Entrecintas

Tomahawk sí, gracias

Anda por ahí gente diciendo que no debemos pensar lo que pensamos. Lo dicen, como es costumbre, con risitas de perro patán, hablando desde esa superioridad intelectual y moral que desprecia la capacidad de los demás para establecer sus propias tomas de postura o defender sus criterios. Quienes nos manifestamos en la calle contra la guerra de Irak tenemos la obligación ética, al parecer, de mostrarnos también ahora contra el ataque a Libia. Nos piden explicaciones si no es así. Nos exigen coherencia antiguos militantes de la extrema izquierda alistados ahora en la ultraderecha. A algún inocente despistado podrían, por qué no, ofrecérsele esas explicaciones, aun cuando hay que estar, verdaderamente, muy en las nubes para no apreciar las radicales diferencias entre aquella guerra y esta, que de algún modo se niegan mutuamente. Sigue leyendo

Entrecintas

Toc, toc

Esta tarde encontré a Mónica en la terraza de El Castellano, que siempre es el primero en sacar las mesas cuando el sol se impone, aunque sea por la mínima.  En realidad, ha sido ella quien nos ha encontrado a nosotros, a mí y a Julio el Comunista, que caminábamos por la acera hablando de Eric Abidal, sin fijarnos en los clientes de la terraza. Ni siquiera me ha llamado a mí, sino a él: ¡Julio!, escuché de una mesa cercana. Reconocí su voz antes de girarme para mirar. Tomaba una coca cola acompañada de una chica que no había visto nunca y me saludó después que a Julio, con los mismos besos en las mejillas pero sin el abrazo que le ha dedicado a él. Qué tal Albert, cuánto tiempo; ¿os tomáis algo o vais a alguna parte? Julio, por supuesto, se ha dado prisa en asegurar que no teníamos prisa. Nunca la tiene cuando se trata de Mónica. Sigue leyendo

Entrecintas

¡Qué manía te tengo!

Susi está malita, que es el modo en que ella prefiere referirse a sí misma cuando sufre un brote periódico de su enfermedad. Se ha instalado en casa unos días para que la mime. Ha cerrado la peluquería y yo también he tomado una semana libre para atenderla. Como casi siempre que ella está en casa, de un tiempo a esta parte, suena todo el día en el equipo del salón el mismo grupo, el que ustedes pueden escuchar abajo. A mí también me gustan, afortunadamente. No en vano, los hermanos Riba nacieron y crecieron en es paradis terrenal  y se han quedado con una parte de la luz y el aliento de la isla; a Dolo Beltrán, su vocalista, la conocieron en Barcelona cuando la banda ya estaba en marcha; no fue mal fichaje: Dolo, además de magnífica cantante y excelente letrista, es una actriz más que estimable, aptitud que nunca está de más en la cara visible de un grupo musical; mis paisanos han tenido ocasión de verla en los escenarios de Barcelona y en alguna serie de TV3, y ha hecho también sus pinitos en el cine nacional. Sigue leyendo

Entrecintas

Matarile al maricón

A cualquiera puede sucederle. Entrar en un bar parisino, pasarse de copas y espetarle al primer chino que te encuentras: tú no tendrías que estar aquí, porque tu madre debió ser gaseada en su momento. Son cosas que pasan, a decir de Jean Paul Gaultier, el compañero y sin embargo amigo del ocurrente John Galliano en el trono de la moda. A otro de esos príncipes, este al parecer compañero-compañero, el alemán Karl Lagerfeld, le parece injusto que la gente pueda pensar que todos los diseñadores son iguales. La verdad es que, visto ahora el asunto con la perspectiva ventajista de la cosa sabida, uno tiende a pensar que ese temor es fundado. Es mi caso, sin ir más lejos: la marcialidad de los desfiles, las ojeras enfermizas de las modelos, los vestidos como sudarios y la apabullante sensación de secta de elegidos, todos esos detalles que caracterizan las pasarelas parisinas, suelen agruparse en mi insconsciente en dos únicos conceptos: uniformes y muerte. Lagerfeld, que está preocupado, quizá haría bien en lanzar la idea: abandonar París y trasladar esos desfiles a, qué se yo, alguna playa normanda. Sigue leyendo