Ni siquiera tosemos, al menos no con intensidad ni frecuencia. Ella se acuesta sobre las once, cuando yo aún leo apoyado en el cabecero. Suele usar ropas con cremalleras y parece algo maniática, porque nunca se mete en la cama sin provocar un breve zumbido que le confirme que el despertador funciona. Y tiene la pésima costumbre de fumar en la cama: oigo el murmullo del colchón cediendo bajo su cuerpo e indefectiblemente, le sigue a continuación el escueto sonido de un mechero de gas. La primera calada es larga, esto más bien lo intuyo, aunque es cierto que hace tiempo que he dejado de distinguir la frontera entre mi oído y mi intuición. Más de una vez he tardado en dormirme, inquieto porque no he apreciado el rumor del cigarrillo aplastándose en el cenicero y luego el click del interruptor de la luz: se ha dormido con el cigarrillo encencido, o quizá no, quizá me distraje demasiado en la lectura y no percibí los ruidos.

Confieso que a lo oído y a lo intuido se suma en ocasiones lo imaginado, sobre todo en lo referido a sonidos orgánicos. La breve tos, el estornudo súbito o el bostezo fugaz, de eso no hay duda. Pero a veces creo que la oigo suspirar. Y a pesar de que estoy convencido de haberme topado en alguna ocasión con la sorpresa del rumor de sus manos acariciando su cuerpo, no recuerdo excitación mayor que la de la noche en que, breves instantes después de pasar la página del periódico que leía, escuché su risa súbita: quizá había leído el chiste gráfico, o tal vez consultaba las páginas de política nacional. Lo cierto es que esa noche no estaba tan cansada como de costumbre, porque leía el periódico, cosa que hace en contadas ocasiones, al menos en la cama.

Llevo dos meses detectando cada noche sus huellas sonoras al otro lado del tabique. El día en que completó la mudanza fue el último en que oí su voz, al menos nítidamente, porque es cierto que si pongo mucha atención y el oído muy pegado a la pared puedo escuchar un tenue hilo de voz cuando habla por teléfono en otra habitación. Pero esto no suelo hacerlo, prefiero no buscar, me gusta recoger lo que llega espontáneamente. Otras noches en que no está cansada entra en el dormitorio tarareando alguna música; si no recuerdo mal la más repetida es Somewhere over the rainbow, la canción de Judy Garland.

Me pregunto alguna vez si ella también me escucha a través de la pared. No sé si la reconocería en cualquier lugar ajeno a ambos, cruzándonos en la calle o coincidiendo sin saberlo en el mismo bar. Sé que tarde o temprano la encontraré en el rellano, o en el portal. Prefiero evitarlo por el momento, ignorar conscientemente su aspecto y sus gestos, preservar la incertidumbre y disfrutar de la intimidad.


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14 comentarios en “Dúo sin tos

  1. Tengo un ordenador nuevo con una pantalla grande y un nuevo sistema operativo, el delicado pero fuerte windows 7; es precioso. Lo instalaron ayer y hoy, al usarlo por primera vez, tengo la sensación de que todo es mucho más bonito. Hasta Judy Garland suena como si hiciera mucho tiempo que no la escuchaba. Lo cierto es que hacía mucho tiempo. ¿Ella tatarea Somewhere cuando está contenta? Debe de ser maravillosa, ella y la intimidad compartida noche tras noche, los roces, los ruidos y la inquietud de no saber si ha apagado bien el cigarrillo. Quizá alguna noche os encontréis más allá del arco iris, en sueños. Quizá no la encuentres nunca, ni en la escalera, ni en el rellano, ni en el portal. De momento, disfruta soñando.

    Un inmenso placer leerte, como siempre. Muchos besos, chico guapo.

  2. ¿Verdad que sí, que el Windows 7 es algo realmente nuevo? Yo llevo disfrutándolo desde diciembre, y me parece que lo has definido bien: bonito, delicado y fuerte a la vez. Todos tarareamos cuando estamos contentos ¿no? el que canta su mal espanta. Quizá, quizá, quizá…gracias chica guapa, mil besos.

  3. ¿Todos tatareamos cuando estamos contentos? Creo que no, mucha gente ya no sabe cantar, ni recuerda cómo es aquéllo. Ahora lo guay es estar todo el día muy preocupado y cabreado. Vaya, como si siempre fuera jueves santo en época franquista. Perpleja leo y escucho a gentes manifestar que no les gustan los besos, ni las caricias, ni las risas, ni la vehemencia de la pasión en cualquiera de los órdenes de la vida. No les gusta siquiera un piropo, mucho menos una caricia. Me espantan las similitudes de muchas cosas de antaño con las de hogaño en cuanto a su oficialidad. Cantar, además de algo alegre y espontáneo, es algo pasional, algo que se cuece con un fuego interior que sólo se alimenta de pasiones y emociones; eso que antes era tan corriente, vivir. Hummmm, noto los rizos en la olla express, creo que voy a escribir con mi nuevo Windows 7.

    Más besos, chico guapo, estás mojado.

  4. Que va Honey, que no me creo que exista gente a la que no le gusten las caricias…ni los besos…ni tararear a Judy Garland. Conoces la fábula del zorro y las uvas, verdad? Pues eso…que “no están maduras”.

    Albert, sabes? a lo mejor tiene un bebé… No conozco canción más dulce para dormir a un bebé que ésta, tarareada bajito… shhhhh… 😉

    Besos a repartir

  5. Nosekita, a fuerza de decir que las uvas no están maduras, acaban por creérselo… peligroso.

    Somewhere siempre fue para mí, a ellas les cantaba “muñequita linda” muy bajito, susurrando, sonriendo, acariciándolas. Si se dejaran, lo seguiría haciendo. Hace mucho tiempo que decidí que nadie se iría jamás de mi lado sin saber lo mucho que le quiero. Y no sólo demostrándoselo, diciéndoselo también. Te quiero.

    Pillo uno de esos besos tuyos.

  6. Peligroso para ellos, supongo: los demás, a más uvas tocamos. A mí también me cuesta creer que haya muchos que desprecien las uvas jugosas, pero hay gente pa tó. Mete el 7 en la olla, verás como hasta las ideas te salen más sabrosas.

    No creo que haya bebés, Nosek, digo yo que le habría oído como la oigo a ella. Pero ni se me había ocurrido planteármelo. Afinaré el oído.

    Besos para las dos, gracias por la visita.

  7. Jajajaja…tú tranquilo, Albert, sinceramente no creo que haya bebé alguno… Si lo hubiese, no necesitarías afinar el oído…jejeje… Es todo broma. Bueno todo no, yo sí tarareaba esa nana a mi peque (oidla detenidamente…tiene cadencia de nana)

  8. Entonces está claro, Nosek: no es que mi vecina tenga una niño al que cantársela, sino que es a ella a quien se la cantaban en la cuna; los tuyos, seguro, seguirán tarareándola toda la vida.

    Tesa, no tienes suerte con los vecinos, ni con los de viaje ni con los de casa.

    Saludos.

  9. me encanta.. como todo lo que escribes (o casi, dejemos un casi), estaba pensando en darle el pesame a esa pareja tan lastimosa,, cuando, cambia la historia totalmente.. simplemente genial

    honey.. yo canturreo casi todo el tiempo,, cuando estoy contenta y cuando no, pa no acordarme de que no lo estoy,, y bueno; a mi él primero, le cantaba a sabina bajito..y una de rossana algo triste,, en una epoca que su cuerpecito estaba llenito de cables.. ahora me ve bailar por la casa o cantar mientras plancho y estä totalmente de acuerdo con mi él segundo, en que su madre está loca

  10. jajajajaja genial tu post, me ha encantado. Me recuerda cuando de jovencita iba en metro al instituto y miraba a la gente detenidamente y me imaginaba historias con ellos y con ellas, se me hacía el viaje más corto. Lo genial era cuando imaginaba e imaginaba y de pronto se me cruzaba en la mirada el chico guapo del vagón, eso me daba mucho juego y me ilusionaba pensar que a la vuelta, al ir a casa, puede que apareciera otra vez..ya sabes..nunca vuelven a aparecer , pero era bonito, jajajaja

    Besitosss

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