Es guapa ¿eh? Esa foto está en la solapilla de una de las novelas que he leído de ella, junto a su firma manuscrita y una breve reseña biográfica que destaca apenas su año de nacimiento, los premios recibidos por el resto de su obra hasta ese momento y los elogios que de la misma hicieron gente importante en nuestras letras como Carmen Martín Gaite o Francisco Umbral. Mi amigo Julio el comunista me convenció hace tres años para acompañarle a un acto en el Círculo de Bellas Artes madrileño en el que ella participaba; se trataba de la presentación de un documental sobre mujeres en Irak, y Julio consideró que sería buen momento para pedirle a una escritora a la que admiraba que estampase su firma en un ejemplar de alguno de sus libros. A Julio le fascinaba Gopegui sin haber leído ninguna de sus novelas, porque a él le interesan las ideas, no la literatura, de modo que pasamos antes por la Fnac para adquirir una edición barata de Lo real, acaso su novela más celebrada. En el camino hacia el Círculo, Julio me habló con entusiasmo de la joven escritora, de su inteligencia y capacidad crítica, de los múltiples proyectos solidarios en los que, como aquel al que nos dirigíamos, había participado, entre ellos su trabajo no remunerado en una escuela de adultos. Como tú, añadió palmeándome la espalda. Julio, le recordé, bien sabes que yo tampoco cobré y a mí no me admiras. Eso lo dices tú, me dijo abrazándome por los hombros con la mejor de sus sonrisas.

Ya en la sala de conferencias, me cautivó la dulce voz de Belén, su evidente dificultad con la pronunciación de las erres, el tono pausado y la sobriedad un tanto impostada, infantil, con la que sin duda trataba de combatir su obvia timidez ante el auditorio. Julio me prestó la novela firmada con la promesa de que se la devolvería para guardarla como recuerdo en una estantería junto a un ejemplar del Marinero en Tierra de Alberti, también firmado por el poeta. Antes de terminar la novela, leí una entrevista con su autora. En ella afirmaba lo siguiente: “me cansa la contradicción constante de escribir para unas personas sabiendo que casi siempre tus libros llegan a otras, que son las que los compran por motivos que a veces tú no compartes“. Inevitablemente, la frase me hizo pensar sobre el modo en que el libro había llegado a mis manos y sobre el papel que jugaba cada uno de nosotros, Julio el comunista y yo mismo, en esa extraña ecuación que Gopegui planteaba sobre las personas para las que escribe, las que compran sus libros y las que finalmente los leen. Julio era un gran admirador suyo sin haber leído ni una de sus líneas ni tener intención alguna de hacerlo, pero consiguió su firma (“para Julio, Salud y Fuerza”); en cambio yo, que apenas tengo interés alguno en las opiniones de Belén, estaba disfrutando de su novela. Obviamente, ya no pude dejar de sentirme como un impostor mientras continuaba leyendo: esa obra, según palabras de su autora, no estaba escrita para mí ni probablemente ella hubiese aprobado el hecho de que yo fuese uno de sus lectores. No puedo negar que esta especie de clandestinidad sobrevenida le añadió morbo a la lectura.

Luego he seguido escuchando declaraciones suyas. “El PSOE es un partido capitalista. Izquierda Unida es un partido que intenta mejorar el capitalismo, es decir, capitalista también. Ni en el parlamento ni en los grandes medios de comunicación existe un debate sobre el sistema en el que vivimos“. Esta referencia a IU como una formación política de carácter capitalista desconcertó profundamente a mi amigo Julio, como ya les he contado militante del PCE, pero no obstante siguió comprando sus novelas para dejarlas en la estantería cuando yo se las devolvía tras leerlas. Su admirada Gopegui considera que es obligación moral de todo escritor abrir ese debate; al parecer en mayor medida que a los demás, a ella le preocupa el mundo en el que vive, al que suele referirse con los términos sistema dominante o sociedad capitalista y juzga como contrario a la verdad, la libertad, la calidad ética y la auténtica democracia. Esa preocupación se ha ido reflejando de manera creciente en su, a decir de la crítica especializada, estimable obra, en la que se incluye alguna novela dirigida al público infantil, hasta el punto de que, hoy por hoy, el sistema parece ser de hecho lo único que le interesa. “Hablar de temas sentimentales, morales o de comportamientos sin hablar de las condiciones materiales en que se producen termina sonando a la letra de canción tópica, mil veces repetida. Es imposible escribir sin hablar de política, a menos que se escriban cuentos de hadas“, ha declarado recientemente para referirse a los temas de sus novelas. Su propia condición de novelista, de hecho, parece correr peligro a tenor de sus palabras: “cada vez tengo más claro en qué sentido me gustaría trabajar y cada vez dudo más de que la novela sea el método adecuado; quizá a partir de ahora aborde el ensayo, el teatro, o tal vez un trabajo más colectivo y político del tipo poner en pie una publicación, o simplemente escribir una historia a partir de un trabajo colectivo y no de meras cavilaciones individuales“. Es decir, en sintonía con mi amigo Julio, a Gopegui parecen empezar a interesarle mucho más las ideas que la literatura.

Bien es cierto que nadie podría, en cualquier caso, acusarla de hacer críticas abstractas, sin plantear alternativas. A partir de la publicación de El lado frío de la almohada, en 2004, Belén acompaña esas críticas a nuestro sistema con la afirmación de su compromiso con la Revolución Cubana. Desde entonces, tengo que confesarlo, entendí mejor el interés de mi amigo Julio por contar con las obras de Gopegui en su estantería. Julio, como ya les he dicho en alguna ocasión, no es hombre de grandes planteamientos intelectuales, de modo que muy probablemente un hecho tan concreto e inequívoco como la declarada admiración por Castro de una escritora de éxito influyó sin duda en su propia admiración por la autora.

No participo del entusiasmo de Julio, pero sí me subyuga, por qué no decirlo, la fe inquebrantable de Gopegui en la alternativa al sistema capitalista. Tras cuarenta años de dictadura del proletariado, y en plenos estertores del castrismo como los que ahora sin duda vivimos, Belén afirma nada menos: “lo que deseo es que la difícil transición hacia el socialismo pueda hacerse en Cuba sin hostigamientos“. Hace apenas un mes, firmó un manifiesto público en apoyo del actor Willy Toledo a propósito de las declaraciones de éste sobre la muerte en prisión del disidente cubano Orlando Zapata. En ese manifiesto, la escritora exponía de nuevo sus acostumbrados juicios sobre la democracia occidental y sobre el castrismo y sus hostigadores, es decir, todos aquellos que no son castristas, pero daba un paso más: establecía un extraño paralelismo entre el muerto Zapata, a quien, en línea con el régimen cubano no dudaba en señalar como “un terrorista”, y el vivo Arnaldo Otegi, histórico líder de Batasuna, es decir, de ETA, cuya condena por apología del terrorismo Gopegui presentaba como una evidencia de que en el sistema dominante no existe libertad de expresión. De paso, arremetía contra las también escritoras, aunque éstas de cuentos de hadas, Elvira Lindo y Rosa Montero, por “hostigar” al régimen cubano, y contra la actriz Pilar Bardem por no suscribir el manifiesto. Esto último causó en mi amigo Julio, buen amigo de la Bardem y compañero en mil batallas, un nuevo y hondo desconcierto.

“La ideología inunda sus obras. ¿Dónde se arraiga esta mirada comprometida hacia la sociedad, de dónde nace esta manera de estar en el mundo?”, le preguntaron en una entrevista. Belén respondió lo siguiente: “como cualquier persona, he podido ver muy de cerca el daño que produce en las vidas concretas, en los destinos concretos, cosas en principio abstractas como la economía de mercado“. Por contra, Gopegui afirmó en otra ocasión: “creo que en Cuba hoy la mayoría de las personas vive de un modo más justo que en muchos otros países“. Cualquiera podría concluir, a tenor del sorprendente contraste entre estas declaraciones, que Belén prefiere que la realidad no le estropee una buena idea o que cierra los ojos ante el daño que produce en vidas concretas, en destinos concretos, una larguísima dictadura que -es un hecho objetivo- maneja a su antojo aspectos esenciales de la vida privada de sus ciudadanos. Yo, sinceramente, no lo creo, y sostengo modestamente otra teoría: sucede quizá que Belén considera la vida y el destino de los cubanos como fenómenos abstractos, carentes de significación individual en tanto forman parte de una vida y un destino colectivos, la Revolución, esa que aún está pasando por el difícil tránsito hacia el socialismo. Personalmente, tengo la fortuna de conocer muy de cerca algunas de esas vidas y destinos que lograron escapar del sacrificio ritual al ideal revolucionario. Estaría encantado de hablarle acerca de la tan sólida como trabajosa concreción de esas vidas. La dulce Belén, a cambio, podría tal vez arrojar luz sobre una cuestión que me intriga: la verdad, la justicia, la libertad, la ética, la dignidad, cualquiera de esos valores que ella juzga superiores moralmente a nuestras viciadas democracias; ¿cuáles de ellos no son hoy, uno por uno, sistemáticamente pisoteados por el régimen castrista?

¿Te ha gustado el libro, escribe bien la chica esta? me preguntó Julio cuando le devolví El lado frío de la almohada. Me ha encantado, le dije, me he hecho varias pajas mientras la leía. Recogió el libro con cierta aprensión y luego me miró sorprendido: ¿es una historia porno? No exactamente, le dije: es una historia profundamente inmoral escrita por una monja, y eso me pone: tú ya sabes que soy un tío raro.

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26 comentarios en “Belén Gopegui

  1. Estimadísimo Gilipollas:

    Esta señora, como usted bien sabe, es una bellísima mujer con un corazón de oro que sufre sin descanso por sus semejantes.

    Me alegro de verle por aquí. Saludos.

  2. Yo la conocí en el acto de presentación, en Madrid, del libro de Ramonet sobre Castro. No me pareció dulce. De todos los que allí intervinieron me pareció la más fría y lejana, y eso que aquella era una reunión repleta de procastristas y comunistas. No le recuerdo una sonrisa o un gesto amable. Parecía alguien con un destino manifiesto y con pocas dudas a la hora de hacer lo que fuera necesario para cumplir con él. Puede ser que tuviera un mal día, claro. Y es evidente que resulta muy poco razonable afirmar lo que acabo de afirmar, simplemente por haber escuchado a alguien leer un discurso. Pero, es lo que hay; lo que pensé.

  3. Pues yo, debo reconocerlo, tengo a menudo un cierto anhelo de dictadura. Debe ser muy estimulante saber de donde vienen todos los males, saber quién tiene la culpa de todo. Esto es algo que se pierde con la democracia, donde aquellos que se señalan como “responsables” es evidente que no más que títeres y meros resortes de abstracciones espantosas.

  4. Anónimo, diría que usted confunde democracia y economía de mercado; no se lo reprocho, me parece lógico: no existe un solo estado de derecho que no base su economía en el mercado libre, más o menos regulado. Siendo esto un hecho, quizá conviene diferenciar entre ambos conceptos cuando se hacen observaciones del tipo de las que usted plantea. Las “espantosas e imprevisibles abstracciones” de las que habla no son, en caso de existir, consecuencia de la democracia, sino de la economía de mercado. Las democracias, los regímenes constitucionales, garantistas, son inocentes en sí mismos.

    Supongo que se refiere a grandes empresarios, multinacionales, bancos y todo tipo de mafias propiciadas por la economía liberal, a los que, quizá sumando a la Iglesia, la izquierda suele identificar con lo que otras veces se llama “poderes fácticos”. Lehman Brothers, la firma que encendió la mecha de la grave crisis en que todavía nos encontramos, no es precisamente un ente abstracto. Si algo bueno sale de esta crisis ha sido precisamente la posibilidad de concretar en buena medida esas abstracciones.

    Dicho lo cual, sí tengo la impresión de que en demasiadas ocasiones nos refugiamos en esas “abstracciones” para eludir la responsabilidad personal que todos y cada uno de nosotros, incluyendo a Belén Gopegui, tenemos en el estado de las cosas. Esa “responsabilidad” de la que usted habla, me temo, está muy bien repartida. En cualquier caso, obviando cualquier tipo de abstracción, se trata de elegir entre dos realidades muy concretas: democracia-economía de mercado con todas sus lacras, por un lado; y por el otro, dictadura-economía socialista (la real, la que llevó a la Unión Soviética o a Cuba a la enorme prosperidad y justicia social de la que sin duda disfrutaron y disfrutan). Usted elige.

  5. Creo que el hombre tiene dos tipos de hambres posibles,de pan y de belleza.
    La libertad es parte irrenunciable de la segunda.
    Sacrificarla (la de los demas claro)y ni siquiera admitirlo mintiendo descaradamente se hace por
    lo menos incomprensible para peña que su material de trabajo es precisamente la libertad misma.
    Quizas una dificil pero necesaria transicion al “lado caliente del corazon”
    la capacitaria para entender tambien sufrimientos concretos,incomprensibles,cercanos.
    En cualquier caso creo que la izquierda puede y debe reinventarse para superar esas dos opciones-capitalismo o socialismo real-nefastas
    para el conjunto del planeta.

    Me gusta Albert que la mala ostia no este reñida con cierta ternura.
    Y aqui te ha salido bordado.
    Un saludo.

  6. Supongo que para ella eso de la libertad debe ser una desviacion ideologica.
    En cualquier caso-y admitiendo que cada uno tiene sus gustos-si hablamos de desviaciones yo diria que su solo careto desvia el nucleo del “aparato ideologico” pero para abajo.

  7. Haddock, bienvenido. Tienes razón, a mí también me resulta incomprensible que alguien que se dedica a escribir desprecie de ese modo la libertad individual. Se supone, efectivamente, que esa es una de las materias primas de la literatura. Se entiende mejor leyendo sus novelas, sobre todo las últimas: sus personajes no son más que meros títeres al servicio de la ideología. Ella misma así lo reconoce, de algún modo. Y sí, cierto, la izquierda debe reinventarse, la alternativa a un mal no puede ser otro mayor. Gracias por lo del “bordado”. Saludos.

    Sputnik, bienvenido. Hombre, tiene que reconocer que en la primera foto no está mal; no para hacer explotar el núcleo del aparato, pero tenía su punto. Los años, obviamente, no le están cayendo bien, en ningún sentido: se le ha desviado todo. Saludos.

  8. Jo..como soís los hombres…empezáis llamandola tía buena y la pobre termina como un trapo rasgado..en fin….

    Luego dicen de nosotras….

    Besitosss

  9. Belen Gopegui es un mujer bellisima por sus libros, sus convicciones y la valentia con que las defiende desde esa fragilidad aparente de su fisico. Si algo se debe aprender de ella es no dar por sentado los cliches que nos inculcan en la mente la maquinaria cultural obsesiva que nos rodea. Esa misma maquinaria que nos hace filtrar la informacion que nos llega desde nuestro propio adoctrinamiento que no seremos capaz de reconocer. Lamentablemente en el tema Cuba ese adoctrinamiento es tal en Espana, que no podemos escapar de los lugares comunes llenas de calificativos que condiciona no solo toda informacion que nos llega sobre Cuba sino, peor aun, condiciona la informacion que estamos dispuesto a aceptar sobre la isla por encima de las evidencias. Por eso es que la defensa de Belen de Cuba se le antoja, en aquellos que no obstante admiran su obra, extrana. Sin embargo, en todo caso, lo extrano es que no se le entienda su mensaje coherente y argumentado. En todo caso, ello no habla mal de ella, sino de nosotros mismos. Belen Gopegui es bella escribiendo y es mas bella aun cuando defiende a Cuba Revolucionaria, aunque si ella oyera esta ultima afirmacion estoy seguro que dirias que no la entiende, pues forma parte de una misma cosa o actitud.

  10. que conste (poniendo el parche antes del grano) que soy cubano simple y vivo en Cuba, no necesito que nadie me hable de lo dificil que es vivir en Cuba.

  11. Yo creo que Belén Gopegui está completamente en las nubes, en un extraña catatonia y su discurso es un poco automático y previsible. Cosa que me perturba porque la considero inteligente y escribe bien, pero cuando le sacas Cuba, entra en su estraño hipno-oooommm…
    En las antipodas -en lo que se refiere a personalidad- existe esta otra mujer a la que admiro más aún que a Belén llamada Liliana Felipe (cantante y compositora). Es casquivana, efervescente, locuaz y lesbiana -au contraire que Belén- pero castrista como ella. Tiene una bonita canción dedicada a la revolución cubana construída a partir de un Poema de Virgilio Piñera, un poeta cubano, despreciado y maltratado por la revolución, que me imagino se retorcerá en su tumba cuando suene la canción.
    http://www.youtube.cf/watch?v=LV1YZX16ulY
    “Será por la maldita circustancia, del agua por todas partes…”- EL caso es que le cuestioné el tema a Liliana vía mail y para mi sorpresa la señora no tenía empacho en llamar tirano a Castro. Pero lo justificaba, claro y me hablaba del proyecto elam, de la sanidad la educación oooohhmmmm!!!! y sobretodo, lo mejor, es que Castro no era capitalista que es el peor pecado. Peor que el sometimiento del poder judicial al ejecutivo y peor que no respetar los derechos humanos. Así que lo que me quedó claro, es que lo mejor de Cuba, es que no son como los USA. Más que buenos amigos, los amigos del castrismo, tienen ENORMES enemigos y es esa referencia la que usan para calibrar sus simpatías. Y mira que me encantan las canciones de Liliana!!!
    Felicidades por el Blog!!!

  12. Gracias Roberto, bienvenido. Lo de “estar en las nubes” es una forma realmente suave de referirse al tema. Esa “extraña catatonia”, como tú le llamas, te puede conducir hasta Gadafi, por ejemplo. Peligroso camino.

    No estoy muy al tanto de la figura y actividades de Liliana Felipe, pero realmente no la imaginaba tan cercana al castrismo. Estoy de acuerdo con lo que dices: para muchos, el mérito de Castro (y de Gadafi) es que no se someten al capitalismo; lo demás son minucias. Efectivamente, con amigos como esos no se necesitan enemigos. La canción es bonita, desde luego. Un saludo.

  13. Ya… es verdad que asustan un poco las personas de convicciones tan profundas, más incluso que los cínicos y los perfectos cabrones. Y es que, como leí una vez tan acertadamente en un editorial del Pais acerca de la figura del Ché, quien está dispuesto a dar su vida por una idea suele también estar dispuesto a quitársela a los demás. Suscribo.

  14. A esta persona la conocí cuando era una adolescente. Viene de una familia burguesa y acudió a los mejores colegios de Madrid. Es facil tenerlo todo facil y hablar de lo injusto del sistema sin haber pasado una necesidad. Sus libros me parecen francamente superficiales a pesar de sus denodados esfuerzos por ir de distinta e intelectual.
    Una farsa en definitiva.

  15. Zuriñe, bienvenida. Totalmente de acuerdo con lo que dices, en especial en lo que respecta a sus libros y sus poses. Todo en Belén Gopegui suena a impostado. Nada sé de fu familia excepto en lo que respecta a su célebre padre, claro, el gran “jefe” de la NASA en España. Saludos.

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