19 de junio de 1987. El centro comercial Hipercor de la Meridiana de Barcelona, inaugurado apenas un año antes, está lleno de clientes que aprovechan las primeras horas de la tarde del viernes para hacer sus compras. Justo debajo de ellos, en la primera planta del parking subterráneo del establecimiento, hay estacionado un Ford Sierra que contiene en su maletero varios bidones de plástico en los que se reparten doscientos kilos de material explosivo: treinta de amonal y cien litros de gasolina; el resto son sustancias adhesivas y escamas de jabón, además del pertinente dispositivo temporizador. A las cuatro y diez de la tarde, la explosión programada provoca un enorme agujero en la primera planta del centro comercial que abre paso a una gigantesca bola de fuego y a una gran cantidad de gases tóxicos que abrasan o asfixian a quienes encuentran a su paso. Quince personas murieron en el acto y seis más en los días posteriores, la mayoría de ellos mujeres y niños que empezaban sus vacaciones escolares. Cuarenta y cinco más sufrieron heridas que a veintidós de ellas les han supuesto minusvalías de distinto grado para el resto de sus vidas. La rápida y eficaz intervención de los bomberos, así quedó acreditado en el juicio posterior, logró sofocar un incendio que podría haber provocado centenares de víctimas.

ETA reivindicó ese atentando contra la población civil unos días más tarde, alegando que sólo pretendía incendiar el edificio pero no causar daños a las personas que abarrotaban ese mismo edificio. La matanza conmocionó a todo el país y marcó sin duda un antes y un después en la historia de la organización terrorista, cuya dirección calificó en su momento aquel atentado de “un grave error”. Otro viernes, el pasado 19 de agosto, hace apenas cuatro días, Martín Garitano, cargo electo de la coalición independentista vasca Bildu, dijo de aquella matanza que había sido “más que un error” y explicó las razones de tal consideración con unas palabras dotadas con dispositivo temporizador:  “los vascos debemos respeto en especial a las víctimas catalanas; aquel atentado sucedió [sic] en un momento en que los vascos habían recibido mucho de Cataluña”. Garitano se refería sin duda al hecho de que solo nueve días antes, la coalición Herri Batasuna logró un eurodiputado en las primeras elecciones  al Parlamento Europeo celebradas en España, gracias a los votos recibidos fuera de Euskadi y Navarra, la mayoría procedentes de Cataluña; por aquellos días, el distrito de Sant Andreu, en el que se ubican esos grandes almacenes, estaba salpicado de pintadas que pedían el voto para HB. La frase de Garitano puede ser de difícil interpretación si no se tiene en cuenta el lenguaje habitual abertzale, en el que “vasco” equivale exacta y exclusivamente a “independentista” y “Cataluña” a los pocos miles de votantes que optaron en aquellas elecciones por la coalición que Garitano entonces apoyaba como periodista desde los diarios Egin o Gara.

Independientemente de lo anterior, la frase de Martín Garitano aglutina en solo dos palabras, como dos bidones de plástico, todo su material explosivo: ese “en especial”  absuelve a los muertos de Hipercor del pecado de ir de compras despreocupadamente sin tener en cuenta que la sociedad vasca (echen mano de nuevo del diccionario abertzale) estaba sufriendo la feroz represión de las fuerzas de seguridad, obstinadamente empeñadas en evitar los asesinatos, pero va más allá, por supuesto: en una suerte de solidario nacionalismo necrológico, distingue unos muertos de otros en función del lugar en el que fueron asesinados y de las simpatías o antipatías que cuando aún tenían vida profesaban hacia la causa abertzale. Los cadáveres de Hipercor quedan así dispensados de volver a ser asesinados, pero Garitano no tuvo el mismo gesto de magnanimidad con el resto de las más de ochocientas víctimas mortales de los valientes gudaris, que tendrán que seguir esperando pacientemente esa generosa absolución dentro de sus tumbas. Minutos después de esas palabras, Garitano, un tipo que ha pasado la vida escribiendo coartadas morales y políticas para los de la pistola, se negó a pedir explícitamente la disolución de ETA alegando que “no admite que nadie le dicte las palabras que tiene que decir”.

La habitual sonrisa feliz que acompaña al rostro de Garitano contrasta con el gesto circunspecto y grave con el que Arnaldo Otegi se refiere últimamente a todo este incómodo asunto, de modo que parece posible, y así de hecho lo han reconocido en privado sus propios compañeros de filas, que los habituales artefactos verbales de Martín Garitano acaso provoquen también un agujero en el techo del subterráneo donde está aparcado el trasatlántico de tan costoso viraje, boquete por el que inevitablemente se escaparán algunos de los cientos de miles de votos que cientos de miles de ciudadanos vascos depositaron en las urnas en las últimas elecciones municipales, que valieron a Bildu la Alcaldía de San Sebastián entre otras muchas, un número muy considerable de concejales e importantes cargos oficiales, entre ellos la Diputación Foral de Guipúzcoa, de la que el sonriente periodista es presidente. Más allá de quien permitió que Garitano se presentase a esas elecciones  -los miembros del Tribunal Constitucional- parece obvio que la exclusiva responsabilidad del éxito de Bildu pertenece a quienes depositaron esa papeleta en las urnas.

Con su magnífico resultado electoral recién conseguido, los portavoces de Bildu dijeron que su victoria suponía “el final de ETA”, recordando así las proclamas en este mismo sentido que la formación independentista realizó durante toda la campaña electoral. Resulta inevitable deducir que buena parte de quienes les votaron lo hicieron porque creyeron en esas promesas y que otra buena parte lo hicieron precisamente porque no las creyeron. Lo interesante, claro, sería saber qué porcentaje del voto de Bildu pertenece a los primeros y cuál a los segundos. Interesante, pero tal vez una especulación inútil ante los hechos consumados. Ramón Gómez Ugalde, concejal del Partido Popular en el Ayuntamiento de San Sebastián, contestó en una rueda de prensa a las numerosas y atolondradas críticas que recibió por brindar y charlar con el alcalde de Bildu durante una recepción ofrecida en la pasada Aste Nagusia donostiarra, entre ellas las de la dirección de su partido, que se apresuró a desautorizar al concejal y certificar que esa imagen “no representa al PP”. El concejal popular manifestó ante los micrófonos que no tenía razón alguna para arrepentirse de aquel brindis:  “no puedo negarle el saludo al alcalde de San Sebastián porque es la máxima representación de este Ayuntamiento y, nos guste o no, ha sido elegido democráticamente por los ciudadanos”.

Ramón Gómez, contra el que ETA ha atentado en tres ocasiones distintas, puso con esas declaraciones el dedo en la llaga ardiendo. Nos guste o no, la democrática miseria moral de Martín Garitano representa democráticamente a cientos de miles de ciudadanos vascos, ciudadanos que no son, por supuesto, responsables de las palabras o los actos de los cargos que han elegido, o en todo caso así podría considerarse en la misma medida en que un servidor o todos ustedes lo son de las palabras o actos de quienes en su momento tuvieron a bien votar. Pero parece igualmente indudable que aquellos que en las próximas elecciones apoyen de nuevo a Bildu se estarán inevitablemente corresponsabilizando de las palabras de Martín Garitano sobre las víctimas culpables de haber sido asesinadas o mutiladas fuera del territorio catalán. Cabe pensar que con el tiempo alguno de ellos considere ese voto como “un grave error” y que pasado aún más tiempo llegue a la conclusión de que en realidad se trató de algo “más que un error”. A todos los demás no nos queda otra cosa, me temo, que confiar en que el gesto sobrio de Otegi cuando afirmó que ETA “sobra y estorba” cristalice en algún momento en realidades algo más digeribles. Y, por supuesto, en la diligencia y decisión de la autoridad competente para hacer cumplir las leyes, muy especialmente en este momento, aquellas que tienen que ver con el debido respeto a los muertos.

Las aberrantes palabras de Martín Garitano sobre las víctimas de ETA no infringen al parecer ninguna ley y de hecho hay quien ve en ellas -la portavoz del Gobierno Vasco, sin ir más lejos- un “avance” en lo relativo al reconocimiento por parte de Bildu de su cuota de responsabilidad en esos asesinatos. Quizá esa portavoz ya estaba poniendo en práctica lo que a todos, tarde o temprano, nos tocará hacer mientras tipos como el tal Garitano sigan haciendo estallar sus calculadamente legales declaraciones-bomba: tragar sapos del tamaño de trasatlánticos que ya tienen únicamente en sus bodegas, convenientemente desalojados el amonal y la gasolina, cantidades ingentes de material adhesivo y escamas de jabón.

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8 comentarios en “Escamas de jabón

  1. asi son las cosas, asi de asquerosas.
    a mi despues de todo lo hecho, mas que por lo dicho, no me queda si no un profundo asco por los garitanos, por los que han permitido que esten donde estan y por supuesto un profundo asco por todos y cada uno de los que con su voto son capaces de utilizar la democracia para legitimar lo que el sentido comun jamas legitimaria.
    una vez mas y espero que sean muchas mas, volvere para casa evitando a mi pesar el pisar territorio que por desgracia se me hace igual de asqueroso.

    un abrazo

  2. Me temo que si evitas pisar territorio vasco por esta cuestión, estás usando su mismo lenguaje: no todos los vascos, por supuesto, son abertzales.

    Ni todos los abertzales, dicho sea de paso, simpatizantes de los asesinos. Abrazos.

  3. Tenemos lo que merecemos.
    Como todos sabemos, el Tribunal Constitucional coloca ahí a los testaferros de ETA bajo el amparo del Gobierno español, puesto que la mayoría de los votos a favor, son socialistas.
    Pero el gran pecado, es de los vascos neutrales, los que no se mojan. Los que no están a favor de ETA y el mundo abertzale, pero no están en contra, no hacen nada por cortarles el paso y quitarles de enmedio. Supongo que es algo intrínseco a su cultura …a tantos años de comedura de tarro en escuelas …y hasta iglesias.

  4. No creo en caracteres o formas de ser intrínsecos a pueblos o culturas, y si me apuras, ni siquiera creo en la existencia real de “pueblos” o “culturas”, más allá de la lengua, el folclore y demás. En todo lo demás, amén, Tesa.

  5. Hola:

    El problema de vivir en un Estado de Derecho es… precisamente ese, que hay una serie de garantías que se aplican incluso a los delincuentes o a opciones políticas, sociales, religiosas, etc. que no nos gustan.

    La Ley de partidos, en su momento, pasó por muy poco los filtrso del TS y del TC y los pasó por que esos tribunales, sobre todo el TC, pusieron unas condiciones determinadas y aplicó un contexto en el cual se podía ilegalizar o no una formación política. En esa época, muchos dudábamos que esa ley, ad hoc en contra de Batasuna, fuera necesaria e, incluso, constitucional (en mi opinión se podían conseguir los mismos efectos con la legislación ya vigente) y el gran problema que se planteaba, en el sentido practico, es que sí, era de aplicación a Batasuna, pero de muy difícil encaje para otros instrumentos batasunos futuros de poder acudir a las elecciones.

    A trancas y barrancas se aplicó, parcial o totalmente, en algunos casos, incluso a posteriori de las elecciones. La gran discusión es que según esa ley se pueden ilegalizar formaciones políticas, pero no se pueden ilegalizar y quitar derechos políticos a personas individuales, que no han sido condenadas ni encausadas y, por tanto, no han sufrido la anulación legal de esos derechos de sufragio pasivo y activo. Por eso los criterios de “más de tres ex miembros de Batasuna”, etc. suenan tan mal y tan retorcidos desde el punto de vista democrático.

    Por cierto, el caso de Bildu no es el primero en el que el TC revoca una sentencia de ilegalización del TS, en 2009 revoco la de I.I., la coalición de Sastre. Esa vez fue por unanimidad, tanto de magistrados progresistas, conservadores o medio-pensionistas. En el presente caso, tanto la sentencia del TS sobre Bildu, como los votos particulares en el TC, discrepantes con la sentencia oficial, tienen más de políticos que de legales y eso me da bastante miedo, ya que si alguien, en este caso, ha vulnerado el espíritu de objetividad e independencia que debe suponersele y exigirsele al TC han sido precisamente los magistrados conservadores y el supuestamente progresista que voto con ellos.

    En fin, la total responsabilidad de que Bildu sacara esos resultados electorales, es… de sus votantes. Reconozco que no es plato de buen gusto comprobar que esas opciones políticas tienen tan gran apoyo en muchos territorios del País vasco. Pero esa es la realidad que nos han desvelado y, visto lo visto, las contradictorias acciones, decisiones y declaraciones de los miembros de Bildu, veremos en las próximas lo que pasa. Si Bildu sirve para arrastrar fuera del entorno de ETA a la mayor parte de esa izquierda arbetzale o es al revés, que Bildu sirve a ETA para volver a “reinar” en una gran parte de la sociedad y política vasca. Si se aceptan apuestas, yo apuesto por lo primero, pero, claro, yo es que soy un optimista impenitente.

    Un saludo:

    Sanan.ex

  6. Sanan, supongo que contestas a Tesa, porque yo no hice en mi entrada distinción alguna entre unos magistrados y otros en función de su “adscripción política”. Pero es cierto que, ya que ella sacó el tema, aproveché para decir que estoy de acuerdo con su comentario. No entiendo tu razonamiento: reconoces que la decisión del TC fue más política que jurídica, pero a la vista del resultado, de la sentencia, concluyes que si alguien traicionó la imprescindible objetividad fueron los jueces que votaron contra la legalización de Bildu, es decir, los “perdedores”.

    Yo creo que lo hicieron todos, pero que obviamente si hay que adjudicar cuotas de responsabilidad, el premio gordo se lo llevan precisamente quienen decidieron que sí, que tipos como Garitano tenían carta blanca para presentarse a las elecciones. No hace falta que te recuerde, seguro, las palabras de Madina (un tío al que ETA le arrancó una pierna) o de Jáuregui en los días anteriores a la sentencia, deslizando cuál iba a ser el sentido de la misma para “tranquilizar” al PNV. Después, “sus” magistrados confirmaron esas palabras. Un poquito bochornoso, coincidirás.

    Sobre la Ley de Partidos, pues sí, yo también tenía y tengo mis dudas y mis reparos, pero ya que estamos hablando de política y no de leyes, yo diría que el resultado no ha sido precisamente malo. En cualquier caso, tanto aquella ley como esta última sentencia del TC fueron aprobadas siguiendo pautas estrictamente democráticas. Faltaría más, claro. Y sí, por supuesto, lo digo en la entrada, la responsabilidad de los resultados de Bildu es de sus votantes. Dicho todo lo cual, a pesar de Garitano y otros, yo también comparto tu optimismo.

    Me alegra verte de nuevo por aquí. Un abrazo.

  7. Hola:

    Albert, tengo la (mala) costumbre de intentar “condensar” -Vade Retro Satanás, esa palabreja me chirría- en mis mensajes las contestaciones a lo anterior que he leído en los hilos. Como respondiste a Tesa -a quien no tengo el gusto de conocer, aunque sí a su blog- mostrando su acuerdo con lo que decía, se puede considerar mi texto como una respuesta-comentario a los dos.

    Mi razonamiento ininteligible proviene de mi opinión sobre que la actual ley no permitía, legalmente -valga la semiredundancia-, prohibir a Bildu el presentarse en las elecciones. La presión político-social hizo mella en determinados magistrados, tanto del TS como del TC y de ahí, en mi opinión, su voto en contra de la presentación de Bildu. Se podría argumentar, claro, que fue al contrario, que la presión político-social fue la que provoco el voto positivo de los otros magistrados, pero considerando que en el caso del sí solo era aplicar la ley tal cual y en el caso del no era necesario “retorcerla” e “interpretarla” de una manera más que laxa, creo que las dos posiciones están claras.

    Garitano sera muchas cosas, y gran parte de ellas muy despreciables, pero es una persona que no ha sido condenada ni privada de sus derechos de sufragio activo y pasivo. Por tanto tiene, o debería tener, independientemente de sus opiniones, el mismo derecho que tu o que yo de presentarse a unas elecciones. Ya que sus opiniones o acciones actuales o futuras impliquen una condena de ese tipo, es otro tema, el día que se celebraron las elecciones tenia derecho a presentarse. Lo contrario, quitar ese derecho a una persona no condenada penalmente, sigo con mi opinión personal, es un acto antidemocrático impropio de un Estado de Derecho al que, se supone, aspiramos y defendemos ante los totalitarios, terroristas y filo-terroristas que quieren destruirlo.

    Haces una mención a declaraciones de Madina y Jauregui, días antes de que se diera publicidad al fallo. Me temo que esa referencia que haces es por un desconocimiento de los intringulis de las deliberaciones del TC. Te intentare hacer un pequeño resumen para que compruebes que esas declaraciones tenían poco de “visionarias” y que con los datos disponibles cuando se hicieron, no solo se podía prever el sentido de la sentencia sino que, extrapolando, en otro contexto, se podían haber acertado los seis más complementario de la primitiva.

    Veamos. Inicialmente, la Sala Segunda del TC, que era la tenia de que decidir sobre el recurso, sufrió un empate a 3. Votaron a favor del recurso los tres magistrados progresistas y en contra los tres conservadores. Como tras muchos intentos no podía deshacerse el empate, esa Sala traslado el recurso al Pleno. El ponente de la sentencia fue Francisco Hernando Santiago, un magistrado perteneciente al sector “conservador” -que fue recurrido por Bildu y esa recusación rechazada por la Sala Segunda del TC-, y propuso validar la sentencia del TS pero su propuesta fue derrotada por 6-5. Ante ese resultado, se le encomendó a otro magistrado, Luis Ortega, del sector “progresista”, el cual presentó una propuesta de aceptar el recurso de Bildu, se volvió a votar y se aprobó por 6-5.

    Bien, a la vista del proceso, secreto, pero a voces, estimar que el recurso de Bildu se iba a aprobar no era nada difícil. La única sorpresa, si se puede considerar así, es que el resultado esperable de 7-4 fue de 6-5, por el voto contrario de Manuel Aragón, magistrado teóricamente adscripto al sector “progresista”. Dado que en un improbabilísimo empate, el voto de calidad del presidente también se decantaba a favor del recurso, el margen de la votación es mayor de lo que parece a primera vista. Sí, hasta el rabo todo es toro, pero vistas las posturas en la Sala Segunda y la composición del pleno, el resultado a favor del recurso de Bildu estaba casi cantado.

    Hay sentencias que gustan y otras que no gustan, con las que estas de acuerdo y con las que no. Yo sigo manteniendo mis discrepancias con la sentencia del TC sobre la Ley de Partidos, aunque la acepto, faltaría más. En el caso de la de Bildu, estoy de acuerdo con ella, aunque me hubiera gustado que se hubieran presentado pruebas suficientes y argumentos irrebatibles para que el sentido de la sentencia hubiera sido otro -una contradicción, ya lo se, pero ya que hay una Ley de Partidos “constitucional”…-. Pero me parecia imposible que una coalición formada por dos partidos legales, EA y Alternatiba, junto a “independientes” fuera ilegalizada con los indicios que se presentaron en su contra. Por cierto, los votos a Bildu hay que relativizarlos, la gran mayoría proviene de votantes de EA, no de votantes de HB, y esos votos “coyunturales” son muy inestables para Bildu si sigue derroteros tipo “Garitano”.

    Un saludo:

    Sanan.ex

  8. Con la estricta legalidad hemos topado. Me permitirás la bromita, Sanan, porque creo que a viene a cuento: ya es la segunda vez en este blog que mantengo una discusión que en el fondo se reduce a eso, a las zonas de fricción entre la estricta legalidad y el sentido común. Resulta un tanto paradójico, o curioso al menos, que en aquella primera ocasión de lo que se discutiese fuese del 15-M, del derecho -o no derecho- de la gente a ocupar una plaza pública (la Puerta del Sol) y de todas las supuestas -o muy reales con las leyes en la mano- ilegalidades que entonces se cometieron por parte de los manifestantes, especialmente en lo referido a su permanencia en esa plaza durante la Jornada de Reflexión.

    En aquella ocasión argumenté que la estricta legalidad aplicada de modo absolutamente inflexible puede conducir en ocasiones a situaciones absurdas, peligrosas y contrarias a la sensatez más elemental: no sé qué opinas al respecto, pero con la ley en la mano lo que tocaba era desalojar la Puerta del Sol por las malas. Eso, me atrevo a aegurar que estás de acuerdo, hubiese sido un disparate monumental. De modo que en aquella ocasión, con buen criterio en mi opinión, se adoptó por parte de las autoridades competentes la decisión de “retorcer” o “interpretar” las leyes, usando tus propias palabras, aunque quizá lo más adecuado y objetivo fuese decir que, sencillamente, se las saltaron. Yo estuve de acuerdo con que así se hiciese, insisto.

    Soy partidario de interpretar o retorcer las leyes si su estricta aplicación atenta contra el sentido común, contra la misma realidad, contra lo que de verdad sucede en la calle. Dije entonces y digo ahora que aferrarse a la estricta legalidad es, en ocasiones, una manera de escaquearse de los problemas concretos. En aquella discusión con mi estimado Tsevanrabtan, en la que por cierto tú también participaste a última hora, salió de refilón el asunto de Bildu; permíteme autocitarme para reproducir algo de lo que dije entonces: “El Tribunal Supremo y el Constitucional son los que mandan, qué duda cabe. En un estado de Derecho hay que respetar sus decisiones. Pero, a mí al menos me lo parece, las sentencias sobre Bildu se saltan limpiamente el sentido común, la responsabilidad y algunas otras cosas, cosas todas ellas de las que probablemente deberían proceder las leyes en una sociedad democrática. De hecho, yo diría que la percepción general ha sido que se han pasado por el forro incluso su función de arbitraje imparcial. Esto es grave.”

    Dije ayer que tenía y tengo reparos y dudas sobre la Ley de Partidos. De hecho, me pareció que aquella primera tregua indefinida de ETA en la legislatura anterior fue una ocasión magnífica para derogarla. No se hizo. Meses más tarde, estalló el coche bomba en la T-4 de Barajas. Personalmente, con eso tuve más que suficiente para despejar los reparos y las dudas. Garitano, dices, debería tener el mismo derecho que cualquiera a presentarse a unas elecciones aplicando la estricta legalidad. Independientemente de sus opiniones, añades. Bien. El problema, digo yo, no son sus opiniones, en absoluto; el problema es ETA. Soy partidario, insisto, de “interpretar” las leyes como mejor convenga al sentido común, a la descarnada realidad, tanto en lo que tenía que ver con el 15-M como en lo que tiene que ver con ETA. Obviamente, siempre que se haga de forma “proporcional”, es decir, no saltándose la ley por las bravas sin cuento alguno. No parece que sea el caso en lo que respecta a Bildu: sólo unas días antes, Sortu había sido privado de su derecho a presentarse a las elecciones, el TS hizo lo mismo con Bildu y sólo un voto en el TC permitió finalmente que esa formación acudiese legalmente a esas elecciones. Es decir, parece más que evidente que asideros legales había para ambas cosas, para permirtirles el paso y para no permitírselo. Finalmente se optó por permitírselo. Nada que objetar desde el punto de vista legal, por supuesto. Pero sí mucho que objetar desde el político -fue una sentencia política, reconocías ayer-. Esa sentencia, perfectamente legal, faltaría más, a mí me pareció inoportuna, equivocada. Desde el atentado mortal de la T-4, insisto en ello, soy partidario de la leña al mono hasta que ETA no haga pública de forma inequívoca su disolución. Bildu son dos partidos perfectamente legales a los que se sumaron “independientes” (ja), y con la estricta legalidad en la mano es imposible cerrarles el paso, dices. Estamos otra vez en lo de Rosa Díez y Sabater: Bildu es EA y Alternatiba, pero también es Martín Garitano.

    Sobre lo de Madina y Jáuregui y la previsibilidad de la sentencia. Pues bien, acepto todas las detalladas explicaciones que das sobre cómo se llegó finalmente al fallo del TC, pero desde luego yo no tengo la sensación, por lo que recuerdo, de que esa previsibilidad fuese en los días previos tan aplastante como das a entender. Al menos para el PNV, que algo sabe de estas cosas, no lo era, porque bien sabes cómo se removían inquietos en sus escaños ante la posibilidad de que Bildu fuese ilegalizado. Qué conste que lo de “bochornoso” que dije ayer no iba por Jáuregui y Madina en concreto, sino por nuestros simpáticos políticos y magistrados en general, sean del bando que sean.

    A propósito de Madina me gustaría añadir algo: que un tío al que ETA le quebró la vida de manera tan brutal se muestre ahora conciliador, por decirlo de algún modo, es algo que debería hacernos reflexionar un poquito a todos, en el sentido de no olvidar pero mirar hacia adelante. Y conseguir que, efectivamente, seamos optimistas en todo lo que se refiere a este asunto. Ojalá sea cierto lo que dices de que la mayoría de votos de Bildu proceden del electorado habitual de EA.

    Un placer, Sanan.

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