Anda por ahí gente diciendo que no debemos pensar lo que pensamos. Lo dicen, como es costumbre, con risitas de perro patán, hablando desde esa superioridad intelectual y moral que desprecia la capacidad de los demás para establecer sus propias tomas de postura o defender sus criterios. Quienes nos manifestamos en la calle contra la guerra de Irak tenemos la obligación ética, al parecer, de mostrarnos también ahora contra el ataque a Libia. Nos piden explicaciones si no es así. Nos exigen coherencia antiguos militantes de la extrema izquierda alistados ahora en la ultraderecha. A algún inocente despistado podrían, por qué no, ofrecérsele esas explicaciones, aun cuando hay que estar, verdaderamente, muy en las nubes para no apreciar las radicales diferencias entre aquella guerra y esta, que de algún modo se niegan mutuamente.

Pero para los de las risas y las ironías de brocha gorda, los del estás conmigo o contra mí, no habrá, obviamente, ninguna explicación. En primer lugar, porque estos realmente no quieren discutir nada; Irak y Libia les interesan más bien poco y más bien mal, más allá de la munición gastada que de ambas circunstancias puedan rapiñar para usarla contra el enemigo. Tomen nota quienes no estén al tanto: enemigo es en principio todo aquél que no piensa en su misma línea ni contribuye a la causa. Aunque ni líneas de pensamiento ni causas, en realidad, les traen a cuenta: los más listos simplemente calculan los réditos y los más tontos de entre ellos se limitan a repetir la consigna. Una cohorte de palurdos, chulos de puta vocacionales, señoritos a la antigua, listillos, majaderos y criminales reinsertados vigila las ensencias de la patria y los fundamentos de la libertad. Estalinistas de derechas, les llamó alguien hace tiempo con mucho tino. Son sólo una minoría ruidosa, afortunadamente. Si a estas alturas esta gente constituyese la mayoría, yo también odiaría a Occidente.

Disculpen el desahogo. En breve les transcribiré la cinta que dediqué a María Elena, vecina de barrio, antigua amante y paciente de mi consulta, una hermosa mujer casada fiel devota de las pollas de gran tamaño, del Rayo Vallecano, de Federico Jiménez Losantos y de los informativos de Telemadrid.

Anuncios

9 comentarios en “Tomahawk sí, gracias

  1. Algunos se pusieron la pegatina, salieron en la tele.. sus palabras eran oidas y aplaudidas.. y se engancharon..En la solapa llevan un cerco de pegamento que tapan constantemente, cambiando logos y proclamas..hablan sin sentido mientras enfocan las cámaras..una droga como otra cualquiera…

    Un saludo Albert, disculpado quedas.

  2. Eso, nadie tiene derecho a pedir explicaciones a nadie. Ni unos, ni otros. Estoy de las coherencia hasta el moño, a mí es que me gusta ser incoherente, me gusta un montón.

    Besos

  3. Lunera, lo lamento pero me vas a tener que seguir disculpando: no alcanzo a entender qué quieres decir. Limitaciones de mi entendimiento, sin duda. Saludos.

    Honey: a mí lo de ser incoherente me gusta mucho los lunes, miércoles y viernes. El resto de los días me levanto con la firme intención de ser plenamente coherente. No siempre me sale, claro. Besos.

  4. Lo de “disculpado quedas” hace referencia al “disculpen el desahogo”

    uff siento mucho que no se me entienda.. y eso que escribiedo, pronuncio todas las eses..

  5. Pues yo pienso que para algo existen los profesionales estilo bond, que maten a los malos dictadores y que se dejen de jugar a la guerra. En todas las dictaduras, sin distinciones.
    Besitos

  6. Cuánto nos enseña el cine, eh. Incluso de estas cosas. Me has recordado inevitablemente a Jason Bourne, claro, cuya última misión como agente, si recuerdas, fue precisamente esa. Y recuerda también que Obama firmó hace unos días una autorización a la CÏA para realizar “operaciones encubiertas” dentro de Libiia. No me cabe duda de que algún Bourne anda por Trípoli. Luego, por supuesto, perderá convenientemente la memoria. Me encantan estos rollos de espías. Un beso, Invisibla.

  7. La vida es más fácil si tienes un código de conducta “sota, caballo y rey”. Empieza a complicarse cuando abres el juego a más cartas, luego pasas a otros juegos de mesa y, por ultimo, pasas de juegos o solo los utilizas para divertirte, que en realidad para eso se inventaron.

    El imperfecto y absurdo párrafo anterior quería ser una extrapolación sobre lo que debería ser la postura de cada uno ante distintos temas: valorar cada tema concreto y posicionarse o no. En mi caso no encuentro mayor problema existencial en estar en contra de la ilegal invasión de Iraq, aceptar críticamente como legal la de Afganistán y estar de acuerdo con la de Libia.

    Todo eso no quiere decir que, como estoy en contra de la intervención en Iraq, todo lo que suceda en ese conflicto merece mi total oposición, o como estoy de acuerdo, más o menos críticamente, con las otros dos, todo lo que suceda en esos conflictos merece mi aplauso.

    Con el tema de Libia me he encontrado con la más que preocupante posición de cierta gente, que, apelando a su pacifismo absoluto, condena a todas las guerras, y, ¡atención!, a todas las partes que participan o participaron en esas guerras, y por tanto, automáticamente, condena también la intervención en Libia. Una postura muy ética en apariencia, pero, volviendo a mi personal opinión, podrida en el fondo, ya que olvida los centenares o miles de víctimas civiles en curso del loco Gadafi y las potenciales decenas de miles de víctimas que una victoria, como la que parecía tener al alcance de al mano, iba a producir entre la población civil que “osó” levantarse contra su dictadura.

    Pero, claro, Iraq también era una dictadura, ¿no?. En primer lugar, las intervenciones militares deben regirse por unas leyes internacionales, unas reglas mínimas que, por lo menos, ayuden a intentar paliar ese desastre que es la guerra. La intervención en Iraq vulneró todas y cada una de esas leyes y normas, se basó en patentes mentiras y provoco un sufrimiento y una matanza de civiles de proporciones que aún hoy solo sospechamos. Todo tiene su contexto y su momento, quizás esa misma intervención, justo tras la I guerra del Golfo, con la Coalición Internacional en la zona y los kurdos en el norte y Chiíes en el sur, levantados en armas contra el tirano, podía tener su justificación. Pero, todos conocemos la historia, se dejó (a pesar de tardías zonas de exclusión aérea, etc. ) que los masacraran.

    Otra diferencia, ademas de la comentada en usar mentiras prefabricadas y la ilegalidad internacional, es que tanto en Afganistán como en Libia, la intervención se apoyó en sectores internos de cada país que luchaban contra sus respectivas dictaduras (en Afganistán al Alianza del Norte, en Libia los rebeldes de Bengasi, Misrata, etc.).

    En fin, que todas las guerras son malas, pero que hay diferencias entre ellas y, sobre todo, entre los bandos, debería ser indudable. El ejemplo, no por archiusado, menos adecuado, es el de la Guerra Civil Española. La gran mayoría de demócratas que condenan el golpe de estado fascista de Franco y cómplices, condenan también la inacción (o, peor aun, la acción en contra) de las potencias democráticas en esa época, abandonando al régimen democrático y legal republicano. Sin embargo, de nuevo sorprendentemente, me he encontrado opiniones que ponen en el mismo nivel a los dos bandos, ya que “los dos utilizaron la guerra”, sin saber o querer diferenciar entre un gobierno y sistema legal democrático agredido y una panda de fascistas agresores.

    Resumiendo, cada caso es un mundo. Cada tema, aunque en apariencia parecido a otros, quizás sea muy distinto y aplicar, automáticamente una opinión prefijada, sin entrar en más valoraciones o matizaciones, suele llevar a error.

    Extrapolando, es como si alguien de izquierda o derecha (digamos que, en los dos casos, en el sentido contemporáneo europeo), aplicara automáticamente ese análisis ideológico simplista a procesos electorales como los de Turquía o Ucrania, pongo por caso (ya en el tema de USA ni entro, es de risa).

    Un saludo.

  8. El pacifismo a ultranza es muchísimo más peligroso y muchísimo menos “ético” que la guerra. Dónde estaríamos, me pregunto, si ese principio de “no a la guerra, en cualquier caso” hubiera acabado por imponerse. En un permanente campo de concentración, probablemente. La paz de los cementerios.

Comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s