El nombre de la rosa

Esto-no-es-una-pipa-1929

Rosa no es la Julieta de Shakespeare, ni tampoco Gertrude Stein. Rosa es una rosa es una rosa es una rosa con las tetas grandes y los labios carnosos que no dejaría de ser una rosa ni de esparcir su aroma aunque de otra forma se llamase. Acaba de renovar su contrato, se queda al menos un año más trabajando en Londres. Esto no es un coño, mi dulce Romeo, me dijo anoche delante de la webcam, completamente desnuda, deslizando suaves las yemas de sus dedos cortos sobre los muslos blancos. No lo será hasta que vengas a verme. Vente, nene, ven a explorar de nuevo el origen del mundo.

A veces un pato es solo un pato. A veces la echo de menos. La semana que viene les espero aquí, vengan a verme. Buen fin de semana para todos.

Que os sea leve

Cada vez que respires, cada vez que te muevas, cada lazo que rompas, cada paso que des, te estaré vigilando. Cada día, cada palabra que digas, cada juego que juegues, cada noche, te estaré vigilando. ¿No entiendes que me perteneces? ¿No ves cómo llora mi pobre corazón con cada cosa que haces? Cada movimiento que hagas, cada promesa que rompas, cada sonrisa que finjas, cada señal que envíes, te estaré vigilando. Desde que te marchaste me encuentro perdido, sin rumbo. En sueños solo veo tu rostro. Miro alrededor pero siempre eres tú, nadie puede sustituirte. No puedo dejar de llorar, por favor, cariño. Te estaré vigilando. Te estaré vigilando. Te estaré vigilando… Sigue leyendo

Gemma

sinestesia 3La senyera todavía sabe a chocolate, y tus besos siguen siendo elipses verdes, me dijo el verano pasado. Amarillo verdoso era el olor de las habitaciones de hostal barato en las que acabábamos al amanecer, más amarillo cuando entrábamos en ellas y más verde ya desnudos entre las sábanas, que casi siempre estaban ásperas ¿te acuerdas? A mí me olían como el ruido de las uñas de la profesora de Evolutiva arañando la pizarra para que prestáramos atención. ¿Cómo se llamaba aquella? Era mona, tú le gustabas, te ponía ojitos. Esas cosas las notamos las mujeres enamoradas. Sigue leyendo

Desapego

Entre ustedes, mis amables lectores, debería haber, por lógica estadística elemental, algún cretino genuino. Disculpen, no pretendía ofender ni discriminar, de modo que rectifico: algún cretino o alguna cretina. En este blog, cabe pensar, hay material de sobra, desde el mismo subtítulo, para que a alguien se le haya pasado por la cabeza que aquí pueden encontrarse textos o comentarios, no solo de un servidor, que atentan contra la igualdad y tienen contenidos sexistas. Sin embargo, nunca nadie me ha hecho observación alguna en ese sentido, ni en público ni en privado. Todo lo más, hubo una persona, cuando todavía mis cintas se publicaban en otro lugar, que escribió un comentario que guardo como un tesoro: “alguien que habla de sus relaciones personales con ese desapego no me merece respeto”, dijo un anónimo (o anónima) a propósito de la primera entrada de este blog, la titulada Isabel.  Gracias de corazón a quien quiera que lo escribiese: llevaría como un pesado lastre la responsabilidad de contar con su respeto. Sigue leyendo

Dolo (parte 2ª)

Ver parte 1ª

-          ¿Dolo? ¿Qué mierda de nombre es ese para una tía?

Fue en la puerta del No se lo digas a nadie, hace seis o siete años, no lo recuerdo bien, cómo podría, si la calle Ventura de la Vega y aun Madrid entero flotaban en ese instante delante de mis ojos. Tinín no estaba mucho mejor, pero supongo que todavía hoy sigue aguantando más entero que yo las madrugadas alcohólicas. La gorila del garito, una morena con una trenza que le llegaba hasta el culo y las espaldas más anchas que las del propio Tinín, pidió no tan amablemente que nos alejásemos un poco más de la puerta. Aún se podía fumar dentro de los bares, pero preferimos salir a encender uno y tomar el aire cuando se apagaron la música y las luces para dar paso al espectáculo de las drag queens sobre el escenario. “Puta bollera”, escupió mi amigo entre dientes ya apoyado en la pared, a dos metros de local. Después, mientras fumaba, se enredó en un largo soliloquio acerca de la desorientación vital y las dificultades para relacionarse adecuadamente de las mujeres de nuestra generación; recuerdo que un par de veces tuve que sujetarle del brazo mientras hablaba, que durante la disertación citó a Emil Cioran, a Jesulín de Ubrique y a Margaret Thatcher, pero no consigo recordar cómo relacionó cada uno de esos nombres con el tema que trataba ni a unos con otros, y mucho menos si inició aquel discurso con algún propósito o si finalmente alcanzó alguna conclusión. Sigue leyendo

Histeria

“La experimentación visual y conceptual es el núcleo de mi proyecto artístico. Siempre me ha interesado el concepto de control y autenticidad en el retrato, especialmente en estos tiempos de Facebook, Instagram o Twitter, donde el marketing personal y la cantidad de información que uno da sobre sí mismo dejan poco margen para intentar bucear bajo esa catarata de datos e imágenes hasta encontrar la verdadera identidad del retratado. ¿Qué hay detrás de todo eso? ¿Cómo acercarse a un retrato verdaderamente “real”? Exploré esta idea en varios proyectos, intentado distraer al modelo de sus poses prefabricadas, buscando algo más cercano a la realidad. Me interesan las zonas límite, las fronteras, aquellos lugares donde la mente ya no alcanza a gobernar el cuerpo a pesar de las directrices, mandatos y órdenes que le dirija.” Sigue leyendo

Químicamente puro

IlegalesComo pueden escucharle manifestar en el vídeo, Jorge Martínez no ha matado nunca a un judío, o al menos eso cree. Por razones que quizá les explique cuando ustedes y yo tengamos más confianza, visité durante algunos años con cierta frecuencia la ciudad de Gijón, el lugar en el que Martínez fundó Ilegales, una de las bandas cardinales del rock en nuestro país. En uno de esos viajes tuve ocasión de conocerle y charlar durante un par de horas en una madrugada del verano asturiano, aunque ya coincidí con él varias veces durante mis primeros años en Madrid, tanto en los locales de moda como en los antros a los que Tinín me llevaba para desnudar poco a poco la capital ante mis ojos. Sigue leyendo