En todos mis sueños hay agua. Grises y tormentosos océanos sin horizontes o regatos cristalinos que descienden avivando el verdor de los prados. Acequias y pozos, manantiales, lagos y fuentes y varias veces, cuatro con la de hoy, un mar vertical que toca el cielo y se cierra en una ensenada justo donde a ella se le acaba el pelo, sobre la primera vértebra. Cuando el caudal es propicio para la navegación o el nado, nunca hay playas ni fondeaderos, ni puertos, ni lugar alguno que permita desembarcar o alcanzar la orilla. Teresa me ha perdido varias veces para siempre al pie de un monstruoso acantilado, infinito y sin una sola arista, y en cada despertar lo único que recuerdo son sus lágrimas vertiéndose en el mar, sus angustiosas súplicas para que resistiese un poco más agarrado a su mano, para que no la abandonase aún mientras mi cuerpo interte descendía sin remedio hasta el abismo.

Itziar, desnuda y alada, me llevaba a acostarme con ella en la orilla de un cálido estanque de aguas encarnadas al que siempre me condujo con los ojos vendados, sin mencionar jamás su nombre ni ningún otro dato que pudiese identificar el lugar. Durante los meses posteriores a volver a saber de ella por los periódicos, soñé muchas noches con aquella laguna roja y sus blancos muslos abiertos para mí. Cascadas y arroyos, lluvia incesante, ríos que fluyen serenos, charcas que pueden rodearse con solo unos pasos y avenidas que destruyen y anegan, pero también represas, pantanos, albercas y piscinas, esfuerzos por domesticar el agua en cuyas orillas se hacen juramentos eternos, se vive la felicidad desbordada o se saborea la derrota o la traición. Cristina me esperó una noche en bañador bajo una luna de luz abrasadora, sentada en el borde de una piscina, con los pies apenas rozando la superficie, tapándose los ojos con una mano a modo de visera para verme llegar; por fin, no sabes las ganas que tenía de verte, me decía abriéndome los brazos; pero no fui hasta ella. Sin siquiera saludarla, subí hasta el trampolín impecablemente trajeado y desde allí le dije que había dejado de quererla.


Otra vez el mar encima de su primera vértebra. Qué absurdo. No había vuelto a soñar con ella desde que se casó. Desperté a media noche, me giré para borrar el sueño abrazando el cuerpo de Rosa y me sentí al borde de un precipicio al no encontrarlo. Las 4:44, lluvia de Jueves Santo en los cristales de mi dormitorio, su sujetador en el suelo, las bragas de lunares en la butaca y el resto de su ropa en el perchero. La llamé y me contestó desde el baño. Encendí un cigarrillo y resistí la tentación de rascarme por debajo de la puta férula. Estaba cubierta de espuma hasta el labio inferior, canturreando, con un porro mal liado en una mano y un vaso de ron al alcance de la otra. Pero qué haces, tonto, no andes. Hace un par de días que puedo recorrer la casa apoyando el talón, cuesta un poco y no me conviene, pero estoy más que harto del sofá y de la cama. Me senté en el borde de la bañera y aparté la espuma para descubrir sus pechos, cogí el gel, lo incliné lo suficiente para dejar caer un hilo sobre cada uno de sus pezones. No podía dormir y he venido a darme un baño y fumarme un porrito. Te he dejado muy dormido ¿te ha despertado el ruido del agua? Sus labios sabían a fruta exótica y esencias artificiales.

Axe Night Attack. Rosa lleva dos semanas oliendo igual que yo, usando mis desodorantes y mis colonias, bañándose en la espuma de mis geles. Le gustan, no quiere traerse los suyos de casa. Cocina francamente mal, se deja las esquinas sin barrer y no acierta con los botones del lavavajillas, pero a cambio tengo a mi disposición una auxiliar profesional las larguísimas veinticuatro horas de cada día. Le pedí que se quitase los aros y los piercings del rostro para presentársela a la mareta, que llegó con Carles una tarde por sorpresa. Nada le conté porque supe que vendría inmediatamente si se enteraba, pero Tinín se lo dijo a Mónica, Mónica llamó a mi hermana a Nueva York y a Marta le faltó tiempo para informar a la mama de que el germanet no podía andar y estaba sin compañía. Carles se marchó ese mismo día después de reírse un rato a mi costa, pero ella ha estado casi un mes conmigo, y probablemente no hubiese aceptado regresar a Barcelona dejándome en manos de una niñata jipi, por muy titulada que sea, si no la hubiesen convencido las protestas diarias de mi padre por quedarse solo en Vallvidrera a causa de mis imprudencias. No m’agrada aquesta nena per a tu; se lo guardó, pero se lo leí en cada arruga de la cara. Vés-te tranqui.la, mama, Rosa sap cuidar-me, és infermera.

No, no me ha despertado el agua. Era una verdad a medias. En todos mis sueños hay agua. ¿Te duele el pie? Enseguida salgo y te doy un masaje. Metí las manos entre la espuma para acariciarle los pechos. No, no te preocupes, no me ha despertado el dolor, he tenido un sueño malo. Pues si no lo cuentas se cumple, que lo sepas. Las suaves tetas de Rosa, en las que caben dos vidas enteras como la mía; hace casi diez años y sigo soñando con el mar vertical. Por entonces yo pasaba más tiempo en su casa que en la mía, fueron nuestras primeras vacaciones juntos. El último día quiso zambullirse desde la roca. Se lo habíamos visto hacer a los adolescentes para impresionar a sus chicas y ella, siempre pizpireta y juguetona, no se resistió a cumplir con el ritual para despedirse de la isla. La esperé tumbado en la arena con una cerveza en la mano, animándola con gestos a vencer el miedo y lanzarse al agua como yo mismo había hecho minutos antes. Solo tenía que dejarse caer, sin saltar ni darle impulso a su cuerpo.

¿Por qué ya no me importan las cosas que antes me importaban? ¿Me estoy haciendo vieja o es que empiezo de nuevo? Lo preguntó mirando al techo con una sonrisa de ron y marihuana. Di un trago al vaso antes de cambiárselo por el cigarrito mal liado. No es cosa tuya, es el mundo el que ya no tiene interés. Oye, eso está bien, si me lo regalas lo tuiteo. Rosa distrae las horas muertas, tantas desde que no trabaja, escribiendo en su blog y en Twitter todo lo que le pasa por la cabeza. Me agarró la polla con la mano llena de espuma y jugó un rato con ella como una niña con su peluche. ¿Sabes que ya tengo más de mil followers? Se le cerraban los ojos de sueño y apenas le salía la voz. Le quité el vaso de la mano, tiré del tapón del desagüe. Cuando el agua caliente la había abandonado casi por completo, abrió los ojos y me dedicó otra sonrisa borracha. Me estás mirando el coño, te veo; y ella también, dijo apretándomela con las escasas fuerzas de su cuerpo relajado. Si quieres me follas dormida, no me importa.

dc3a9cimas-de-segundo

Tardó en sacar la cabeza del agua, y cuando por fin lo hizo se agitó en un extraño gesto que me alarmó inmediatamente. Sólo tenías que dejarte caer, joder. Solté la cerveza, corrí hacia ella pero antes de llegar ya estaba agarrada a las piedras y sonreía. Me he tirado mal pero no ha sido nada, he tocado el suelo con la coronilla, solo es el susto. Pasamos el resto de la tarde en la playa y nos acostamos pronto, había que madrugar para regresar a Madrid. Me despertó sacudiéndome el brazo, llamándome en voz alta. Acababa de verse en el espejo. Tenía los ojos negros, los párpados y las ojeras como si le hubiesen pegado puñetazos, llenos de sangre retenida. El llanto apenas la dejaba hablar: veo muy borroso, llévame al médico; me lo contó mientras yo conducía a toda velocidad: ayer te mentí, no me di solo con la coronilla, sentí un golpe muy fuerte en la cabeza y un crujido horroroso, noté como algo se rompía, pero luego no me dolía nada y no quería asustarte. Nos quedamos dos noches más en la isla, en una habitación de hospital,  hasta que los médicos estuvieron seguros de que no había ningún daño serio. Vino a verme una tarde, cuando ya estaba aquí la mareta. Ambas se alegraron de volver a verse después de tantos años, se saludaron con muchos abrazos y muchos besos que me parecieron sinceros y mi madre le deseó todo lo mejor en su matrimonio. Llegó con el pelo suelto, ahora lo tiene mucho más largo, quizá por debajo de la cuarta vértebra. Me examinó las heridas de la cara y se empeñó en mirarme las del costado. No seas tonto, yo curo leones y elefantes, no voy a asustarme por ver los rasguños de un hombrecito. Pero se impresionó, aún distingo sus miradas. Esto tienes que cuidártelo muy bien, Albert. No tens remei, Albertet, no entenc com has deixat escapar aquesta dona. Eso sí lo dijo en voz alta, cuando se quedó a solas conmigo y se arremangaba para meterse en la cocina.

Volví al dormitorio agarrado del brazo de Rosa. En diciembre cobró la última mensualidad del paro; sobrevive de los escuetos ahorros mientras decide si aguarda en Madrid un trabajo que no acaba de llegar, si emigra definitivamente a Londres o regresa a la casa familiar en Ávila a esperar mejores tiempos. Se tumbó en la cama bocabajo, con los brazos en cruz, las piernas bien abiertas y los ojos cerrados. Fóllame y déjame tu leche dentro, que duerma comigo. Lamí sus hombros y su cuello todavía húmedo. ¿No te da vergüenza abusar de una chica borracha? Ninguna, tú te has hartado de abusar de un chico escayolado. Sonreía complacida mientras su mano guiaba mi polla; no aciertas, hasta en esto tengo que ayudarte. Apenas llovía ya en las calles de mi barrio. Busqué la postura para dormir sin que las heridas me molestasen y antes de cerrar los ojos acaricié un instante el tatuaje al final de su espalda, dos alegres delfines zambuyéndose en un mar en calma.

Sentí un golpe muy fuerte en la cabeza y un crujido horroroso, noté como algo se rompía. De regreso a casa, algunas noches, antes de dormirse me pedía que besase despacio el final de su cuello. Años después, en otra madrugada de lluvia, se levantó de la cama, cogió mi grabadora, puso una cinta virgen y tardó un par de minutos en articular la frase completa delante del micro: de vez en cuando por un momento me asusto, vuelvo a asustarme como si aún pudiera ser distinto el resultado, como si la muerte me rondara cada vez en esas décimas de segundo hasta que recuerdo que ya pasó y que salió bien, que hubo suerte. Le hice una foto sobre la roca, justo antes de tirarse, pero ella nunca la ha visto, la borré de la tarjeta cuando todavía estaba en el hospital de la isla. Entonces tenía el pelo mucho más corto que ahora, y es así, con las puntas doradas acariciándole el final del cuello, como sigue apareciendo en mis sueños llenos de agua. Esto tienes que cuidártelo muy bien, Albert. Después de explorarme las heridas forzó una sonrisa, rebuscó en su bolso y sacó una caja de bombones que dejó sobre la mesilla. Se los ha comido casi todos Rosa, pero la madrugada del pasado Jueves Santo todavía quedaban tres sin abrir. Desenvolví uno y se lo puse al alcance de los labios entreabiertos en el último segundo antes de que se durmiera. Abrió la boca, lo deposité sobre la bolita de titanio de la lengua y lo paladeó sin abrir los ojos, canturreando con un hilo de voz la misma canción que en la bañera: el sonido se cansa en mis labios, ahora soy poco más que un susurro en un sueño, me diluiré en el olvido. Pero si te quedas cerca te alcanzaré, niño guapo.

Anuncios

17 comentarios en “Décimas de segundo

  1. Gracias a todos por estar aquí otra vez. A Sanan, de nuevo, por elegir este lugar para escribir esos asombrosos monólogos; a Bárbara por cuidarme el sitio contra viento y marea; a Rock por la visita, por los límites de la paciencia y por el enlace; a Elena por echarme tanto y tan bien de menos; feliz Navidad, Tesa; Jonei, muchos besos y mucho ánimo, que en queriendo to se puede. Todos los que en público o en privado se han interesado por mi ausencia o han seguido visitando el blog para saber si tenía algo nuevo que contarles, créanme: yo les he añorado mucho más que ustedes a mí. Un placer, señores.

  2. El mar, el agua, la lluvia, la bañera, el lago, las lágrimas… mar adentro, mar adentro.
    Magnífico lo que has escrito, cuántas cosas en las que detenerse a leer, sentir y pensar.
    Desde el Cabo de Hornos me alegro de tu vuelta.
    Un beso

  3. Gracias Lunera, por lo bueno y por lo malo. Los besos castos, que lo sepas, casi siempre duelen 🙂 Me alegro de verte por aquí. Un beso.

    Hey, rubia ¿qué haces en el fin del mundo? Y sobre todo, ¿cómo te las apañas para volver a poner tu casa en orden desde allí? Gracias por el enlace, chica guapa. Besos, besos, besos…

  4. Estoy cansado…. una niñata se atreve a destrozar “lucha de gigantes” en un bodrio televisivo y su mal hacer me hizo perder el hilo de tu escrito.
    No tengo sueño o quizá si, me gustaria poder darme un baño a mi también sin levantar preocupaciones en mi mujer por lo poco usual de la situación, y cómo no, cargar de ginebra un buen Baso con B y tragarlo con el fin de que de una puñetera vez cambiase mi forma de ser para siempre. A veces me maldigo por ser así, casi siento envidia de la gente sin escrupulos, de los tontos del culo que lo mismo les da uno que ochenta… pero es muy probable que pasado el moco fuera corriendo a buscar a aquel que soy, como mal menor, con sus sueños también llenos de mar y campos.
    Hay recuerdos que se empeñan en hacernos soñar con ellos, en ocasiones confundiendonos si lo soñado se hizo mientras se dormía o no, se asemejan al agua por su constancia, por la monotonía del ir y venir de las olas, del machaconeo constante del chorro al que solo despista de forma momentanea una buena bocanada de viento.

    En cualquier caso pienso que soñamos con y lo que queremos, mas que nos pese e incluso nos lo restregue algún ser querido mostrando lo transparentes que en realidad somos, y ni una cosa ni ota podemos evitar, solo cuando dejemos de quererlo.

    Mejorate.

    Voy a dormir corriendo para despertarme pronto y recoger buenas noticas, espero …

    Saludos ..

  5. ojú.. que lo del Cabo de Hornos lo tengo que explicar tambien?? pordio..que yo no puedo estar en todo..

    Bueno, lo que no importa no duele, asi que los mios daño no te hacen, no obstante, si molestan yo los retiro, so…niñato..
    (creo que en esa última frase las comas no están muy allá…man fartao estudios jajaja)

  6. Vaya pesadilla, corriendo con una bestia detrás; dime que es mentira todo, un sueño tonto y no más. A esa que destrozó la canción habría que condenarla sin juicio previo. Un placer leerte siempre, Marpart, especialmente hoy. Espero que esas noticias que había por recoger hayan sido buenas. Un abrazo, amigo.

    Muchas gracias, Baso. Por el gustazo, por los buenos deseos y por los besos. Y por volver por aquí.

    Las comas están donde deben, y los besos también. “Lo que no importa no duele”…¿pero se puede ser más niñata? Me pilláis en clamoroso fuera de juego con lo del Cabo de Hornos, así que ya contaréis. Toma otro beso sin importancia.

  7. En el Cabo de Hornos se juntan dos océanos que no se sabe si luchan entre sí por unirse o por separarse. Imagina cómo es la navegación allí… (idea, Motín a Bordo).
    Un beso, Chico Guapo.

  8. ¡qué sorpresa! ya ha llovido desde que no escribías (bueno, es un decir, este año no ha llovido nada…). Una alegría al levantarme el lunes.

    Yo hace mucho que no recuerdo con lo que he soñado. De todos modos, antes siempre eran pesadillas, así que lo prefiero ahora. Dormir como un angelito.

    Cambiando de tema, no he podido reprimir mi risa cuando he leido lo del desodorante Axe: ¿ese es el del anuncio que caen ángeles del cielo?? jajaja me parto.

    Un placer como siempre. Besos grandes grandes de tu secre (el contrato sigue en vigor, no? jajaja).

  9. Cabo de Hornos, punta de la Tierra de Fuego: no podía ser de otra manera. Yo creo que con esto, Lunera, me voy a dar ya por enterado. No he visto Motín a Bordo, pero sí Master and Commander, que, dicho sea de paso, merecería salir en tu blog, Honey. Besos, niñas.

    ¡Secre! Me alegro de verte por aquí. Pues no me acuerdo si caen ángeles del cielo en el anuncio, pero sí que dicen que usando esa marca se liga mucho; esto, caballeros, sépanlo, es una puta mentira, pero eso sí, las fragancias son realmente estupendas. O a lo mejor es que yo soy un poco pijo, que también podría ser. El contrato sigue en vigor, Nerea, pero tú esfuérzate y cumple que los despidos ahora salen baratos, baratos. Un beso grande, angelito.

  10. Albert muchos besitos, eres un copión! te pones malito a la vez que yo jajajaja. Bromas aparte espero que ya estés mejor, yo he tenido que esperar unos días para leerte y escribirte, y sinceramente ha sido un placer comprobar que sigues haciéndolo muy bien….jajajaja

  11. que decirte? que que cerca ha estado ¿verdad? me he resistido a leerte hasta tener el momento mas propicio, un placer doble, la lectura y el momento.

  12. No sé si eres un anónimo conocido o por conocer, pero bienvenido/a en cualquier caso. Sí, das en el clavo, esa era la idea: qué cerca estuvo, qué cerca está siempre, en realidad, qué poco pensamos en ello, y qué bien hacemos no pensándolo. Agradezco sinceramente eso de esperar el momento propicio para leer. Estoy seguro de que a cualquier escribiente le gustaría saber eso, que quienes le leen eligen el mejor momento para hacerlo. Me alegro de ese doble placer. Saludos.

Comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s