Mujeres reales

Araceli, Beatriz, Penélope

A algunos de ustedes, especialmente a quienes tan amablemente escuchan conmigo mis cintas desde el principio o con cierta regularidad, les sonará sin duda la fotografía que encabeza este texto. No le den vueltas: la han visto aquí, en este mismo blog, concretamente en un post de agosto del pasado año. Les dije entonces que, en su momento, sería un placer contarles dónde pasé ese verano, a qué lo dediqué y qué me aconteció durante aquellos plácidos y soleados días. Créanme que lamento defraudar en buena medida las, por otra parte, improbables expectativas, porque todo eso de lo que pretendía hablarles, el relato de mi particular verano de 2010, se quedará solo en la puntita. En primer lugar, porque me resulta ahora un pequeño pero absurdo desperdicio ocupar siquiera unos minutos del verano de todos ustedes hablando de otro que ya se fue. Y en segundo lugar, y de modo destacado, porque he recibido calabazas en toda la regla.

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Entrecintas

Mi ombligo

Redondo, como todos. Y francamente agradable a la vista, para qué decir lo contrario: a Susi le gusta presumir de mi ombligo. Pero no era de él de quien quería hablarles hoy, sino del ombligo de lo que están leyendo, el de este blog. Brevemente, eso sí, que es viernes de puente y ustedes estarán ocupados combatiendo el calor. Sólo un par de cositas: en primer lugar, señalarles que ahí abajo, a la izquierda, sigue mi blogroll, del que ya les hablé hace tiempo, concretamente en marzo de 2010. Toca, pues, una aclaración y un recordario; nosotros, los de entonces ya no somos los mismos: hay cierres lamentables (es el momento de rezar algo si lo desean), pero también gloriosas reaperturas y radiantes novedades. Sigue leyendo

Mujeres reales

Los brazos en cruz

Angelicatas – The dungeon

Fueron, así me gusta recordarlos, los días más felices de mi vida. Al amanecer, me levanté para encender el ventilador, me demoré un instante para contemplar la curva de su espalda y regresé para tumbarme a su lado. Apoyó la cara en la mano derecha y me miró con una tenue sonrisa de curiosidad, apurando  el gintonic y encendiendo un cigarrillo. La sonrisa se le cerró un poco y se le abrió la mirada cuando por fin empezó a hablarme. Psicólogo, catalán de buena familia, cocinas mal, follas bien; ¿qué más? Le quité la copa de las manos, la terminé. Grabo cintas. La sonrisa, quizá no pudo evitarlo, se deslizó hacia la guasa mal disimulada: ¿cintas? Sigue leyendo

Entrecintas

¿Qué tendrá el negro que yo no tengo?

¿Por qué te fuiste Rosa, mi vida, por qué te fuiste con ese negro, por qué te fuiste si yo te quiero?  La primera vez que escuché esta canción fue a través de un pequeño reto: hace años, Mónica me desafió a atinar con el final de la historia que cuenta, a entender la razón por la que Rosa había dejado a su marido para irse con un negro. Te pago una cena si lo aciertas, me dijo; para ser sinceros, la recompensa que me prometió fue de otro tipo, pero no pueden negar que lo de la cena queda elegante. Me quedé sin mi premio, sencillamente porque, igual que Joaquín, el marido de Rosa, no fui capaz de responder a tiempo a la pregunta. Sigue leyendo

Entrecintas

¡Cuánta puta y yo qué viejo!

Pobres. Ya nadie se acuerda de ellos. Yo sí los sigo teniendo presentes en mis oraciones, y seguro que alguno de ustedes también. Hablo de Dominique Strauss-Kahn y de ese tal Salam Omar, un banquero egipcio que, tres semanas después, reclamó igual que el francés su derecho de pernada en relación con otra camarera de hotel, faltaría más, también de lujo. Si en apenas unas semanas hemos tenido noticia de dos, lo lógico es preguntarse cuántos episodios de este tipo se habrán diluido en un conveniente silencio, en la indiferencia general o incluso en la tentación de echarle la culpa al boogie, a la propia camarera o a improbables conspiraciones. Strauss-Kahn, tan célebre y partidario de la cosa pública, consiguió finalmente que todos nos enterásemos de lo que viene sucediendo en las suites de esos hoteles para elegidos. Qué menos, en justa correspondencia, que dedicarle un poco de música, sin duda de su exquisito gusto. Buen fin de semana para todos. Sigue leyendo

Entrecintas

Venirse a Madrid

Créanme: suelo ser el último en enterarme de todo. Solo detecté la existencia de Manuel Jabois cuando, allá por noviembre de 2008, leí un post suyo a propósito de uno de mis más conspicuos admirados, Woody Allen. Lo leí en un blog que por entonces frecuentábamos Tinín y yo, aunque mi amigo participaba bastante más, sobre todo cuando había bronca. A mí, para qué negarlo, me acojonaba un tanto escribir allí, no por la bronca, sino porque el noventa y nueve por ciento de los contertulios discurrían, escribían e insultaban con esa brillantez que a uno acaba por abrumarlo. Sigue leyendo