Entrecintas

Las cintas de Albert B.S.O.

L’Albert té bona veu però és molt gandul amb la guitarra, no n’aprendrà mai a tocar com Déu mana. A Marta le gustaba hacerme de menos, por pura diversión. Ella había aprendido los acordes de cuatro o cinco canciones y me quitó de mis tebeos y mis libros para obligarme a aprender también a mí. Cada tarde, cuando la mareta entraba al dormitorio a dejar la merienda, se quejaba ante ella de la desidia con que me tomaba yo sus explicaciones. Luego se cansó de la guitarra y de mí como siempre se ha cansado de todo, pero lo cierto es que tengo que agradecerle a aquel capricho adolescente de mi hermana lo mucho que hoy me divierte componer y tocar. Me regaló su guitarra cuando me vine a Madrid. La tuve abandonada en un rincón de mi apartamento hasta que conocí a Itziar, que había estudiado solfeo y violín desde niña y con más paciencia y más fundamentos, me enseñó lo que hoy sé. Seguir leyendo

Mujeres reales

Diana

Luego quedamos dormidos, quizá yo antes que ella, y aún hoy recuerdo que durante esas horas, antes de despertar de nuevo a la piel de Diana, soñé con Susi. Tal vez no lo he olvidado porque, por vez primera, yo también estaba en el sueño, junto a ella, besando su frente y jugando con sus rizos, provocando su risa, mimándola y disfrutando de su alegría como tantas veces sucedía en la realidad misma. Por supuesto que Susi había frecuentado en muchas ocasiones mis sueños, pero siempre se me aparecía igual, tumbada sola en su cama, agitada por el insomnio o la enfermedad, llorando desnuda ante cualquier peligro extravagante o descabellado que yo nunca llegaba a tiempo de conjurar. Seguir leyendo

Entrecintas

Party hard

Les dejo hasta el lunes con esta dulce y romántica melodía de abajo. Su autor e intérprete, que se hace llamar Andrew W.K., es un joven californiano con una sólida formación musical clásica (dato completamente cierto, para los incrédulos). Especialmente dedicada al Capitán Haddock, que fue quien me la descubrió. Buen fin de semana para todos. Seguir leyendo

Mujeres reales

Laia

Jan Saudek – Agnes

“Mirar las nubes tiene algo de volver a empezar. No importa lo mal que vayan las cosas sobre el suelo, siempre queda elevar los ojos al cielo y luego mirarse las manos otra vez. Recuerdo que hubo un tiempo en que me gustaba darle vueltas a ese pensamiento y aun ponerlo en práctica. Si se pierden las referencias, si el vacío interior amenaza con succionarte entera, ayuda mucho el retorno al principio, a la verdad que tenemos más cerca. Simplemente mirar el cielo el tiempo suficiente, hasta entender que sigue ahí, inmutable y cierto, tal vez concediéndonos una nueva oportunidad. Seguir leyendo

Mujeres soñadas

Belén Gopegui

Es guapa ¿eh? Esa foto está en la solapilla de una de las novelas que he leído de ella, junto a su firma manuscrita y una breve reseña biográfica que destaca apenas su año de nacimiento, los premios recibidos por el resto de su obra hasta ese momento y los elogios que de la misma hicieron gente importante en nuestras letras como Carmen Martín Gaite o Francisco Umbral. Mi amigo Julio el comunista me convenció hace tres años para acompañarle a un acto en el Círculo de Bellas Artes madrileño en el que ella participaba; se trataba de la presentación de un documental sobre mujeres en Irak, y Julio consideró que sería buen momento para pedirle a una escritora a la que admiraba que estampase su firma en un ejemplar de alguno de sus libros. A Julio le fascinaba Gopegui sin haber leído ninguna de sus novelas, porque a él le interesan las ideas, no la literatura, de modo que pasamos antes por la Fnac para adquirir una edición barata de Lo real, acaso su novela más celebrada. En el camino hacia el Círculo, Julio me habló con entusiasmo de la joven escritora, de su inteligencia y capacidad crítica, de los múltiples proyectos solidarios en los que, como aquel al que nos dirigíamos, había participado, entre ellos su trabajo no remunerado en una escuela de adultos. Como tú, añadió palmeándome la espalda. Julio, le recordé, bien sabes que yo tampoco cobré y a mí no me admiras. Eso lo dices tú, me dijo abrazándome por los hombros con la mejor de sus sonrisas. Seguir leyendo