enseñarte esto. La canción es de tu gusto, pero no lo he puesto por eso, sino por lo que imaginas. Me sobresalté cuando lo vi por primera vez, como seguro te está pasando a ti aún antes de darle al play. Tiene el pelo un poco más corto y la piel más pálida, pero no puedes negar que el parecido es asombroso. Puedo adivinar lo que piensas. Que quizá hace unos años, pero que ya no, ya no eres tan guapa. Míralo otra vez, y espera hasta el el último segundo, hasta el momento en que dirige los ojos hacia la cámara. Son tus ojos, tu mirada, fíjate bien. Y si todavía no te ves en ella, es que te has olvidado de ti misma, de cómo te mirabas en los espejos. Vuelve a verlo una vez más y recuerda que, al final, yo siempre tengo razón. Sigue leyendo

Entrecintas

Ni una más ni una menos

Cuando amanezca, yo estaré arriba y tú estarás abajo, llorando 96 lágrimas. Question Mark & The Mysterians, una banda de los sesenta de curiosa historia y fugaz éxito, se preocupó de que la letra de la canción que pueden escuchar abajo fuese lo suficientemente ambigua para evitar la censura, hasta el punto de que, cuando a pesar de esas prevenciones, las radios de la época pusieron reparos para emitirla, sus autores modificaron con un simple baile de números el título original con el que la habían grabado, que era, como seguro ustedes ya habrán adivinado, 69 lágrimas. Sigue leyendo

Entrecintas, Mujeres reales

Retiro

Ayer me sacaron un rato a pasear. Desde hace dos meses solo he salido a la calle para ir al médico o para tomar de vez en cuando una lata de cerveza en el banco de piedra de la plaza. Julio el comunista vino a recogerme en coche y pasamos la tarde los dos solos, en las orillas del lago del Retiro. El médico me recomendó movimiento para ir recuperando músculo, y Rosa dijo que me vendría bien expandir la vista. A ambos les hice caso: caminé bordeando el lago y en los descansos aproveché para mirar a todas las mujeres que me llamaron la atención. Nunca sabes lo que tienes hasta que lo pierdes, es cierto, pero no lo es menos que tampoco se toma conciencia de lo perdido hasta que se reencuentra. No entendí con claridad durante mi ausencia del mundo cuánto he echado de menos la involuntaria y bendita compañía de las desconocidas. Sentados en el quiosco o en las escalinatas de la estatua, Julio hablaba mientras mis ojos se columpiaban en el ritmo oscilante de las curvas y los volúmenes, en el vaivén caprichoso de gestos, voces y colores. Me enamoré al menos de cuatro de ellas. Sigue leyendo

Entrecintas

HBO

En los últimos dos meses, el tiempo largo y el ánimo corto me condujeron de la mano hacia mis cuarteles de invierno privados, hasta el refugio seguro de los placeres conocidos. Libros de los que ya disfruté, discos cuyas notas puedo reproducir de memoria o películas de las que consigo recitar sin dificultad diálogos enteros. Y, muy especialmente, quizá porque el formato viene como anillo a dedo de convaleciente, series televisivas que me han permitido reafirmarme en la opinión, probablemente compartida con muchos de ustedes, de que el mejor cine de los últimos años se está haciendo en la televisión. He tenido ocasión de revisar una vez más cuatro de ellas completas y de descubrir otra, la más reciente para mí, de la que me ha bastado ver solo una temporada para colocarla en lo más alto de mis altares particulares. Sigue leyendo